En silencio los japoneses conmemoran el ataque incendiario a Tokio

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Por Matthew Fisher – Como sucedió en los muchos aniversarios como el 25º, 50º y 60º de la guerra, hubo una serie de ceremonias memoriales que recuerdan a los 75 millones de soldados y civiles que murieron entre 1939 y 1945, y que honran el número cada vez menor de veteranos y civiles que presenciaron la carnicería y que aún pueden contarnos al respecto.

Aunque las bombas incendiarias de Dresde y las bombas atómicas que destruyeron Hiroshima y Nagasaki son mucho más conocidas, no mataron a tantas personas como el ataque masivo del bombardeo incendiario en el corazón de Tokio el 10 de marzo de 1945.

Curiosamente, no se han erigido monumentos públicos de alto perfil en Japón para conmemorar lo que posiblemente fue el ataque aéreo más destructivo jamás realizado en el mundo.

Mientras se enfrentaban en intensos combates los marines estadounidenses y el ejército imperial japonés en atolones como Iwo Jima, al sur de las principales islas japonesas, alrededor de 300 bombarderos B-29 Superfortress de las Fuerzas Aéreas del Ejército de los Estados Unidos bajo el mando del Mayor General Curtis LeMay -que antes comandó bombardeos masivos en Europa- concentrados en Guam y Saipan se dirigieron a Tokio.

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Cuando la flota aérea llegó a su destino, los aviones descendieron a entre 600 y 800 metros de altitud para lanzar más de 1.000 toneladas de bombas de racimo, cada una cargada con 38 recipientes de napalm altamente incendiario. Alrededor de 30 de estas bombas explotaron cada segundo durante las dos horas y media que tardaron todos los bombarderos en volar sobre la ciudad.

Los aviones volaron tan bajo que más tarde sus tripulaciones le dijeron a los periodistas estadounidenses que pudieron sentir el calor de los incendios.

LeMay y otros justificaron el bombardeo de lo que en su mayoría eran objetivos civiles como necesario para quebrantar la voluntad de Japón, así como su capacidad para luchar. El general citó la predicción del entonces presidente Harry Truman de que un millón o más tropas, incluidos los canadienses que comenzaron a reunirse en el oeste de Canadá después de que la guerra en Europa terminara el 8 de mayo de 1945, serían muertos si tuvieran que luchar allí en tierra en las islas más grandes de Japón.

Muchas fuentes japonesas y estadounidenses han estimado que en algún lugar entre 90,000 y 125,000 habitantes de Tokio fueron asesinados por las bombas, que usaban una mezcla volátil de gasolina y fósforo blanco y que encendieron las casas en su mayoría de madera las que ardieron como antorchas sin nada que pudiera apagarlas. Más de un millón de personas quedaron sin hogar. Cuarenta y un kilómetros cuadrados de la ciudad fueron incinerados.

Los japoneses han conmemorado las consecuencias catastróficas de la guerra nuclear en Nagasaki y especialmente Hiroshima con los principales museos, así como peregrinaciones anuales. No hay nada similar que recuerde el sufrimiento de los japoneses por el bombardeo de las decenas de sus ciudades, incluido el mayor ataque incendiario de todos en su capital.

Global News: Japan silently marks 75th anniversary of the devastating Tokyo bombing

Exordio: Bombardeos de Tokio

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