Stalingrado: película rusa que hace que el Soldado Ryan parezca un cuento de niños

por Admin el 27 Febrero, 2014

en Sueltos

Un puñado de soldados, asediados por el ejército alemán en un edificio de apartamentos de una ciudad destrozada, están listos para vender muy cara sus vidas en una película.

Un escenario que suena familiar. Durante 70 años, británicos y estadounidenses han hecho heroicas películas épicas sobre la Segunda Guerra Mundial, algunas de las cuales han quedado grabadas en nuestra cultura.

Pero ahora surge algo diferente: los cineastas rusos aparecen en escena.

Ellos han creado una epopeya en 3D con la película Stalingrado, sobre la batalla más famosa de su historia, y la película se ha convertido en uno de los más grandes éxitos de taquilla doméstica de todos los tiempos. Ahora, el público británico puede ver por sí mismo esta versión increíblemente ruidosa, sangrienta, cargada de clichés, una nueva versión de la guerra nacida de los escombros.

El 3D hace cosas sorprendentes en la pantalla con los estrellamientos de bombarderos, ataques con tanques, cenizas de edificios quemados que parecen flotar sobre los espectadores.

Las primeras escenas que muestran el Stalingrado de 1942, en las que el panorama urbano de ciudad se encuentra en llamas después de que los alemanes incendian un grupo de gigantescos tanques de almacenamiento de petróleo, hace que la batalla inicial de "El Gladiador" aparezca como un juego de niños y la recreación de Spielberg de la playa de Omaha en "El Día-D" una tarde en el circo.

Después de media hora en Stalingrado, mi boca estaba cínicamente crispada cuando otro intrépido soldado ruso arrasaba a otro batallón de brutales soldados alemanes.

Pero mi percepción fue cambiando gradualmente: lo que estábamos viendo era casi el mismo potrero visto en decenas de fantásticas películas de guerra británicas y estadounidenses de los últimos 50 años — con títulos tales como "Los Cañones de Navarone", "Salvando al Soldado Ryan", "Patton", "La Batalla de las Ardenas", "La Batalla de Inglaterra" y "Un Puente Muy Lejano".

Los rusos han llegado un poco tarde.

Ahora se sienten listos para ofrecer al mundo una visión viva, ferozmente nacionalista, profundamente sentimental de su propia visión de la Segunda Guerra Mundial, aquella que le deleita el Presidente Vladimir Putin y con ello pretende ayudar a revivir el orgullo ruso, hundido por la derrota en la Guerra Fría y el colapso de la antigua Unión Soviética.

Debemos recordar por una momento, la realidad histórica, antes de discutir lo que la película hace de ella.

La batalla por Stalingrado fue el punto de inflexión de la Segunda Guerra Mundial. Tras la invasión alemana de Rusia — Operación Barbarroja, que comenzó en junio de 1941, la Wehrmacht en el este, arrasó destruyendo ejércitos soviéticos enteros y capturando a más de 2 millones de soldados, de los cuales la mayoría murió de hambre.

En Washington y Londres, los dioses occidentales de la guerra juntos hacían cálculos sombríos sobre cuánto podrían los rusos aguantar antes de que llegara la derrota final.

Los Aliados esperaban que fuera en noviembre o diciembre, cuando el Ejército Rojo enfrentó a los alemanes frente a Moscú, luego lanzaron una contraofensiva que les llevó a las puertas de la capital.

Pero en la primavera de 1942, las legiones de Hitler se metieron más profundamente en el corazón de Rusia, sitiando a Leningrado (San Petersburgo), entran en la Crimea y amenazan los campos petrolíferos del Cáucaso.

Los alemanes quedaron impresionados por la ferocidad de la resistencia — la captura de Sebastopol les costó 25.000 muertos y 50.000 toneladas de municiones de artillería. Las largas líneas de suministro de los invasores fueron estiradas hasta el límite, y muchos alemanes lucharon con raciones de hambre.

Un soldado describe amargamente su dieta diaria en enero de 1942: una comida caliente, sopa de col con patatas; la mitad de una hogaza de pan cada dos días; algo de grasa; un poco de queso y miel dura.

Pero Hitler estaba convencido de que los rusos estaban dando su último aliento, agotadas sus reservas. Él se sentía triunfante cuando en junio la ‘Operación Blue’ permitió a sus ejércitos ocupar nuevas extensiones de Rusia central.

En otros lugares, Rommel estaba a las puertas de El Cairo, los submarinos del Almirante Donitz devastaban el tráfico marítimo aliado, los japoneses hacían estragos en el Pacífico.

Saboreando la victoria final, Hitler encarga al General Friedrich Paulus, un oficial ansioso de probar por sí mismo que es un comandante capaz en combate, dirigiendo el asalto final a la ciudad del Volga que fue nombrada como Stalin, y asegurar así un triunfo simbólico, mientras que otro Grupo de Ejército alemán pivotaba hacia el sur para tomar los campos petroleros.

Los mejores comandantes de Hitler quedaron consternados por lo peligroso que era dividir las fuerzas armadas sólo para capturar Stalingrado, que en sí carecía de importancia estratégica. Sus protestas fueron ignoradas: el Führer insistió en Stalingrado.

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De igual forma en Moscú, cuando el objetivo alemán se convirtió en evidente, el dictador ruso Josef Stalin dio la orden que ‘su’ ciudad debía defenderse a cualquier costo. Así se convirtió en el escenario de uno de los enfrentamientos más terribles de la historia de las armas, en el que más de 1 millón de soldados de ambos bandos quedaron atrapados en una lucha sin cuartel entre el otoño de 1942 y la primavera siguiente.

El 12 de septiembre, las primeras tropas alemanas entraron en Stalingrado. El Kremlin mandó una nueva orden al Ejército Rojo: ‘Ni un paso atrás…  La única circunstancia atenuante es la muerte.’

El primer ataque aéreo alemán mató entre 10.000 y 40.000 personas, casi tantos como murieron en la ciudad de  Londres durante toda la guerra. La artillería y los bombardeos aéreos arrasaron la ciudad, día tras día y semana tras semana.

El piloto de Stuka Herbert Pabst escribió: "es incomprensible para mí, cómo la gente puede continuar viviendo en ese infierno, pero los rusos estaban firmemente aferrados entre los escombros, en acequias, en sótanos, en medio de un caos de restos retorcidos de lo que fueron fábricas".

El General Vasily Chuikov, comandante del 62º Ejército de Stalin en la ciudad, escribió: "Las calles de la ciudad están muertas. No hay una sola rama verde en los árboles; todo ha muerto entre las llamas."

Las masas de concreto de las plantas industriales y centros de transporte de la ciudad rápidamente fueron reducidos a escombros. Cada uno se convirtió en una escena de muerte, grabada en la leyenda rusa moderna: el elevador de granos junto a la Estación Nº2; la estación de carga; La planta química Lazur; la fábrica metálmecánica Octubre Rojo y así sucesivamente.

Los rusos habían sostenido inicialmente un perímetro de 48 km. por 29 km., que se contrajo implacablemente cuando las fuerzas de Paulus los empujaron hasta unos pocos cientos de metros del Volga.

Cada noche, hasta a 3 mil rusos heridos eran llevados hacia el este de la ciudad, mientras que una corriente equivalente de refuerzos, municiones y suministros eran abastecían a los defensores.

Nuevas unidades eran enviadas a la batalla tan rápidamente como llegaban, para unirse a los duelos en las ruinas que se convirtieron a menudo en luchas a muerte cuerpo a cuerpo.

Ambos lados tenían una crónica carencia de alimentos y agua. Los pocos sobrevivientes civiles que quedaron sufrieron terriblemente, sobreviviendo una existencia de trogloditas en los sótanos.

Sin embargo, la naturaleza de la lucha se adecuó al carácter y las virtudes del soldado ruso: empecinado y estoico en las circunstancias más primitivas, esperando sólo defender su posición, luchar y morir.

Chuikov dijo luego: ‘Al llegar a este lugar, los soldados solían decir: "Estamos entrando en el infierno". Y después de pasar uno o dos días aquí, me dijeron: "No, esto no es infierno, esto es diez veces peor."

Una joven mujer soldado escribió: ‘había estado imaginando cómo sería la guerra — todo envuelto en fuego, niños llorando, gatos corriendo y cuando llegué a Stalingrado resultó ser realmente así, solamente que más terrible."

Esta, es entonces, la historia que en película el director Fyodor Bondarchuk se ha propuesto contarnos, centrándose en la imaginada experiencia de unos pocos hombres a los que les ordenaron sostener una posición vital entre el ejército de Hitler y el cruce vital del Volga.

Bondarchuk dice: ‘hemos querido hacer una película de algo que nunca hemos visto nosotros mismos. Las tecnologías 3D IMAX nos dan la oportunidad de mostrar un mundo detallado, fiel a la realidad. Quería colocar el público moderno en una ciudad sitiada y quemada en noviembre de 1942, borrando el límite entre la pantalla y el público’.

Las escenas de la batalla que Bondarchuk ha creado alrededor de la casa son terribles y convincentes. Para que nadie dude que la realidad de Stalingrado fue tan sangrienta como el director las hace parecer.  Dice un extracto del diario de un oficial panzergrenadier: ‘hemos luchado durante 15 días por una casa unifamiliar con morteros, ametralladoras, granadas y bayonetas. El frente es un corredor entre dormitorios quemados’.

‘La calle ya no se mide en metros, sino en cadáveres. Cuando llega la noche — una de esas abrasadoras, aullantes y sangrantes noches — los perros se sumergen en el Volga y nadan desesperadamente a la otra orilla. Los animales huyen de este infierno; las piedras más duras no pueden soportar por mucho tiempo; sólo los hombres las soportan.’

Vi Stalingrado con mi viejo amigo Antony Beevor, brillante cronista británico de la guerra. Descubrió muchos detalles que están mal o son poco convincentes: una fuente coronada por un anillo de niños danzando, un lugar  emblemático del asedio, se muestra en el medio del set de la película, lejos de su ubicación real.

Es absurdo representar a los rusos viendo a los alemanes en la calle frente a ellos, cuando durante toda la batalla en ambos lados, cualquiera que fuera visto moviéndose era castigado con la muerte.

En la película, el comandante ruso amonesta a un francotirador por matar a un alemán que fue a buscar agua. Sin embargo, en 1942, los hombres se mataron mutua y despiadadamente mientras comían, dormían, lavaban o rezaban.

El elenco se ve absurdamente saludable y bien alimentado; en el Stalingrado real casi cada hombre, mujer y niño se convirtieron en seres escuálidos.

Los exteriores e interiores de los edificios y apartamentos en la película se ven encantadoramente burgueses del siglo XIX, sin embargo, el Stalingrado de Stalin era un lugar con modernos bloques de concreto, en cuyos habitantes antes de la batalla vivieron en extrema austeridad.

Los alemanes de la película — abominables caricaturas de un hombre — queman hasta la muerte a una madre judía y su hijo encerrados en un autobús.

En realidad, tan asesinos como los Nazis pudieran ser, durante esa batalla no tenían tiempo para buscar a los judíos y ejecutarlos en un ritual.

En otra escena de la película, un ruso moribundo pide un ataque aéreo por radio; pero el ejército rojo tenía pocos bombarderos en Stalingrado y ciertamente no tenían control aéreo en el frente.

Ni una palabra se dice en la película sobre la barbarie del régimen de Stalin, tan terrible como la de los Nazis. Los Comisarios de cada unidad impusieron una disciplina de hierro: durante la batalla 13.500 soldados rusos fueron asesinados por su propio bando por supuesta cobardía o deserción.

Pero debemos ser sinceros: los directores occidentales de películas de la Segunda Guerra Mundial han explotado durante décadas las mismas licencias artísticas: recuerda la pequeña banda de soldados estadounidenses de Tom Hanks, matando a los alemanes al por mayor en el clímax de "Salvando al Soldado Ryan"; piensen en las imposibles hazañas bélicas de Gregory Peck y David Niven con su gallarda banda en "Los cañones de Navarone".

Recuerdo las libertades que se tomaron con la verdad histórica los creadores de "The Dambusters", y decenas de otras películas.

No queremos menos a ninguno de ellos, porque sabemos en nuestros corazones que no son más que medio verdades o incluso medio factibles. Ellos nos muestran a los británicos y estadounidenses como si fueran una versión de nosotros mismos, o mejor dicho de nuestros padres y abuelos, a quienes con justicia apreciamos y agradecemos.

Los rusos tienen todas las razones para conmemorar la leyenda heroica de Stalingrado.

El núcleo de la película es una gran verdad: la defensa exitosa de la ciudad resultó un hito fundamental en la guerra — mucho más grande que El Alamein o cualquier otro logro militar británico en los años entre la Batalla de Gran Bretaña y el Día-D.

Cuando el narrador en la banda sonora declara que "Stalingrado cambió el curso de la historia humana y el destino de nuestro gran país", no está exagerando.

El 19 de noviembre de 1942, Georgy Zhukov, el general ruso encargado de la defensa de Stalingrado, lanzó la operación Urano, brillantemente concebido movimiento de pinzas desde el norte y el sur de la ciudad, para rodear a las fuerzas de Paulus.

El 21 de diciembre, las dos puntas de lanza rusas se encontraron, completando un envolvimiento doble perfecto. El 31 de enero de 1943, Paulus rindió su ejército a los rusos, que en los meses que siguieron barrió triunfalmente el camino hacia el oeste.

En los combates del invierno de 1942-43, los alemanes habían perdido 1 millón de hombres, mientras que el ejército rojo tenía 6 millones soldados en armas.

En Stalingrado, cuando se derritió el hielo del invierno en el Volga, entre toda la serie de horrores revelados por el deshielo estaban los cuerpos de un ruso y un alemán, víctimas de Stalingrado, cruzados en un abrazo de  muerte. Siete décadas después, el memorial de esa lucha, la película de Fyodor Bondarchuk no puede ser llamada una obra maestra del cine.

Sin embargo, los héroes reales del Ejército Rojo realizaron hazañas de valentía y entereza en 1942 no menos notables que los tan vívidamente representados en la pantalla 3D.

La película está impregnada con una mezcla de brutalidad y sentimentalismo que ha caracterizado a la psique rusa durante siglos.

Ver la película Stalingrado, ahora en seleccionados cines británicos, no te brindará la mejor noche del año, pero te enseñará muy de acerca cómo el pueblo ruso se ve a sí mismo y la herencia que le dejó la guerra.

Por MAX HASTINGS

Mail OnlIne:  The film that makes Private Ryan look likekids’ stuff


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