El Día de la Victoria marcó el fin de la Segunda Guerra Mundial–pero la guerra continúa

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NAIROBI, Kenya – El 8 de mayo de 2020, el mundo conmemoró el 75º aniversario del final de la Segunda Guerra Mundial, también llamada Victoria en Europa o VE Day.

Por Siddharth Chatterjee (Inter Press Service) – La Reina de Inglaterra, y gran parte del mundo todavía en cuarentena debido al Covid-19, conmemoró los 75 años de la victoria aliada en Europa con un discurso televisado. Desde el Castillo de Windsor, dijo Isabel II: “…la generación de guerra sabía que la mejor manera de honrar a aquellos que no regresaron de la guerra era asegurarse de que no volviera a suceder.”

Pero el mundo todavía sigue en guerra. Las guerras de los poderhabientes o los conflictos localizados, están causando estragos en el desarrollo personal y el de la humanidad en prácticamente todos los rincones del mundo. A finales de 2018, las guerras, la violencia y la persecución fueron llevados a los hogares de un número récord de más de 70 millones de personas en todo el mundo, según dijo el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados. Este ha sido el mayor desplazamiento de la humanidad, después de la Segunda Guerra Mundial.

Nunca ha sido más pertinente el llamamiento del Secretario General de la ONU, Antonio Guterres: “El mundo está (roto) en pedazos; necesitamos paz mundial.”

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Estados Unidos firmó un acuerdo histórico con Afganistán que contiene un calendario y un plan de salida de las tropas estadounidenses, preparando el escenario para el posible fin de casi 18 años de guerra en Afganistán. El Secretario General de la ONU dio la bienvenida al acuerdo de paz entre Estados Unidos y los talibanes. Estados Unidos obtuvo el respaldo unánime del Consejo de Seguridad de la ONU el 10 de marzo de 2020 a este ambicioso acuerdo de paz. Pero, la aplicación del acuerdo de paz necesitará liderazgo, coraje y resolución, y habrá gente interesada que intentará entorpecer el proceso de paz. El camino hacia la paz se caracterizará por la violencia, los retrocesos y numerosos comienzos fallidos, pero necesitará diplomacia, determinación e impulso para mantener el proceso de paz en buen camino.

La arrogancia no debe prolongar la agonía de esta terrible guerra.

La guerra ha costado más de $2 billones y ha matado a más de 2,400 soldados estadounidenses y 38,000 civiles afganos. Según varios informes, se estima que las bajas entre las fuerzas de seguridad afganas alcanzaron alrededor de 40.000 entre 2007 y 2017.

Las guerras son espantosas. Como veterano de combate, he sido testigo de primera mano de cómo los conflictos armados han transformado a algunos de nuestros mejores soldados en fantoches de las personas que una vez conocí. El combate es salvaje, es brutal, es irreflexivo, nos disminuye como seres humanos y pone en peligro a la humanidad.

El general William Sherman dijo una vez: “Son sólo aquellos que no han disparado ni escuchado los gritos y gemidos de los heridos quienes gritan en voz alta por más sangre, más venganza y más desolación. La guerra es el infierno.”

No hay ganadores en Afganistán, pero consideremos las consecuencias causadas en todas las mujeres y los hombres que lucharon en esa guerra.

Hoy en día, la investigación respalda lo que los soldados han descrito durante décadas, y lo que una vez se llamó fatiga de combate. Tenemos términos como trastorno de estrés postraumático (TEPT), depresión crónica, deterioro cognitivo y lesión cerebral traumática para ayudar a explicar los síntomas que sufren los soldados activos y los que regresan.

Durante mucho tiempo, muchas de las sombrías estadísticas sobre la guerra se centraron en las muertes y no incluyeron las profundas heridas mentales de los conflictos. Hoy tenemos una mejor comprensión del tipo de peaje moral y psicológico que las guerras les cobran a los soldados, sus familias y sus comunidades.

Estados Unidos para reparar el daño psicológico y emocional de los soldados ha tomado algunas medidas para abordar su salud mental. Los conflictos en Irak y Afganistán han dejado entre el 11 por ciento y el 20 por ciento del personal militar con trastornos de estrés postraumático. Hasta 375,000 veteranos estadounidenses han sido diagnosticados con lesiones cerebrales traumáticas entre 2000 y 2017, en su mayoría causadas por las explosiones.

Pero los suicidios en las fuerzas armadas de Estados Unidos han seguido aumentando en los últimos años, alcanzando niveles récord en 2018 cuando hubo 25 muertes por cada 100,000 miembros del servicio. El ex secretario de defensa Leon Panetta dijo una vez que la “epidemia” de suicidios militares era “uno de los problemas más frustrantes” que había enfrentado.

Más de $350 mil millones ya se han destinado a atención médica y cuidados a discapacitados para veteranos de las guerras en Irak y Afganistán combinadas. Los expertos dicen que más de la mitad de ese gasto pertenece al esfuerzo hecho por los veteranos de Afganistán.

La falta de vivienda entre los veteranos es generalizada, y los soldados todavía tienen dificultades para acceder a los beneficios y la atención médica si sufren problemas de salud mental en lugar de heridas físicas. En un momento dado en los Estados Unidos, más de 40,000 veteranos están sin hogar, constituyendo alrededor del 9 por ciento de todos los adultos sin hogar en el país.

En el Reino Unido, impulsado por una docena de suicidios entre veteranos de guerra afganos en sólo dos meses, el gobierno aceleró nuevos programas de salud mental para ayudar a lidiar con el trastorno de estrés postraumático y la adicción a las drogas de los ex militares.

¿Qué significa esto ahora para las fuerzas de seguridad afganas? Pues, ellos y sus familias no tienen las mismas estructuras de apoyo.

Todo este “infierno”, pero ¿con qué fin? Afganistán sigue siendo una de las mayores fuentes mundiales de refugiados y migrantes. Sólo desde 2004, más de 1,8 millones de afganos se han convertido en desplazados internos. El desarrollo humano y el progreso de los afganos se han visto retrasados durante décadas. Las mujeres y los niños han sufrido más e innumerablemente están emocional y psicológicamente marcados de por vida.

Si bien nos gusta ver a los soldados como estoicos y heroicos, debemos abrir nuestros ojos al hecho de que las guerras cicatrizan las mentes y los cuerpos, a menudo de maneras en que la ciencia médica aún no puede comprender.

Al igual que el mundo está buscando desesperadamente una cura para poner fin a la pandemia de coronavirus que ha matado a más de 275,000 personas hasta el momento y dejando un rastro de miseria humana, económica y social, el mundo también debe encontrar una manera de poner fin a las guerras, o de lo contrario podríamos ser derrotados como civilización.

The Manila Times: VE Day marks the end of the Second World War – but the world is still at war

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