La Hermana Mayor, la Hermana Menor, la Hermana Roja en la China del Siglo XX

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Por Julia Lovell – Las vidas de las tres hermanas Song – los personajes del nuevo y vívido libro de Jung Chang – son más que dignas de una trama operística. Nacidas entre 1888 y 1898, el crepúsculo de la China Imperial, las tres pasaron a desempeñar un papel dominante en la vida de la China del siglo XX, en los extremos del espectro político.

Las hijas de Charlie Song, un predicador metodista convertido en empresario de Shanghai, se convirtieron en las primeras chinas en asistir a una universidad en los Estados Unidos, y terminaron hablando y escribiendo mejor el inglés que el chino. Al regresar a Shanghái después de 1909, las dos hermanas mayores, Ailing y Qingling, se lanzaron al torbellino de la revolución, ya que su padre era patrón de Sun Yat-sen, cuyas caóticas conspiraciones ayudaron a derrocar la última dinastía del país en 1911. Ambas jóvenes se convirtieron en secretarias privada de Sun; ambas fueron cortejadas por él.

Ailing no estaba interesada y se casó con un hombre de negocios llamado HH Kung; la pareja acumuló una de las mayores fortunas personales de la China del siglo XX. Qingling -27 años menor que Sun- aceptó sus avances en 1915, para horror de sus padres. Sin embargo, durante el resto de la vida de Sun, Qingling lo siguió por todo el mundo, mientras luchaba por reunir bajo su liderazgo a una República China que se había desintegrado en el militarismo provincial. Esto llevó a por lo menos una experiencia cercana a la muerte, cuando Qingling quedó atrapada en un ataque militar por uno de los rivales de Sun. Abortó durante un escape traumático y a partir de entonces fue – para su gran dolor- incapaz de tener hijos.

Mientras que Ailing entró en el mundo de los negocios y Qingling se convirtió en esposa de un político, la más joven de las hermanas, Meiling, se dedicó a alternar con la alta sociedad de Shanghai. En busca de un esposo exitoso y ambicioso que pudiera garantizarle el acceso a la influencia política y el confort material, se acercó a Chiang Kai-shek. Chiang, era un militar del ejército, conservador y sin sentido del humor, que además había llegado a ser el heredero de Sun como líder del primer partido político moderno de China, los Nacionalistas, después de que Sun muriera repentinamente de cáncer de hígado en 1925.

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Beneficiándose del apoyo soviético y de una alianza con el Partido Comunista de China, Chiang se convirtió en 1927 en jefe de un nuevo Estado nacionalista nominalmente unificado. Pero para asegurar el control del país, purgó rápidamente a los comunistas de su nuevo régimen, matando a miles de personas. Qingling se puso del lado de la izquierda (después de 1927, pasó dos años en el exilio en Moscú), mientras que Meiling se convirtió en la primera dama de la dictadura militar de derecha de Chiang. Chiang también tuvo en muy alta estima a la hermana mayor Ailing como asesora política y financiera.

Las hermanas reprodujeron en microcosmos el gran cisma político -Nacionalista versus Comunista- de la China del siglo XX. A través de los años treinta y cuarenta, Qingling puso sus energías y talentos -cosmopolitismo, encanto, belleza, intocabilidad política (ella fue una de las pocas figuras públicas de izquierda a quien Chiang no se atrevió a aterrorizar, dada la conexión familiar) – para sacarle brillo a la imagen del comunismo en China. Una y otra vez se manejó a los chinos educados del Partido Comunista, a quienes el partido necesitaba para dirigir su Estado y atrajo a la causa a útiles e impresionables extranjeros. En 1937, Qingling se había convertido en parte interesada encubierta de la revolución de Mao, enviándole 50.000 dólares de sus ahorros – casi 750.000 dólares a las tasas de hoy. Chang argumenta que Qingling fue, de hecho, un miembro del Comintern portadora de cartas durante gran parte de la era de Stalin.

Meiling se convirtió en una jugadora política importante en el gobierno nacionalista. Su valor para el régimen de su marido brilló especialmente durante los años nefastos de la Segunda Guerra Mundial. En 1942, se embarcó en una gira publicitaria de 10 meses por los Estados Unidos, predicando el evangelio de la amistad entre China y los Estados Unidos, abogando por el “apoyo moral” estadounidense (y los dólares). Hizo llorar a un Congreso que aplaudía; atrajo a decenas de miles a sus conferencias públicas; la revista Time la nombró a ella y a Chiang “Hombre y Esposa del Año”. Ella habló en perfecto Inglés estadounidense en nombre de su rígido y malhumorado marido no sólo en los EE.UU., sino también en las negociaciones clave con los líderes occidentales, incluyendo la Conferencia de El Cairo de 1943. Después de que el Partido Comunista Chino derrotara a los Nacionalistas en 1949, Qingling sirvió como vicepresidenta de Mao Zedong en el continente, mientras que Meiling siguió a Chiang Kai-shek al exilio en Taiwan.

El punto más enérgico del libro es su matizada simpatía por las hermanas. Ailing y Meiling, en particular, han sido constantemente vapuleadas por buscar ganancias e indulgencia y por apoyar la brutal dictadura de Chiang, durante las agonías de la Segunda Guerra Mundial. Aunque Chang registra la extravagancia de Meiling y su adicción a la comodidad, la “hermana pequeña” también aparece como sorprendentemente cariñosa y leal, especialmente con su familia. Una Ailing -denunciada convencionalmente como una despiadada especuladora- es descrita como una hermana dedicada que la vio como su responsabilidad el proveer económicamente a sus hermanos menos prácticos. En el relato de Chang, Qingling es la menos atractiva: una conversa a rabiar del Comintern, cuyas convicciones políticas anularon los sentimientos por su familia.

Un poco extrañamente para una biografía grupal de tres mujeres notables, sin embargo, el libro a veces se desvía de su contexto hacia narraciones dominadas por los hombres. El capítulo de apertura se centra totalmente en Sun Yat-sen; el segundo en el padre de las niñas. Esta actividad suplementaria periódica de las mujeres expresa, por supuesto, la paradoja de su estatus (una paradoja que se aplica a muchas otras mujeres políticas chinas de los últimos 100 años). Ellas pudieron ejercer influencia sólo a través de su asociación con hombres poderosos y profundamente defectuosos. El libro se habría beneficiado por una mayor reflexión sobre las tensiones y los límites a los que se enfrentaron las mujeres ambiciosas en la China del siglo XX – y sobre los retos que plantea el contar sus historias.

The Guardian: Big Sister, Little Sister, Red Sister by Jung Chang review – at the heart of 20th-century China

Exordio: Biografía de Chiang Kai-Shek

Exordio: Biografía de Mao Tse-tung

Exordio: China

Libros


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