Las cinco armas alemanas más letales de la guerra

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Por Daniel Johnson – A lo largo de la Segunda Guerra Mundial el Junkers Ju 87 fue el principal bombardero táctico en picada de la Luftwaffe destinado a destruir personal y equipos en el campo de batalla, así como la infraestructura, puentes, trenes y otros objetivos militares. Durante la guerra se fabricaron 5700 Ju 87. La cifra no es grande, pero la efectividad de esos aviones fue muy alta.

Junkers Ju 97

El Ju 87 o Stuka era un avión monomotor con dos tripulantes: piloto y artillero. El artillero iba colocado de espaldas al piloto y manejaba una ametralladora de 7.92-mm. El piloto podía accionar dos ametralladoras ubicadas debajo de las alas. El Stuka podía cargar hasta dos toneladas de bombas. Los bombardeos de precisión del Stuka en la guerra fueron muy altos, más o menos hasta 15 metros de radio. Esto permitió casi garantizado el poder destruir tanques y otros vehículos blindados.

Desde el primer día de la guerra en Rusia, la Luftwaffe ganó la supremacía aérea, y el Ju 87 comenzó a preceder el poder de cualquier ofensiva alemana. Siempre comenzó con incursiones en las posiciones de las tropas soviéticas, que sistemáticamente saturaba con bombas a las formaciones del Ejército rojo.

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Esto se vio agravado por el hecho de que los “Stukas” volaban sin oposición. Los aviones de combate soviéticos estaban en ese momento casi todos destruidos. Pero además los aviones que pudieran operar no tenían ninguna posibilidad en combate con los cazas alemanes que eran técnica y numéricamente superiores. La artillería antiaérea en el ejército soviético en 1941-1942 era prácticamente inexistente, pero además el Ju 87 volaba tan rápido que era prácticamente inútil ante cualquier intento de derribarlo.

Sólo la recreación de la aviación soviética comenzó a revelar las debilidades del Junkers 87, pues no se podían proteger de los ataques de los cazas soviéticos, por lo tanto, tenían que operar cada vez más protegidos por sus propios cazas. Y los alemanes además comenzaron a enfrentar una escasez de equipos y combustible. La disminución en el número de ataques de los Stuka se convirtió en uno de los factores de la pérdida por parte de los alemanes de la iniciativa estratégica. Pero, sin embargo antes del final de la guerra, todavía seguían siendo un arma formidable. En caso de una aparición repentina de los Stukas no había forma de proteger eficazmente a los vehículos terrestres que no tenían ninguna posibilidad. Y no sólo ocurrió en el frente oriental, sino también en los frentes de occidentales.

Messerschmitt Me 109

A pesar del advenimiento de los más sofisticados cazas alemanes durante la guerra y hacia final de los aviones a reacción, el Messerschmitt Me 109, que generalmente estaban armados con tres cañones automáticos de 20-mm y dos ametralladoras, antes de que 1945, fue considerado como el principal avión de combate de la Luftwaffe, era una máquina simple, confiable, rápida y efectiva.

Al comienzo de la Segunda Guerra Mundial, se destacó en cuanto a características de combate y vuelo de cualquier caza de los aliados. Hasta el final de la guerra, el Me 109 era superior, o al menos no inferior a cualquier tipo de caza soviético. En combate uno a uno el Me 109 por lo general era el vencedor. Estos ases de la Luftwaffe como Erich Hartmann (que derribó 345 aviones soviéticos), Gerhard Barkhorn (301 derribos), Günther Rall (272 derribos), la mayoría de sus victorias fueron logradas con los Messerschmitts (o “Messer”, como los llamaban en el Ejército rojo).

Panzer III y Panzer IV

A pesar de que ya en el período inicial de la guerra, estos tanques alemanes eran inferiores en sus cualidades de combate a los nuevos tanques soviéticos – T-34 y KV-1, sin embargo, fueron en las batallas de tanques un arma muy formidable, constituían el principal medio de un avance estratégico de la Wehrmacht.

Con una escasez en el Ejército rojo en el primer año de los tanques medianos y pesados, estos medianos alemanes a menudo eran los dominantes en el campo de batalla. Los alemanes los usaron principalmente para perforar las posiciones de infantería. La infantería soviética carecía en ese período inicial de armas antitanque. Los cañones antitanque, antes de 1942, eran bastante ineficaces en la lucha contra esos tanques alemanes.

Sólo podían recibir daños por detrás, lo que, por supuesto, los tanquistas alemanes no dejaban voluntariamente que eso sucediera. El disparo de cañones antitanque con fuego directo también no era muy eficaz, ya que los artilleros por lo general antes de poder disparar ya recibían el fuego del tanque.

No es sorprendente que por la falta de armas antitanque y/o la falta de la habilidad para usarlas, los soldados soviéticos desarrollaron el llamado “tankoboyazn” del que se hace referencia constantemente en los documentos del ejército en el período 1941-1943. Sólo suministrando a las tropas esa artillería antitanque, no los sustitutos (como los rifles antitanque) como ocurrió en el verano de 1943, ayudaron a hacer frente a ese problema.

Howitzer pesado de campo de 150 milímetros

El miedo a esta arma se remonta a los días de la Primera Guerra Mundial, cuando las fuerzas rusas estaban crónicamente cortos de artillería pesada. Durante las ofensivas de 1915, los alemanes rara vez recurrieron a ataques directos contra las posiciones rusas. Primero durante mucho tiempo dispararon contra ellos desde una distancia lejana con estos cañones de gran calibre. La artillería rusa, que también carecía de proyectiles, no pudo responder. Tuvo que retirarse, lejos del límite del fuego. La llegada y la explosión de un obús de 150-mm tenían un sonido distintivo. En el ejército ruso los llamaban “las maletas.”

En el verano de 1941, la historia se repitió en gran medida. Después de que la ofensiva se inició el Ejército Rojo también estaba en ese momento desarmado frente a los obuses alemanes de 150-mm, disparando andanadas desde larga distancia. Ese bombardeo  podía ser hecho desde una distancia de 13 km, sin embargo, tuvieron una desventaja significativa, pues jugaron un papel fatal en la batalla de Moscú. A una temperatura de menos veinte grados, el líquido de frenado del retroceso se congelaba y el sistema resultaba dañado.

Subametralladora MP-40 de 9 mm

La subametralladora MP-40, incorrectamente llamada “Schmeisser” (de hecho, Hugo Schmeisser fue el creador de la primera ametralladora del ejército alemán en 1918), eran utilizadas sólo por unidades de infantería motorizada alemana. A pesar de esto, los soldados soviéticos tenían la impresión de que cada soldado alemán estaba armado con una subametralladora de ese tipo. Esa impresión se abrió camino hasta en la literatura y el cine.

De hecho, incluso al principio de la guerra, el Ejército Rojo tenía más unidades con armas automáticas que la Wehrmacht, y en el futuro esta desigualdad sólo aumentó. Pero esta arma estaba muy extendida en el Ejército Rojo de manera bastante uniforme, si embargo los alemanes usaron las suyas más efectivamente. Además, la bala de 9-mm en su fuerza letal era marcadamente superior a la bala 7.62 mm PPSH, y la ametralladora alemana debido a su mecanismo en forma de caja era más cómoda de manejar. Debido a esto había una superioridad de los alemanes sobre la infantería soviética en términos de potencia de fuego.

Global Domain News: 5 most lethal weapons of the Wehrmacht

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