Exordio
La Segunda Guerra Mundial (1939-1945)

Hundimiento del HMS Curacoa

El crucero ligero de la Clase Ceres, HMS Curacoa, fue lanzado al agua en 1917 en los astilleros Pembroke Dockyard, de Deptford (Thames), para la Royal Navy. Desplazaba 4290 toneladas y tenía una eslora de 137 metros con 13 metros de manga y un puntal de 5 metros. La nave era propulsada por dos turbinas Brown-Curtis alimentadas por 6 calderas las que impulsaban dos hélices que le daban a la nave una velocidad máxima de 29 nudos.

HMS Curacoa

HMS Curacoa

La tripulación contaba con 364 hombres entre oficiales, suboficiales y marineros. Su armamento consistía en 5 cañones de 152mm, dos cañones de 76mm, dos cañones de 2 libras y 8 tubos lanzatorpedos de 21".

A finales de la Primera Guerra Mundial estuvo en servicio en el Báltico, pero tuvo limitada actividad de combate. Se mantuvo en servicio en la Flota del Atlántico hasta 1929 y luego fue enviado al Mediterráneo donde sirvió hasta 1933. Dado de baja en el servicio activo fue designado como buque de entrenamiento.

Cuando era inminente el estallido de la Segunda Guerra Mundial, el Almirantazgo tuvo que echar mano a todo buque de guerra disponible y en tal circunstancia ordenaron la conversión del HMS Curacoa a crucero anti-aéreo.

Participó en la campaña de Noruega en 1940 donde resultó con daños y enviado a reparaciones. Una vez aprobado para su reincorporación al servicio activo se le asignó como escolta en la Flota Metropolitana donde sirvió durante dos años.

RMS Queen Mary
RMS Queen Mary con sus colores militares

A finales de 1942 le ordenaron a su comandante, Capitán John Wilfred Boutwood, servir como buque escolta del Transatlántico RMS Queen Mary, al mando del Comodoro Cyril Gordon Illingworth, que prestaba servicio como buque de transporte de tropas. El 2 de octubre de 1942, el HMS Curacoa se reunió con el RMS Queen Mary en el norte de Irlanda.

Para los viejos lobos de mar, era un absurdo que un viejo buque de la Primera Guerra Mundial sirviera como escolta del RMS Queen Mary que lo superaba en velocidad, si se recordaba que este transatlántico ganó la Cinta Azul, otorgada en competencia de velocidad, compitiendo con su gemela RMS Queen Elizabeth y el RMS Normandie, que a su vez eran rivales de los grandes y veloces transatlánticos alemanes, franceses e italianos.

El tiempo era ideal, sin niebla, buena visibilidad. El RMS Queen Mary navegaba en zig-zag a la velocidad de 28.5 nudos y un avance real de 26.5 nudos, acercándolo al viejo crucero que navegaba en línea recta a 25 nudos. Eventualmente, el RMS Queen Mary alcanzó al viejo y lento HMS Curacoa. El crucero navegando en línea recta, gracias al esfuerzo de los fogoneros podía alcanzar a duras penas los 25 nudos. El Capitán Boutwood equivocadamente pensó que dada las diferencias entre ambas naves, el Comodoro Illingworth le daría el derecho de paso al lento crucero. Pero Illingworth tenía órdenes estrictas del Almirantazgo de no cambiar el patrón de navegación bajo ninguna circunstancia para proteger a los 15.000 efectivos de la 29ª División de Infantería de Estados Unidos que transportaba.

A las 13:32 el oficial de guardia del RMS Queen Mary consideró que el pequeño crucero se encontraba muy cerca y estaban en curso de colisión y ordenó al timonel un cambio de rumbo. Apenas Illingworth escuchó el cambio de rumbo desautorizó la orden del oficial de guardia ordenando mantener el curso en zig-zag. Le dijo al oficial: "Estos tipos está aquí para protegernos y deben saber lo que tienen que hacer. Ellos se mantendrán fuera del curso y no interferirán con tu trabajo."

A las 14:40 el Queen Mary retomó el rumbo y para horror del Capitán Boutwood, no había tiempo para salir del curso de colisión. El enorme transatlántico chocó contra la borda del pequeño crucero y lo partió en dos. Dada la diferencia entre el desplazamiento de las dos naves, la mayoría de los soldados a bordo del Transatlántico ni siquiera sintieron el impacto mientras lo que quedaba de la mitad anterior del crucero se hundía arrastrando a su tripulación al fondo del mar. La mitad posterior tardó un poco más en irse a pique.

Con la proa muy dañada, pero sin hacer agua, el Comodoro Illingworth ordenó, continuar la marcha y solicitar ayuda por radio, sin embargo el buque más cercano se encontraba a 8 millas de distancia. El destructor HMS Bramham y otro buque llegaron al lugar del siniestro dos horas después. Dos oficiales, junto al Capitán Boutwood y otros 99 hombres fueron rescatados: 337 hombres perdieron la vida. Pero de los sobrevivientes, posteriormente muchos murieron a causa de las heridas.

Pero esa no fue toda la tragedia de este episodio. En 1946 un jurado presidido por el Juez Pilcher exoneró a los propietarios de transatlántico y su tripulación de toda responsabilidad en el accidente y le achacó toda la culpa a la tripulación del HMS Curacoa. El Almirantazgo apeló y la Corte de Apelaciones sentenció que un tercio de la responsabilidad la tenía la tripulación del RMS Queen Mary y dos tercios la del HMS Curacoa. Todos los testigos tuvieron que jurar no divulgar lo ocurrido. Sólo tres años después de finalizada la guerra es que se supo lo que había ocurrido con el HMS Curacoa.


Publicado: 18 febrero/2019