Embajador de Alemania quiso evitar la Segunda Guerra Mundial

Por Oleg Yegorov – En septiembre de 1939, el Conde Friedrich-Werner von der Schulenburg, un diplomático alemán de 63 años que servía como  embajador en la Unión Soviética, no podría haber estado más contento. Alemania y la URSS habían firmado un tratado de no agresión conocido como el pacto Molotov-Ribbentrop. Schulenburg creía firmemente que la paz con Rusia era crucial para el bienestar de Alemania.

“Este es un milagro diplomático … espero que ninguna circunstancia arruine la situación, la cual está bien ahora. Al menos, nosotros [los diplomáticos] cumplimos nuestra tarea … espero que algo bueno salga de esto!” él escribió emocionadamente a un amigo después de que el pacto fuera firmado.

Por desgracia, al final no terminó nada bien. El 22 de junio de 1941, Alemania violaría el tratado, atacando a la URSS con todo su poder, y todos los esfuerzos de Schulenburg para evitar tal resultado fueron en vano. ¿Pero por qué un hombre así sirvió bajo las órdenes de Hitler en primer lugar?

Diplomático de la vieja escuela

Schulenburg probablemente habría estado de acuerdo con algo que Stalin dijo durante la Segunda Guerra Mundial: “los Hitlers, vienen y se van y la nación alemana permanecerá. El servicio diplomático de Schulenburg comenzó en 1901, mucho antes de que el Nacionalsocialismo llegara al poder. Descendiente de una antigua familia noble, trabajó como diplomático toda su vida adulta con sólo un descanso para luchar en la Primera Guerra Mundial, por la que recibió una Cruz de Hierro por valentía. Los gobiernos cambiaron, pero Schulenburg trabajó profesionalmente con todos ellos.

Se desempeñó como embajador en Irán desde 1922 hasta 1931 y luego en Rumania desde 1931 hasta 1934, pero el verdadero desafío para Schulenburg llegó cuando fue nombrado embajador en Moscú en 1934. Aunque Schulenburg no era ningún rusófilo, él compartió la creencia de Otto von Bismark que para preservar su fuerza y prosperidad Alemania debía permanecer en paz con Rusia.

“Él dio mucha importancia a los lazos germano-soviéticos y germano-rusos… Para él, no había alternativa a la coexistencia fructífera de esos dos grandes países en paz”, escribió Rüdiger von Fritsch, sobre los embajadores alemanes en Moscú en un artículo para Novaya Gazeta en 2014. Sin embargo, desde que los Nacionalsocialistas estuvieron a cargo de la política exterior alemana a partir de 1933, mantener buenas relaciones entre Moscú y Berlín resultó extremadamente difícil.

Crisis y compromisos

“Nadie más podría representar a Alemania tan soficticadamente en la URSS en esos tiempos difíciles, con tanta cautela y dignidad, como Schulenburg”, señaló Gustav Hilger, un diplomático alemán que trabajó en la Embajada Soviética durante la década de 1930. Schulenburg hizo todo lo posible para reducir la tensión entre los dos países entre 1938 y 1939, ya que estaban tambaleándose al borde de la guerra.

En 1938, llegó a un acuerdo con Maxim Litvinov (el Ministro de Relaciones Exteriores soviético de 1930-1939) sobre que los dos países se abstendrían de fustigarse ante la Prensa. También ayudó a prolongar el tratado comercial de 1938. Pero, como con cualquier diplomático, Schulenburg no podía ir más allá de cumplir las órdenes de su gobierno, y es por eso que apoyaba tanto a Alemania y la URSS para la firma un pacto de no agresión.

Las mentiras de Hitler

El deshielo entre la URSS y Alemania iba a ser efímero. En 1941, cuando surgieron nuevas tensiones cuando Moscú apoyó retóricamente a Yugoslavia después de su invasión por Alemania, nuevos rumores de guerra llenaron el aire. Schulenburg trató de dirigirse a Hitler directamente, escribiendo una nota sobre lo peligrosa que sería una guerra soviético-alemana.

Hilger escribió lo siguiente en sus memorias: “el 28 de abril de 1941, durante un viaje de trabajo a Berlín, Schulenburg conoció a Hitler en persona. El embajador vio su nota sobre la mesa de Hitler, pero no pudo decir si Hitler la había leído. Sin embargo, mientras se despedía, Hitler señaló, sin relación con lo que habían estado hablado: “Una cosa más, Schulenburg. No voy a ir a la guerra con Rusia!'”

Mintió. Schulenburg, aunque miembro de jure del Partido Nacionalsocialista, no era un verdadero Nazi, así que Hitler no confiaba en él. Como Joseph Goebbels, el Ministro de Propaganda alemán y estrecho colaborador de Hitler, escribiría más tarde en su diario: “nuestro embajador en Moscú no tenía idea de que Alemania iba a atacar … insistía en que la mejor política era hacer un amigo y un aliado de Stalin… No hay duda de que no informar a los diplomáticos sobre nuestras verdaderas intenciones es la mejor política posible.”

Todo está perdido

El 22 de junio de 1941, Schulenburg llegó al Kremlin para informar a Vyacheslav Molotov, el sucesor de Litvinov como ministro de exteriores, que la guerra había comenzado – por este tiempo, las tropas alemanas ya habían pisado suelo soviético sin ninguna declaración de guerra. El propio embajador había recibido la orden de Berlín y se sentía absolutamente desolado. Mientras hablaba con Molotov, “levantó las manos hacia el cielo con una expresión de impotencia en el rostro”, recordó Hilger.

Schulenburg tuvo que abandonar Moscú cuando estalló la guerra. Sirvió en el Ministerio de Relaciones Exteriores en Berlín desde 1941 hasta 1944, dirigiendo el Comité de Rusia, un puesto formal sin ninguna influencia política. No es sorprendente que estuviera insatisfecho con Hitler y sus políticas.

Muerte y legado

Esta insatisfacción llevó al viejo diplomático a unirse a las filas de la resistencia anti-Nazi alemana. En 1944, cuando estaba claro que Alemania estaba perdiendo la guerra, varios funcionarios y oficiales de alto rango tramaron un complot para asesinar a Hitler. La participación de Schulenburg en el complot fue menor, pero podría haber jugado un papel importante si hubiera tenido éxito -varias Fuentes lo nombraron como posible ministro de exteriores. El intento de asesinato no tuvo éxito, sin embargo, y Schulenburg, como muchos otros conspiradores, fue ejecutado.

Aunque la carrera de Schulenburg fue terminada abruptamente, sus principios posteriores fueron elogiados en la Alemania post-guerra. Como el embajador Fritsch escribe :” si usted visita la Embajada de Alemania en Moscú, se encontrará con el embajador Schulenburg: su monumento se encuentra en la Cancillería y su retrato cuelga en la residencia de los embajadores, junto al retrato de su gran predecesor Otto von Bismark… la personalidad de Schulenburg y sus principios sirven de testimonio: merece tal memoria.”

Russia Beyond: How one German tried to stop WWII

Exordio: Embajador Friedrich Werner von Der Schulenburg

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