En 1945, EE.UU. lanzó las bombas atómicas en Japón para intimidar a la URSS

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Por Scott Ritter* – A medida que el mundo reflexiona sobre la decisión de Estados Unidos de lanzar dos bombas atómicas sobre Japón al final de la Segunda Guerra Mundial, la realidad es que el empeño nuclear estadounidense sigue siendo la mayor amenaza para la paz mundial.

Hace setenta y cinco años esta semana, dos bombarderos estadounidenses B-29 ‘Superfortress’ partieron de la isla de Tinian, en la parte más septentrional de las Islas Marianas, a unas 1.500 millas al sur de Tokio, llevando el arma más nueva y horrorosa del mundo: la bomba atómica. El 6 de agosto, un B-29 llamado el ‘Enola Gay’ lanzó una sola bomba que contenía 64 kilogramos de uranio altamente enriquecido sobre la ciudad japonesa de Hiroshima. La bomba, que llevaba el inocente nombre ‘Little Boy,’ detonó con la fuerza de 15 kilotones de TNT. Al menos 66.000 personas murieron directamente, con otras 69.000 heridas, muchas de las cuales posteriormente murieron a causa de sus heridas.

Dos días más tarde, un segundo B-29, llamado “Bockscar”, lanzó una bomba que contenía 6,4 kilogramos de plutonio sobre la ciudad de Nagasaki. Esta arma, con el ‘simpático’ nombre “Fat Man”, detonó con una fuerza de 21 kilotones, matando a unos 39,000 japoneses directamente e hiriendo a otros 25,000, la mayoría de los cuales, al igual que los heridos en Hiroshima, murieron más tarde a causa de sus heridas.

Los historiadores estadounidenses han bregado con disyuntiva moral de lanzar armas que pueden destruir una ciudad y su población con una sola explosión poderosa. A lo largo de los años, se ha llegado a un consenso justificando el horror de usar la bomba atómica sobre la base de que ayudó a acortar la guerra con Japón y, al hacerlo, salvó cientos de miles de vidas estadounidenses que se habrían perdido durante cualquier invasión de las principales islas japonesas, junto con las vidas de millones de japoneses.

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El problema de esta narrativa es que proporciona una imagen inexacta de lo que realmente ocurrió. Ciertamente, la matemática con respecto a las bajas esperadas en el caso de una invasión de Japón es realmente precisa en lo que respecta a las estimaciones. Sin embargo, la realidad era que Japón estaba a punto de rendirse y, si Estados Unidos hubiera ofrecido términos condicionales que replicaran el acuerdo de posguerra finalmente alcanzado por el general MacArthur (la permanencia de la familia imperial y un mínimo de autogobierno japonés), hay muchas razones para creer que los japoneses se habrían rendido sin que Estados Unidos recurrieran a una costosa campaña

El quid del asunto es que el círculo íntimo del presidente Truman, incluidos el Secretario de Estado James Byrnes y el Secretario de Guerra Henry Stimson, estaban a favor de lanzar la bomba atómica en las ciudades japonesas no tanto porque acortaría la guerra actual con Japón, sino principalmente porque ayudaría a disuadir una futura guerra con la Unión Soviética.

Byrnes creía que “Rusia podría ser más manejable” en una realidad de posguerra moldeada no por la posibilidad teórica de una bomba atómica, sino por la capacidad destructiva demostrada de la nueva arma. Igualmente, el general Leslie Groves, director militar del Proyecto Manhattan que fabricó las dos bombas estadounidenses, le informó a los científicos involucrados, “el propósito de este proyecto es someter a los rusos.”

Esta distinción es fundamental para comprender el papel que desempeñan las armas nucleares en la postura y la política nuclear estadounidense de hoy. La doctrina, al igual que las organizaciones y las personas, está fuertemente influenciada por las circunstancias de su nacimiento. Existe una enorme distinción entre el cálculo necesario para justificar el uso de un arma con el propósito de acortar una guerra y salvar vidas, y el que podría intentar intimidar a un futuro potencial oponente demostrando la capacidad destructiva de un arma mediante la aniquilación de dos ciudades, y sus respectivas poblaciones, que de modo alguno no necesitarían haber sido objeto de destrucción.

A los estadounidenses les gusta abrazar la narrativa del uso de las dos bombas atómicas que desolaron Hiroshima y Nagasaki como un acto de humanitarismo perverso: “tuvimos que matar a cientos de miles para salvar a millones.” Teniendo en cuenta esta postura, la posesión continua de armas nucleares por parte de los Estados Unidos es un mal necesario, ya que su existencia ayuda a prevenir, mediante la disuasión, el empleo futuro de estas terribles armas de destrucción en masa.

Pero cuando se ve a través de una lente que refleja la realidad de la génesis de la bomba atómica, que era una fuerza de intimidación cuyo poder debía demostrarse mediante el asesinato de cientos de miles de personas, la mayoría de los cuales eran civiles que de otro modo habrían sobrevivido, la bomba atómica y su progenie ya no eran un mal necesario,

Los Estados Unidos han luchado durante mucho tiempo con la necesidad de equilibrar la noción de “guerra fácil” a través de la existencia de armas nucleares y la peligrosa tentación de usarlas que promueve tal filosofía, y la dura realidad de las represalias a manos de otras potencias nucleares en caso de que se inclinen a emplearlas. El hecho de que, a lo largo de los años, Estados Unidos haya tenido la tentación de usar armas nucleares para resolver conflictos no nucleares difíciles (Corea, Vietnam e Irak vienen a la mente) sólo subraya la realidad de que la intimidación, y no la disuasión, es su principal valor.

Hoy, las armas nucleares estadounidenses en Polonia no serían un elemento disuasorio, sino una MASIVA provocación para Rusia

El hecho de que Estados Unidos continúe diseñando y desplegando armas nucleares basadas en su “usabilidad” debería causar un escalofrío en el cuello de todos los ciudadanos estadounidenses, y de hecho en el cuello de todos los ciudadanos del mundo. Esto es especialmente así ahora, dada la ambivalencia actual de los Estados Unidos al tipo de control de armas que anteriormente ayudó a reducir el riesgo de conflicto nuclear inadvertido. En los últimos 20 años, Estados Unidos se ha retirado del Tratado de Misiles Antibalísticos y del Tratado de la Fuerza Nuclear de Alcance Intermedio, y está a punto de permitir que el Nuevo Tratado de Reducción de Armas Estratégicas expire sin que sea reemplazado por otro mecanismo.

En lugar de redoblar el esfuerzo tratando de revivir el control de armas, Estados Unidos parece centrarse en flexionar su músculo a través del despliegue de nuevas ojivas de “pequeño rendimiento” en misiles balísticos lanzados por submarinos (SLBM). También haciendo gala de despliegue de misiones de pruebas aéreas portando misiles balísticos intercontinentales Minuteman III  y de pruebas de vuelo armados multiples con tres vehículos de reingreso dirigidos independientemente, a pesar del hecho de que la fuerza operativa Minuteman III se despliega con una sola ojiva.

Los políticos y planificadores militares estadounidenses pueden tratar de apaciguar a un mundo preocupado insistiendo en que estas acciones, y otras similares, sólo tienen como objetivo reforzar la capacidad disuasoria de la fuerza nuclear estadounidense. Pero el mundo no debe dejarse engañar. Hace setenta y cinco años, Estados Unidos asesinó a cientos de miles de japoneses con el único propósito de intentar intimidar a Rusia. Un ejercicio reciente que involucra el SLBM de “bajo rendimiento” recientemente desplegado, en el que el Secretario de Defensa practicó los procedimientos de lanzamiento de armas en un escenario que involucra el ataque de las fuerzas rusas en Europa, debe verse a la sombra de esta historia. La intimidación, no la disuasión, fue, es y siempre será la fuerza impulsora detrás del arsenal nuclear de Estados Unidos. Al igual que cualquier matón en el patio de la escuela, la preocupación no es si Estados Unidos usará estas armas, sino cuándo las usará.

*Scott Ritter, es un ex oficial de inteligencia del Cuerpo de Marinos de EE.UU. y autor de “SCORPION KING: America’s Suicidal Embrace of Nuclear Weapons from FDR to Trump.” Ritter ha servido en la Unión Soviética  como inspector implementando el Tratado INF (tratado de Fuerzas Nucleares de Rango Intermedio), también en el equipo del General Schwarzkopf’s durante la Guerra del Golfo y de 1991-1998 como inspector de armas de las Naciones Unidas. Síguelo en Twitter @RealScottRitter

RT: The US bombed Japan in 1945 to demonstrate its power to the USSR. Intimidation, NOT deterrence was, is and always will be the goal

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