Exordio
La Segunda Guerra Mundial (1939-1945)

SS-Gruppenführer Karl Friedrich Otto Wolff

Bandera del Deutsches Reich
Karl Wolff

Karl Friedrich Otto Wolff, nació el 13 de mayo de 1900 en Darmstadt, hijo de un rico magistrado de la corte de distrito. En 1917, durante la Primera Guerra Mundial, se graduó en la escuela y se ofreció como voluntario para unirse al Ejército Imperial Alemán siendo asignado al Leibgarde-Infanterie-Regiment Nº 115 y sirvió en el Frente Occidental. Alcanzó el rango de teniente y fue galardonado tanto con la Cruz de Hierro de Segunda Clase y la Cruz de Hierro de Primera Clase. Después de la guerra, Wolff se vio obligado a abandonar el ejército debido a la reducción de las fuerzas armadas alemanas siguiendo los términos impuestos por el Tratado de Versalles. Como alternativa, desde diciembre de 1918 Wolff ingreso al Freikorps hasta mayo de 1920.

Luego realizó un aprendizaje de dos años en el Banco Bethmann en Frankfurt y se casó con Frieda von Römheld en 1923. La pareja se mudó a Munich, donde Wolff trabajó para el Deutsche Bank. En junio de 1924 fue despedido y comenzó a trabajar a una firma de relaciones públicas. Parece ser que Wolff también estudió derecho, pero nunca tomó ningún examen ni se graduó. En 1925 fundó su propia empresa de relaciones públicas que operó en Munich hasta 1933.

Wolff se afilió al Partido Nacional Socialista con el número de tarjeta 695.131 y las SS en octubre de 1931. Su número de membresía de las SS fue el 14,235 siendo comisionado como SS-Sturmführer en febrero de 1932. Desde marzo de 1933, después de que el Partido asumiera el poder, Wolff sirvió como ayudante de Franz Ritter von Epp, entonces gobernador de Baviera. Aquí llamó la atención del jefe de las SS Heinrich Himmler, quien nombró a Wolff su ayudante personal en junio de 1933. En 1936, Wolff fue elegido miembro del Reichstag. El mismo año fue nombrado Jefe de Personal del Reichsführer-SS para coordinar con Himmler todos los contactos y correspondencia dentro de las SS tanto a nivel partidario como estatal. Al administrar los asuntos de Himmler con las SS, el Partido, las agencias estatales y el personal, el elocuente y bien educado Wolff se convirtió en una de las figuras clave en el entorno de Himmler, supervisando las inversiones económicas realizadas por las SS, él fue también responsable del manejo de fondos entre el círculo de amigos de Himmler y de las conexiones con las organizaciones de las SS Ahnenerbe y Lebensborn. En 1939 se convirtió retroactivamente en jefe de la Oficina Principal y oficial de enlace de las SS con Hitler. En 1936, Wolff dejó la Iglesia Protestante. El 30 de enero de 1937, fue ascendido al rango de SS-Gruppenführer (mayor general)..

La Segunda Guerra Mundial

Durante la primera parte de la Segunda Guerra Mundial, Wolff fue "los ojos y los oídos de Himmler" en el Cuartel General de Hitler, según revelaciones durante el juicio de 1964. Habría estado al tanto de eventos significativos o podría haber tenido acceso fácilmente a información importante. Además de los informes que pasaban por su escritorio, Wolff recibió (como Jefe de Personal de Himmler) copias de todas las cartas de los oficiales de las SS y sus amigos que en ese momento incluían a Odilo Globocnik, el organizador de la Operación Reinhard.

Sin embargo, hacia finales de la guerra las cosas cambiaron. Los soviéticos avanzaban hacia las frontera con Alemania, en Francia los estadounidenses proseguían la ofensiva en dirección a Alemania y en el sur de Italia la situación era crítica para los alemanes.

El 9 de diciembre de 1944, Wolff fue condecorado con la Cruz Alemana en Oro, "por usar unidades italianas con apoyo de tropas alemanas para destruir a los partisanos y por mantener la maquinaria productiva italiana en funcionamiento durante el conflicto".

El 6 de febrero de 1945, Wolff se reunió con Hitler en Berlín, y le comunicó que había establecido varios contactos para intentar conseguir un armisticio sólo con Estados Unidos y el Reino Unido. Entre estos contactos mencionó al cardenal Alfredo Ildefonso Schuster, arzobispo de Milán y amigo cercano del Papa Pío XII. Hitler no hizo comentario alguno durante la presentación de Wolff y al salir éste comentó que ese silencio era una aprobación tácita al plan. Joachim von Ribbentrop, quien se encontraba presente, concordó con Wolff y partió a Suecia para intentar conseguir un armisticio similar pero sin ayuda de Wolff o Himmler, ya que rivalizaba con este último. Eventualmente, el plan de Wolff fue cambiando, al darse cuenta que era poco probable que la alianza anglo-soviética se pudiera romper fácilmente. Finalmente, decidió negociar la rendición del Frente de Italia a los Aliados occidentales, ya que deseaba evitar que el norte de Italia fuese tomado por los partisanos comunistas italianos, yugoslavos y franceses.

El 8 de marzo, Wolff se reunió en Suiza con Allen Dulles, de la "Office of Strategic Services", OSS (Oficina de Servicios Estratégicos), la organización predecesora de la CIA. Primero, Dulles había solicitado a Wolff la liberación de Ferruccio Parri, partisano italiano, como muestra de buena voluntad. Wolff aseguró ser capaz de rendir el norte de Italia a los estadounidenses, evitando la ocupación de ese territorio por los comunistas. Se comprometió a involucrar al Mariscal Albert Kesselring y aseguró que otros generales lo seguirían. Dulles la llamó Operación Sunrise. Pero, al volver a Italia, Wolff se enteró que Kesselring había sido trasladado al Frente Occidental y reemplazado por el Coronel General Heinrich von Vietinghoff.

El 19 de marzo, Wolff se reunió con Dulles en Ascona. Luego de informar a sus superiores, Dulles recibió a dos generales, el estadounidense Lyman Lemnitzer y el británico Terence Airey. Los soviéticos ya se habían enterado que esa reunión se realizaría y pidieron participar en ella, pero los estadounidenses se negaron. En esta reunión Wolff se comprometió a comunicar el plan a Kesselring, con la esperanza de que lo aprobase y convenciese a Vietinghoff de rendir Italia. Wolff también aseguró que se negaría a ejecutar a los prisioneros políticos, si tal orden se daba.

Los soviéticos, cuyo servicio de inteligencia era de los mejores en el mundo, descubrieron los planes de Dulles y acusaron a sus aliados occidentales de a sus espaldas negociar la paz con Alemania. Mientras tanto las gestiones de Ribbentrop en Suecia fracasaron y Hitler montó en cólera al enterarse y no haber sido consultado. Himmler se asustó y acusó a Wolff de ser el responsable. Según Himmler, espías de Ernst Kaltenbrunner lo habían puesto al tanto de las negociaciones y temía que si se lo contaba a Hitler, éste ordenaría ejecutar a todos por traición. Kaltenbrunner ya había emitido un decreto prohibiendo que la esposa de Wolff abandonase la residencia oficial y cuando Wolff sugirió contarle la verdad a Hitler antes que lo hiciera Kaltenbrunner, Himmler lo desautorizó. Sin embargo, Wolff continuó trabajando en la Operación Sunrise.

El 13 de abril, Himmler descubrió que Wolff lo había desobedecido y le ordenó que se presentase en Berlín. Dulles le dijo que no fuera, pero Wolff viajó a Berlín tres días después. Allí, se reunió con Kaltenbrunner y Himmler, con quienes tuvo una seria discusión. Finalmente, Wolff los amenazó con ir donde Hitler y contarle toda la verdad, incriminándolos a ellos también. Himmler retrocedió, pero Kaltenbrunner llevó a Wolff hacia la Cancillería del Reich.

Kaltenbrunner habló primero a solas con Hitler. Cuando le llegó el turno a Wolff, Hitler lo acusó de ignorar el panorama político general y negó haberlo autorizado alguna vez a que iniciase negociaciones con Dulles. Wolff se defendió, diciendo que aunque no lo autorizó verbalmente, el hecho de que no haya pronunciado palabra durante la reunión del 6 de febrero lo consideró una autorización implícita. Wolff aseguró que las negociaciones habían sido exitosas y que había podido establecer un contacto hasta con el Presidente Truman, Winston Churchill y el mariscal británico Harold Alexander.

Aunque Wolff logró calmar a Hitler, no pudo convencerlo de considerar la rendición de Italia. Hitler estaba seguro que en cuestión de semanas la alianza anglo-soviética se quebraría y que Alemania podría sobrevivir ofreciendo sus fuerzas al mejor postor. Al finalizar la reunión, Hitler le permitió continuar las negociaciones, pero le pidió que obtuviese mejores condiciones, aclarando que una rendición incondicional era lo último que aprobaría.

El 20 de abril, Wolff regresó a Italia y logró convencer al General Heinrich von Vietinghoff que participase en las negociaciones de la rendición. Sin embargo, para ese momento, las protestas soviéticas habían cambiado la opinión de Truman y Churchill, que ahora consideraban que Vietinghoff no tenía intenciones de rendirse. Ese mismo día, el General Alexander ordenó que la Operación Sunrise fuese cancelada.

Cuando Wolff se enteró de la cancelación, se encontraba en Suiza, con los emisarios de Vietinghoff. Wolff pasó la noche allí, esperando que los Aliados cambiasen de opinión. Al día siguiente recibió una orden de Himmler de abandonar las negociaciones y que regresase a Italia de inmediato. Al mismo tiempo, el Cardenal Schuster lo llamó para informarle que los partisanos comunistas lo esperaban en Milán para negociar la rendición. El religioso había estado llevando a cabo negociaciones de paz con los partisanos por órdenes de Wolff, pero éste no tenía intenciones de rendirse ante ellos y solamente buscaba ganar tiempo para poder concluir las negociaciones con los estadounidenses.

Después de esperar en vano durante varios días la respuesta aliada, Wolff regresó a Italia, pero fue rodeado por los partisanos en una pequeña villa el 26 de abril. Allí se encontró con el Mariscal Rodolfo Graziani, quien le entregó una carta autorizando la rendición del ejército italiano leal a Mussolini. Max Waibel, oficial suizo que asistía en las negociaciones de Wolff y Dulles, logró convencer a un oficial estadounidense, que tenía contacto con los partisanos, que entrara a la villa y liberara a Wolff. Luego de ser rescatado, Wolff ordenó a las SS en Milán que dejasen de combatir a los partisanos.

El 27 de abril, Wolff regresó a los Cuarteles Generales de las SS en Bolzano. Allí se le informó que los estadounidenses habían cambiado de opinión de nuevo, y querían retomar las negociaciones. Ante la presión de Alexander, Wolff prometió que la rendición se llevaría a cabo antes del mediodía del 2 de mayo. Sin embargo, Kesselring acababa de tomar el mando de todas las fuerzas alemanas en Italia y había eliminado a Vietinghoff de su cargo. Su reemplazo, el General Friedrich Schulz, se negó a colaborar con Wolff y Kesselring se negó a considerar la rendición. Entonces Wolff arrestó a Schulz y luego convenció al General Traugott Herr, comandante del 10º Ejército, que rindiese sus tropas.

Poco después de ratificar a Alexander que la rendición se llevaría a cabo el 2 de mayo, Wolff fue informado que Hitler se había suicidado en Berlín. Después de una violenta discusión con Kesselring, Wolff logró convencerlo de que ordenase a Schulz la rendición de todas las fuerzas alemanas en Italia. La capitulación de Wolff de Italia ante los aliados molestó al almirante Karl Dönitz, para entonces Presidente del Reich, quien de otra manera había planeado una serie de entregas paulatinas diseñadas para dar a las tropas y refugiados más tiempo para poder escapar de los soviéticos.

Al final de la guerra en Europa, Wolff fue arrestado el 13 de mayo de 1945 y encarcelado en Schöneberg. Durante los juicios de Nuremberg, a Wolff se le permitió escapar del enjuiciamiento a cambio de la pronta capitulación en Italia y más bien, apareció como testigo de la acusación en el juicio. Aunque fue liberado en 1947, había sido acusado por el gobierno alemán de posguerra como parte del proceso de desnazificación.

Detenido bajo arresto domiciliario, después de un juicio en Alemania, Wolff fue condenado en noviembre de 1948 y cumplió cuatro años de prisión. Después de su liberación, Wolff trabajó como ejecutivo para una agencia de publicidad estableciéndose con su familia en Starnberg.

En 1962, durante el juicio en Israel de Adolf Eichmann, las pruebas demostraron que Wolff había organizado la deportación de judíos italianos en 1944. Wolff fue juzgado nuevamente en Alemania Occidental y en 1964 fue condenado por deportar a 300.000 judíos a Treblinka. Condenado a quince años de prisión en Straubing, Wolff cumplió sólo una parte de su condena y fue puesto en libertad en 1971.

Después de su liberación, Wolff se retiró en Austria. A finales de la década de 1970 y principios de la década de 1980, Wolff volvió a la vida pública, dando con frecuencia conferencias sobre el funcionamiento interno de las SS y su relación con Himmler. Esto dio lugar a su aparición en documentales de televisión, incluyendo la serie "The World At War" (El Mundo en Guerra), diciendo que fue testigo de una ejecución de veinte o treinta prisioneros partidistas en Minsk en 1941 con Himmler.

A principios de la década de 1970, Wolff promovió la teoría de un supuesto complot para secuestrar al Papa Pío XII. La mayoría de las otras acusaciones de tal complot se basan en un documento de 1972 escrito por Wolff que Avvenire d'Italia publicó en 1991, y en entrevistas personales con Wolff antes de su muerte en 1984. Wolff sostuvo que el 13 de septiembre de 1943, Hitler dio la directiva de "ocupar la Ciudad del Vaticano, asegurar sus archivos y tesoros artísticos, y llevar al Papa y la Curia al norte". Hitler supuestamente no quería que el Papa "cayera en manos de los Aliados". La confiabilidad en las aseveraciones de Wolff han sido cuestionadas por historiadores, como István Deák, profesor de historia en la Universidad de Columbia. Al revisar una misión especial de Dan Kurzman, un promotor de la teoría, el profesor Deák señaló la "credulidad" de Kurzman y que este último "acepta sin crítica la validez de documentos controvertidos y cree incuestionablemente en las declaraciones que le hizo su principal interlocutor alemán, el ex general de las SS Karl Wolff". También criticó la "documentación modesta" del libro que contiene "un gran número de referencias vagas o inexactas".

A finales de la década de 1970 Wolff también se involucró con el periodista Stern Gerd Heidemann. Junto con ese periodista, viajó por Sudamérica, donde ayudó a localizar, entre otros, a Klaus Barbie y Walter Rauff, con quienes Heidemann realizó entrevistas para una serie de artículos. Wolff se desempeñó como consultor de los presuntos diarios de Hitler y fue totalmente destrozado cuando Konrad Kujau demostró de que eran falsificaciones. Se le pidió que asistiera al juicio de Heidemann y Kujau, pero Wolff declinó.

El 17 de julio de 1984, al los 84 años de edad, Karl Friedrich Otto Wolff murió en un hospital en Rosenheim. Fue enterrado el 21 de julio de 1984 en el cementerio de Prien am Chiemsee.

LIBROS

Mit Wissen Hitlers: Meine Geheimverhandlungen über eine Teilkapitulation in Italien 1945 (German) Hardcover – 1 setiembre de 2008 por Karl Wolff (Autor) (en alemán)


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Top Nazi SS General Karl Wolff: The Man Between Hitler and Himmler Hardcover – June 1, 2005 por Jochen von Lang (Autor) - Inglés.


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Publicado: 19 octubre/2020

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