Exordio
La Segunda Guerra Mundial (1939-1945)

Incidente Kyujo-Jiken (Intento de Golpe de Estado en Japón) (14-08-1945)

En la víspera del histórico anuncio por radio de la rendición de Japón en la Segunda Guerra Mundial por el Emperador Hirohito, el 15 de agosto de 1945, un grupo de jóvenes oficiales del Ejército Imperial de Japón intentó un golpe de Estado para frustrar la rendición y continuar la lucha para impedir la inminente invasión del país.

El gobierno japonés estaba dividido sobre si continuar la guerra o rendir las armas. El Ministro de Guerra Korechika Anami pedía continuar luchando, mientras que el Primer Ministro Kantaro Suzuki insistió en la rendición de Japón a las potencias aliadas para evitar más derramamiento de sangre.

Los Japoneses se refieren al intento de golpe de estado el 14 de agosto de 1945, la última noche de la Segunda Guerra Mundial, como el “Incidente de Kyujo-Jiken.

Palacio Imperial en Tokio
Palacio Imperial en Tokio

Los cabecillas del intento fueron los jóvenes oficiales Kenji Hatanaka y Jiro Shiizaki, oficiales del Ministerio del Ejército, quienes ordenaron a un batallón de infantería dirigirse al Palacio Imperial. Para poder ingresar le dijeron al comandante del 2º Regimiento de Guardias Imperiales que el Alto Mando había ordenado sellar el Palacio Imperial. Los oficiales de guardia, creyendo que una operación más amplia estaba en marcha, acordaron cumplir con las instrucciones que les ordenaban esperar la llegada del Ejército Oriental. Pero el teniente general Takeshi Mori, comandante de la Primera División de la Guardia Imperial que daba protección al Emperador, sospechó que algo raro estaba pasando y al negarse a cumplir las exigencias fue acribillado a tiros.

Los complotadores luego forjaron una orden con el nombre del General Mori y la sellaron con su sello oficial. El documento ordenaba a los Guardias Imperiales a ocupar el palacio, sellar las comunicaciones con cualquier persona fuera de los fosos que rodean el palacio y "proteger" al Emperador contra cualquier amenazas exterior.

La idea de la difusión de la declaración del Emperador de la rendición de Japón fue ideada por ex periodistas que fueron funcionarios del gobierno en aquel momento.

"Estaba pensando en todo esto y en cómo se podría haber puesto fin a la guerra de la mejor manera", dijo en el año 2015 el veterano Katsuji Hisatomi, entonces con 75 años de edad, residente de la Prefectura de Minato de Tokio, citando a su padre que se lo contó después del final de la guerra. Su padre, Tatsuo Hisatomi (1898-1968), fue un ex reportero del periódico Tokyo Nichi Nichi Shimbun (el actual Mainichi Shimbun) y que se desempeñaba como Subdirector de la Oficina de Inteligencia de Gabinete cuando terminó la guerra. La oficina fue dirigida por Hiroshi Shimomura (1875-1957), ex vicepresidente del diario nacional Asahi Shimbun.

Según una nota dejada por el fallecido Nobumasa Kawamoto, un ex reportero del diario Yomiuri Shimbun, quien se desempeñaba como Secretario de Shimomura en aquel momento, Hisatomi hizo una audaz propuesta a Shimomura en la mañana del 01 de agosto de 1945, seis días después que la declaración de Potsdam fue lanzada. "¿Por qué su Majestad el Emperador no declara el final de la guerra directamente a su pueblo?" Hisatomi fue citado como quien se lo dijo a Shimomura.

En el propio palacio, el taquígrafo imperial estaba dándole los toques finales a la Proclama Imperial de la Rendición. El sello del emperador fue estampado en el documento, haciéndolo oficial. Poco antes de la medianoche, Hirohito entró a un búnker a prueba de ruidos debajo del palacio, donde un equipo de técnicos de la emisora oficial NHK había instalado un equipo de grabación de sonido. El emperador leyó la proclama de rendición ante un micrófono. La grabación duró cuatro minutos y 45 segundos; la traducción al inglés, emitida en el extranjero el mismo día, totalizó sólo 652 palabras. Sin repetir la grabación, los técnicos copiaron la grabación en dos discos de vinilo, que fueron impresos en el acto y depositados en una caja fuerte en los sótanos del palacio.

Con los Guardias Imperiales detrás de ellos, los golpistas ocuparon el palacio y cortaron las líneas telefónicas. Persuadidos de que el Ejército del Este estaba en camino, los guardias cerraron las puertas y cortaron todo el tráfico de automóviles y peatones dentro y fuera del complejo amurallado. Los complotadores registraron las dependencias debajo del palacio, arrestando e interrogando a los miembros del personal a punta de bayonetas. Buscaron al marqués Kido, el señor del sello real, pero no pudieron encontrarlo. Tampoco pudieron encontrar los discos grabados. Con un apagón de ataque aéreo en curso, las luces se extinguieron y tuvieron que usar linternas. Las partidas de búsqueda no conocían el diseño del laberinto subterráneo sus pasadizos y bunkers, y les resultó difícil interpretar los signos que señalan las ubicaciones de varias salas.

Primer Ministro Kantaro Suzuki
El anciano Primer Minstro Kantaro Suzuki, apenas pudo escapar cuando los complotadores trataron de apresarlo en su casa.

Mientras tanto, otros complotadores se desplegaron a través de Tokio y Yokohama. El anciano Primer Ministro Kantaro Suzuki, que había sobrevivido a un intento de asesinato nueve años antes, fue advertido momentos antes de que llegaran los complotadores y pudo ocultarse. Otros destacamentos ocuparon las principales estaciones de radio, con la intención de interceptar la grabación de rendición del emperador antes de que pudiera ser transmitida a la nación.

Cuando se acercaba el amanecer, Hatanaka y Shiizaki se dieron cuenta de que sus opciones eran limitadas. Ningún general o almirante se había comprometido a apoyar la revuelta. Incluso el almirante Onishi, que fue el defensor más apasionado de la lucha hasta el final, renunció a la causa y se estaba preparando para optar por la salida samurai. El general Shizuichi Tanaka, comandante del Ejército Oriental, estuvo decidido a acabar con la rebelión. Una división completa de tropas bien equipadas rodeó el complejo imperial y selló los puentes que atraviesan el foso que protege la muralla exterior del palacio. Los cabecillas exhaustos, superados y sin lograr sus objetivos, se dieron cuenta que habían fracasado. A las 8:00 a.m. se rindieron. Hatanaka rogó que se le permitiera transmitir una apelación de diez minutos por la radio, pero fue rechazado. Él y Shiizaki no fueron arrestados, sin o expulsados, tal vez porque presumieron que optarían por el suicidio. Durante las siguientes horas, los dos hombres deambularon por Tokio, distribuyendo folletos explicando lo que habían hecho y por qué. Poco antes de que la transmisión del emperador saliera al aire, ambos se suicidaron.

A las 7:00 p.m. de esa noche, un locutor de radio de la emisora oficial NHK instruyó a todos los ciudadanos a estar cerca de una radio al mediodía del día siguiente: "Al mediodía de mañana, 15 de agosto, se realizará una transmisión importante. Esta será una transmisión sin precedentes y los 100 millones de ciudadanos sin falta deben escuchar sumisa y solemnemente." Para garantizar que todos los ciudadanos pudieran escucharlo, se proporcionaría energía eléctrica a los vecindarios que normalmente estarían sin electricidad por las restricciones. En previsión de la trascendental transmisión, toda la programación musical cesó a las 10:00 p.m. del día 14. No se reanudaría hasta después de que el emperador fuera sido escuchado.

Disco con el discurso de Hiroito
Esta foto proporcionada por la Agencia de la Casa Imperial de Japón el sábado, 01 de agosto de 2015, muestra una de las dos grabaciones originales del discurso del Emperador Hirohito del Japón en Tokio, anunciando el final de la guerra. El sonido original fue hecho público el sábado por la Agencia de la Casa Imperial en formato digital, antes del 70° aniversario del anuncio y el final de la guerra. (Agencia de la Casa Imperial de Japón a través de AP)

Cuando el intento de golpe estaba agonizando, uno de los dos discos de vinilo fue entregado a la emisora NHK. Una hora antes de la hora programada, el registro estaba en manos de los ingenieros la radio. Las tropas del Ejército Oriental habían tomado el control de las calles alrededor de la sede de la NHK. Tanto los golpistas como las autoridades sabían que una vez que la voz del emperador fuera irradiada, no habría vuelta atrás y ningún intento por impedirlo podría tener éxito.

A las 11:59 de la mañana, las sirenas de los ataques aéreos sonaron brevemente y luego se silenciaron. La gente inclinó la cabeza para escuchar respetuosamente la voz del Emperador. En los estudios de NHK en Tokio, un técnico colocó la aguja en el primer surco del disco, y luego se puso de pie e inclinó la cabeza.

Una voz se escuchó por la radio. Una voz débil, titubeante y trémula. A muchos les resultó difícil seguir la transmisión en medio del ruido de estática. Hiroito comenzó diciendo:

"A nuestros buenos y leales súbditos.”

"Después de meditar profundamente la situación general del mundo y de las condiciones reales en que se encuentra nuestro Imperio hoy en día, hemos decidido tomar una determinación de acuerdo con la situación actual recurriendo a una medida extraordinaria..."


Publicado: 12 agosto/2020

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