La Conferencia de El Cairo de 1943

Cerca de las pirámides de Giza en la residencia del embajador estadounidense en Egipto, los líderes mundiales de los EE.UU., Gran Bretaña y China se reunieron por primera vez en noviembre y diciembre de 1943 para discutir la paz y los planes para el orden mundial de la posguerra. Fue un acontecimiento raro que presenció la unión de fuerzas entre Occidente y China, y también el borrador del la Declaración de El Cairo que cambió la historia y el paisaje político del mundo.

Por Mirna Abdulaal – La Conferencia de el Cairo representó la principal visión idealista del presidente estadounidense Franklin D. Roosevelt, que esperaba crear un nuevo orden mundial que mantuviera la paz y creara la estructura hegemónica de las Naciones Unidas, que ahora está dirigida por las cinco potencias permanentes del Consejo de Seguridad: China, Francia, Rusia (ex Unión Soviética), el Reino Unido y los Estados Unidos. Sin embargo, algunos historiadores cuestionan los éxitos de esta visión, y si promovió más unidad o acaso hostilidad en las actuales relaciones internacionales.

Trasfondo

A principios de 1943, el ex presidente de Roosevelt de los EE.UU. y el ex presidente de China Chiang Chungcheng (también conocido como Generalísimo Chiang) expresó el deseo mutuo de una reunión personal en otoño para determinar los objetivos políticos de los EE.UU. en Asia y la strategia militar en la guerra. Anteriormente, Chiang estaba furioso de que Roosevelt y Churchill se reunieran en Casablanca en enero de 1943 sin invitarlo, y advirtió a Roosevelt que el rechazo lo obligaría a negociar un acuerdo con Japón y a abandonar la guerra.

Según el biógrafo James MacGregor Burns, Roosevelt se comprometió con dos objetivos para China: utilizarla como base central para el ataque final a Japón, y tratarla como una gran potencia que podría ser un baluarte de estabilidad en Asia después de la guerra y de la cooperación estadounidense con Asia.

Vislumbró la creación de un orden mundial cooperativo en el que una potencia dominante en cada región principal sería responsable de garantizar la estabilidad en dicha región, y así asegurar el éxito detrás de la filosofía de las Naciones Unidas y el logro de la paz mundial, como señaló el historiador James I. Matray.

Roosevelt escribió al ex primer ministro de Gran Bretaña, Winston Churchill, preguntándole si “le gustaría reunirse en el Norte de África o incluso en las pirámides, y hacia el final de nuestras pláticas hacer que el Generalísimo Chiang se reúna con nosotros por dos o tres días”. El primer ministro respondió que estaría encantado de conocer al presidente.

Esta sería la primera y última vez que estos tres líderes se reunirían.

La Reunión En Las Pirámides

Según A. Whitfield en “Hong Kong, Empire and the Anglo-American Alliance” (Hong-Kong, el Imperio y la Alianza Anglo-Estadounidense), ninguno de los líderes estaba completamente seguro de los objetivos de la conferencia de El Cairo, y en realidad, la conferencia aumentó las tensiones y los conceptos erróneos entre sí a pesar de la redacción de la Declaración de El Cairo.

Para consternación de Churchill, la conferencia se centró más en las relaciones entre Estados Unidos y China, ya que los estadounidenses estaban más interesados en ganar el apoyo de los chinos en la guerra y ser tratados como una potencia global. La conferencia fue descrita como “larga y complicada” por Churchill, que no estaba totalmente convencido de la idea de que China merecía ser tratada como una gran potencia. Como observa el historiador Bruce Cumings, Churchill “pensó que era ingenuo e ilusorio, incluso caprichoso”, esperar que China jugara un papel positivo en la Asia Oriental de la posguerra.

Tampoco fue del todo optimista para los estadounidenses, ya que según James I. Matray, Roosevelt al día siguiente comenzó a sospechar del papel de China como socio y comunicó temores a Churchill con respecto a las aspiraciones de China para el dominio en Asia. Por lo tanto, la Declaración de El Cairo se convirtió en más de un bloque contra las ambiciones de China, que incluía una renuncia específica de los chinos a cualquier objetivo de expansión en Asia y obligaba al Generalísimo Chiang a apoyar la autodeterminación nacional de aquellas naciones liberadas de la dominación japonesa.

Los líderes también acordaron “sobre las futuras operaciones militares contra Japón y para ejercer una presión implacable contra sus brutales enemigos por mar, tierra y aire”, como se afirma en un comunicado general emitido después de la conferencia, y que “Japón será despojado de todas las islas que ha tomado en el Pacífico u ocupado desde el comienzo de la Primera Guerra Mundial en 1914” y “que a su debido tiempo Corea será libre e independiente.”

La parte más satisfecha era China, ya que el Generalísimo Chiang estaba complacido de que el país fuera finalmente reconocido y tratado como una potencia global por Occidente.

El historiador Arnold Xiangze Jiang describe la conferencia como “la demostración más sorprendente de la aceptación internacional de China como una gran potencia” en la historia moderna.

La Raíz

Ronald Heiferman señala que la Conferencia de El Cairo sirvió el telón de fondo para la Conferencia de Yalta, ya que Roosevelt estaba dispuesto a cumplir la Declaración de El Cairo. Roosevelt se ganó el compromiso de Stalin de apoyar al gobierno de Chiang y discutió sobre Corea, resultando en un acuerdo informal para imponer un fideicomiso multinacional que a final de cuentas evitaría la sovietización de Corea en la posguerra.

La Declaración de Potsdam, que marcó el fin de la Segunda Guerra Mundial en 1945 y la conclusión de los tratados de paz, también reafirmaron los términos de la Declaración de El Cairo, ya que declaró que “la soberanía japonesa se limitará a las islas de Honshu, Hokkaido, Kyushu, Shikoku y las islas menores que nosotros determinemos” y sus fuerzas militares “serán completamente desarmadas.”

Sin embargo, los historiadores debaten si la visión de Roosevelt de un orden mundial cooperativo y pacífico siguió después de la guerra. James I. Matray, por ejemplo, argumenta que el surgimiento de la Guerra Fría entre Estados Unidos y la Unión Soviética fue responsable de impedir que Estados Unidos lograra los principales objetivos que había definido en la Declaración de El Cairo.

La expansión Soviética en Europa del este y las actividades en Corea comenzaron a alarmar a los líderes estadounidenses, ya que el nuevo presidente, Harry Truman, temía que Corea terminaría igual a Polonia, que estaba bajo la influencia soviética. Cuando Stalin envió al Ejército Rojo a Corea prematuramente el 12 de agosto, Estados Unidos respondió dividiendo a Corea en zonas de ocupación militar soviética y estadounidense en el paralelo 38.

Las cosas comenzaron a escalar aún más durante la guerra del Pacífico y la proclamación de China como país comunista. A pesar de que Truman intentó comprometerse con la Declaración de El Cairo enviando 40.000 Marines estadounidenses a Pekín, resultó en enormes pérdidas y la victoria Comunista en la guerra.

William Samuel Hitchcock señala que la Conferencia de El Cairo demuestra cómo la política de Estados Unidos en Asia siguió un curso de acción oportunista para derrotar al enemigo durante la Segunda Guerra Mundial en lugar de un programa concreto que construiría las bases para el futuro.

Sin embargo, Gao Hong destaca que la Declaración de El Cairo demostró la ilegitimidad de la ocupación del territorio chino, y que la negación de Japón a la Declaración de El Cairo iría en contra de su camino de desarrollo pacífico después de la Segunda Guerra Mundial.

“El espíritu de la Declaración de El Cairo y sus principios todavía necesitan ser defendidos hoy en día para proteger la paz del mundo”, afirma que, “las directrices y principios creados para ocupar Japón después de la Segunda Guerra Mundial deben continuar para permanecer como instrumentos legales que la comunidad internacional debe acatar.”

Egypcian Streets: The 1943 Cairo Conference That Shaped the Global Order Post World War 2

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