Exordio
La Segunda Guerra Mundial (1939-1945)

Expulsión y huida de alemanes del Este

En diciembre de 1944, en Gran Bretaña, Winston Churchill anunció a una sorprendida Cámara de los Comunes que los Aliados habían decidido llevar a cabo la mayor transferencia forzada de población en la historia de la humanidad. Es decir una depuración étnica.

Millones de personas, que vivían en las provincias del este de Alemania, en territorios que después de la guerra iban a ser entregados a Polonia, escapaban del Ejército Rojo, arriegaban a enfrentarse a la muerte si no lo hacían o simplemente esperaban a ser expulsados y enviados a lo que quedaba de las ciudades destruidas por los bombardeos aliados en toda Alemania. En buena cuenta, esas personas tenían que arreglárselas como pudieran. Como era su estilo, Churchill no se quedó corto de palabras. "Lo que ha sido acordado" (en la Conferencia de Yalta), dijo sin ningún empacho, "es la expulsión total de los alemanes... Porque la expulsión es el método que, hasta donde hemos podido ver, será el más satisfactorio y definitivo.”

Mapa de los Sudetes
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La revelación del Primer Ministro alarmó a algunos periodistas y políticos británicos, quienes recordaron que sólo dieciocho meses antes, su gobierno, mediante la voz autorizada del Vizconde Sir John Allsebrook Simon, Lord Canciller y miembro de la Cámara de los Lores, había dicho en una sesión de debate en Westminster: "que se entienda y proclame claramente en todo el mundo que los británicos nunca intentaremos vengarnos con represalias masivas contra el pueblo alemán. Nuestros métodos serán los métodos de la Justicia..." (Historic Hansard: "HL Deb 10 March 1943 vol 126 cc535-82") Col. 577 — HL Deb 10 March 1943 vol 126 c577.

El asunto repercutió hasta el otro lado del Atlántico. Los senadores estadounidenses se preguntaron cuándo fue derogada la Carta del Atlántico, la declaración de objetivos de guerra anglo-estadounidense que en los dos primeros artículos decía: "1. Sus países (Estados Unidos y el Reino Unido) no buscan el engrandecimiento territorial o de cualquier otro tipo; 2. Ellos (el Presidente de los Estados Unidos y el Primer Ministro Churchill, representando al Gobierno de Su Majestad en el Reino Unido) no desean ver cambios territoriales que no estén de acuerdo con la expresión libre de los deseos de los pueblos involucrados."


Soldados y civiles del este dirigiéndose al oeste con la esperanza de encontrar seguridad.

Lo que nadie sabía era que además del desplazamiento de 7 a 8 millones de alemanes del Este, los líderes Winston Churchill, Franklin D. Roosevelt y Joseph Stalin ya habían acordado la deportación "ordenada y humana" de los más de 3 millones de personas de ascendencia alemana, los "Alemanes de los Sudetes", de sus lugares de origen en Checoslovaquia a los que pronto se añadirían medio millón de alemanes étnicos de Hungría.

Aunque los gobiernos de Yugoslavia y Rumania nunca recibieron permiso o sugerencia de Gran Bretaña, Francia y Estados Unidos para deportar a sus minorías alemanas, ambos aprovecharon la situación para expulsarlos también.


Cada expulsado de los Sudetes se acomodaba como pudiera en vagones de carga y ganado.

A mediados de 1945, la mayor migración forzada y probablemente hasta entonces el mayor movimiento de población en la historia de la humanidad estaba en marcha, una operación que continuó durante los siguientes cinco años. Entre 12 y 14 millones de civiles, la gran mayoría mujeres, niños y ancianos, fueron expulsados de sus hogares o, si ya habían huido del avance del Ejército Rojo en los últimos días de la guerra, se les impidió por la fuerza que regresaran a ellos.


Mujeres y niños no importaba su edad caminaban cientos de kilómetros hacia el oeste.

Desde el principio, este desplazamiento masivo se logró en gran medida por medio de la violencia y el terror patrocinados por el gobierno. En Polonia y Checoslovaquia, cientos de miles de detenidos fueron llevados a campos de detención, incluso tales como Auschwitz I ó Theresienstadt, antiguos campos de concentración que siguieron funcionando durante años después de la guerra y puestos a servir a los intereses de los vencedores.

El régimen de los detenidos en muchas de esas instalaciones fue brutal, como registraron funcionarios de la Cruz Roja, con palizas, violaciones, trabajo forzado agotador y dietas de hambre con menos de 800 calorías diarias. En violación de las normas, raramente aplicadas, que eximen a los menores de edad de la detención, los niños fueron sistemáticamente encarcelados, ya fuera junto a sus padres o en los campamentos designados para menores de edad. Como informó la propia Embajada Británica en Belgrado en 1946, las condiciones para los alemanes "parecen estar muy por debajo de los estándares que se emplearon en el campo de concentración de Dachau.” Aunque las tasas de mortalidad en los campamentos eran a menudo extremadamente altas —sólo 2.227 reclusos de las instalaciones de Mislowice en el sur de Polonia, perecieron en los últimos diez meses de 1945. La mayor parte de la mortalidad asociada a las expulsiones se produjo fuera de los campamentos.


Llegados a Alemania, los expulsados del este encontraban la cruda realidad que les mostraba un panorama desolador y sin esperanza.

Algunas deportados tuvieron tiempo para montar sus cosas en carretas, pero hubo muchas de las marchas forzadas en las que los habitantes de pueblos enteros fueron advertidos solamente con quince minutos de antelación y conducidos a punta de fusiles hasta la frontera más cercana. Pero a la larga causaron muchas pérdidas de vidas. También ocurrió lo mismo con los transportes de trenes que a veces tardaban semanas en llegar a su destino, con hasta 80 personas hacinadas en cada vagón de ganado, sin suficiente o ningún alimento, agua y mucho menos abrigo.

Dramática fue la muerte de cientos y miles de personas asesinadas a lo largo de los caminos, no sólo a los deportados de Checoslovaquia sino también a los desplazados de los territorios alemanes del este.

La llegada de los deportados a Alemania fue dramática, pues las esperanzas de un mejor trato se desvanecieron. Las muertes continuaron debido a que las autoridades aliadas los declararon "no inelegibles para recibir cualquier forma de ayuda internacional" y carecieron de alojamiento en un país que quedó devastado por los bombardeos. En muchos casos, los expulsados pasaron sus primeros meses o años apenas sobreviviendo al aire libre o en vagones de trenes de carga o en plataformas ferroviarias.

La desnutrición, la hipotermia y las enfermedades cobraron sus víctimas, especialmente entre los muy ancianos y muy jóvenes. Aunque no hay suficiente investigación para establecer el número total de muertes, las estimaciones más conservadoras sugieren que medio millón de personas perdieron la vida estando ya en Alemania.

No sólo el tratamiento a los deportados transgredía los principios que pregonaron los Aliados durante la lucha en la Segunda Guerra Mundial, sino que también se creaban numerosas y persistentes contradicciones legales. Por ejemplo, durante los juicios de Nuremberg, los Aliados estaban juzgando a los líderes alemanes, acusados de llevar a cabo "deportaciones y crímenes de lesa humanidad" contra la población civil, mientras que en esos mismos momentos, a menos de 150 km de distancia, se realizaban inhumanas deportaciones forzadas en gran escala, que ellos mismos propiciaron.

Problemas similares surgieron con la discusión del texto de la declaración final discutida en la "Convención sobre la Prevención y Castigo del Crimen de Genocidio", aprobado el 9 de diciembre de 1948 en la ONU, en cuyo primer borrador se prohibía el "exilio forzado y sistemático de individuos representantes de la cultura de un grupo". Esta disposición fue suprimida de la versión final ante la insistencia del delegado de los Estados Unidos, quien señaló que “podría interpretarse como que abarca los traslados forzados de grupos minoritarios como los que ya han sido llevados a cabo por miembros de las Naciones Unidas.”

Hasta el día de hoy, las expulsiones de las posguerras — cuya escala y letalidad exceden en mucho la limpieza étnica que acompañó a la desaparición de Yugoslavia — siguen siendo desconocidas fuera de Alemania. Peor aún, en la propia Alemania, los alemanes menores de 30 años tienen más conocimiento de lo que sucede en África, que lo que sucedió en lugares de Europa donde sus abuelos nacieron y fueron deportados.

LIBROS

Orderly and Humane: The Expulsion of the Germans After the Second World War by R. M. Douglas (3-Sep-2013) Paperback Bunko – January 1, 1600 - Inglés.

Terrible Revenge Paperback – Illustrated, May 28, 2006 por Alfred-Maurice De Zayas (Autor) - Inglés


Publicado: 24 diciembre/2020