Archivo Nacional de Rusia publica planes aliados para bombardear la URSS en 1940

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Los renuentes aliados de Moscú en la Segunda Guerra Mundial, Francia y Gran Bretaña, consideraron bombardear la Unión Soviética antes de que Alemania la invadiera, muestran documentos recientemente desclasificados. Su objetivo era interrumpir los suministros de combustible de los yacimientos petrolíferos del sur.

El Archivo Nacional ruso acoge esta semana una nueva exposición sobre las acciones de la Unión Soviética en el escenario global entre septiembre de 1939, cuando la Segunda Guerra Mundial comenzó en serio, y junio de 1941, cuando Alemania y sus aliados – incluyendo Italia, Finlandia, Rumania, Eslovaquia y Hungría – invadieron la URSS.

RT recibió una vista previa de los documentos en exhibición, algunos de los cuales nunca antes se han mostrado al

público en general. Entre ellos se encuentran documentos franceses que detallan planes para lanzar una campaña de bombardeo aéreo contra la URSS, que desarrollaron junto con sus aliados británicos poco antes de la invasión alemana de Francia en mayo de 1940.

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Maurice Gamelin, el comandante en jefe francés en ese momento, planeó el uso de tropas francesas en Siria para atacar yacimientos petrolíferos en lo que ahora es Azerbaiján, así como su capital Bakú. El petróleo azerí era la fuente más importante de combustible para la URSS y, por extensión, para Alemania, si podía poner sus manos en ese territorio. Moscú y Berlín en ese momento tenían un pacto de no agresión, incluso cuando Hitler se preparaba para atacar a la URSS. Un acto que no sorprendió a los astutos pensadores de Moscú.

Los ataques aéreos franceses sugeridos habrían sido lanzados junto con otras actividades destinadas a socavar a la URSS, como incitar a su población musulmana a rebelarse contra Moscú. La guerra relámpago de Alemania en Francia echó por tierra esos planes.

El acuerdo de corta duración entre Stalin y Hitler surgió sólo después de que los intentos de Moscú de firmar un acuerdo de defensa mutua con París y Londres fueran rechazados por los europeos occidentales. Sin embargo, esas mismas potencias dieron luz verde a Berlín para anexar Checoslovaquia en 1938 y se mantuvieron al margen cuando Alemania invadió Polonia, al año siguiente. El período de ocho meses después de la declaración de guerra de Gran Bretaña se conoce como la Falsa Guerra (Phoney War).

La renuencia de los pesos pesados de Europa occidental a unir fuerzas con los soviéticos contra Alemania no fue para sorprenderse. Esto fue mucho antes de que el nombre de Hitler fuera convertido en sinónimo de un mal indescriptible y la ideología fascista tuviera muchos simpatizantes en Occidente, incluso entre sus élites.

Stalin, por otro lado, dirigió una nación que había declarado la revolución socialista global como su objetivo y fue percibida como la mayor amenaza por muchos. No eran pocos los políticos que gustosamente habrían visto a los alemanes aplastar a los soviéticos.

La URSS no tenía aliados confiables en Europa y sí muchos enemigos potenciales, por lo que su liderazgo creía que podía mejorar su seguridad a través del acaparamiento de territorios. Los documentos mostrados por el archivo ruso se relacionan con el intento de Moscú de negociar un intercambio de tierras con Finlandia, cuyo fracaso llevó a un ataque en noviembre de 1939, la incorporación forzada de los Estados bálticos y la toma de control de la URSS de partes orientales de Polonia poco después de que fuera atacada por los alemanes. Los documentos también cubren otros episodios de ese período agitado en la historia moderna.

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Ha habido un fuerte impulso revisionista para etiquetar a la Unión Soviética de Stalin como una fuerza malvada a la par con el Tercer Reich, describiendo a los dos hombres fuertes (Hitler y Stalin) como co-responsables de la parte europea del conflicto armado más mortal en la historia de la humanidad. Moscú considera que eso es una calumnia, una versión distorsionada de los acontecimientos que convenientemente pasa por alto el papel desempeñado por los colaboradores de Hitler en Europa del Este, y por los apaciguadores en otros lugares.

Stalin de ninguna manera era un pacifista o un humanitario. Sin embargo, la exposición pretende proporcionar un contexto adicional para la situación en la que operaba el despiadado comandante georgiano.

RT: New documents show how the USSR’s eventual WWII allies France & Britain wanted to bomb Soviet oilfields before Hitler invasion

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