Refugiados europeos huyeron a Siria y el Medio Oriente durante la Segunda Guerra Mundial

por Admin el 2 Mayo, 2016

en Sueltos

Por Evan Taparata y Kuang Keng Kuek Ser, para PRI — Desde que estalló la guerra civil en Siria hace cinco años, millones de refugiados han buscado refugio en Europa por tierra y por mar, a través de Turquía y el Mediterráneo.

Hace 70 años, los refugiados cruzaron esos mismos lugares. Pero no eran sirios y viajaban en la dirección opuesta. Cuando la Segunda Guerra Mundial alcanzaba el clímax, la Administración de Refugiados y Alivio de Oriente Medio (MERRA por sus siglas en inglés) establecieron campamentos en Siria, Egipto y Palestina, donde se refugiaron decenas de miles de personas de toda Europa.

MERRA era parte de una creciente red de campamentos de refugiados alrededor del mundo que fueron establecidos en un esfuerzo de colaboración por parte de gobiernos nacionales, militares y organizaciones de ayuda nacional e internacional, grupos de asistencia social, incluyendo el Servicio de Migración Internacional, la Cruz Roja, la Fundación Cercano Oriente y la Fundación Salvemos a los Niños, todos se juntaron para ayudar a MERRA y, posteriormente, a las Naciones Unidas, para hacer funcionar los campos.

Los archivos proporcionan información limitada sobre la demografía de los campamentos de refugiados de la Segunda Guerra Mundial en el Oriente Medio. La información, sin embargo, muestra que con el tiempo, los funcionarios de los campos esperaban poder albergar en los campamentos a más refugiados. La información geográfica sobre la ubicación de los campos proviene de registros del Servicio Social Internacional, Rama Estadounidense, de los Archivos Históricos de Bienestar Social de la Universidad de Minnesota.

En marzo de 1944, los funcionarios que trabajaron para MERRA y el Servicio de Migración Internacional (más adelante llamado Servicio Social Internacional) emitieron informes sobre estos campos de refugiados en un esfuerzo por mejorar las condiciones de vida en esos lugares. Los informes, que detallan las condiciones que enfrentan los refugiados hoy, ofrecen una visión de la vida cotidiana de los europeos, en gran parte de Bulgaria, Croacia, Grecia, Turquía y Yugoslavia, que tuvieron que adaptarse a la vida dentro de los campamentos de refugiados en el Medio Oriente durante la Segunda Guerra Mundial.

Al llegar a uno de varios campamentos en Egipto, Palestina y Siria, los refugiados primero debían registrarse con funcionarios del campo y recibir tarjetas de identificación. Estas tarjetas de identificación — que tuvieron que llevar con ellos en todo momento — incluían información del refugiado como nombre, su número de identificación de campo, información sobre su educación e historia de trabajo y cualquier habilidad especial que tuvieran.

Los funcionarios del campo mantenían un registro donde se asentaba el número de identificación, nombre completo, género, estado civil, profesión, número de pasaporte, comentarios especiales, fecha de llegada y finalmente, su fecha de salida.

Una vez registrados, los recién llegados comenzaban su periplo a través de una minuciosa inspección médica. Los refugiados se dirigían hacia lo que eran a menudo instalaciones hospitalarias improvisadas — generalmente tiendas de campaña, pero en ocasiones vacíos edificios reciclados para recibir atención médica, donde se les quitaba la ropa, sus zapatos y eran bañados y aseados hasta que los funcionarios consideraran que estaban lo suficientemente desinfectados.

Algunos refugiados, como los griegos que llegaron al campo de Alepo desde las islas del Dodecaneso en 1944 — podían esperar que las inspecciones médicas formaran parte de su rutina diaria.

Después de que funcionarios médicos quedaban satisfechos que todos ellos estaban lo suficientemente sanos y aseados como para unirse al resto del campamento, los refugiados eran distribuidos en viviendas para familias, niños no acompañados, hombres solos y mujeres solas. Una vez asignados a una sección particular en el campo, los refugiados gozaban de pocas oportunidades para aventurarse fuera. En ocasiones eran capaces de ir en excursiones bajo la supervisión de funcionarios de campo.

Cuando los refugiados en el campo de Alepo realizaban la caminata de varias millas a la ciudad, por ejemplo, podían visitar tiendas para comprar suministros básicos, ver una película en el cine local, o simplemente tener una distracción de la monotonía de la vida en el campo. Aunque el campo de Moses Wells, situado en más de 100 hectáreas de desierto, no estaba a poca distancia de una ciudad, los refugiados podían dedicar algún tiempo cada día para bañarse en el cercano Mar Rojo.

Naturalmente, la comida fue una parte esencial en la vida cotidiana de los refugiados. Los refugiados en los campamentos MERRA durante la Segunda Guerra Mundial recibieron generalmente una media porción de las raciones del ejército cada día. Los funcionarios reconocieron que cuando fuera posible, las raciones debían complementarse con los alimentos acordes con las costumbres tradicionales nacionales y religiosas de los refugiados.

Quienes tuvieron la suerte de tener algo de dinero podían comprar frijoles, aceitunas, aceite, fruta, té, café y otros productos básicos de los comedores del campamento o durante las ocasionales visitas a tiendas locales, donde además de la comida podrían comprar jabón, hojillas de afeitar, lápices, papel, estampillas y otros artículos. Los campos que no tenían restricciones de espacio eran capaces de proporcionar lugares para que los refugiados prepararan comidas. En Alepo, por ejemplo, una habitación estaba reservada en el campo donde las mujeres se reunían y hacían macarrones con harina que recibían de funcionarios del campo.

Algunos, pero no todos los campos requerían que los refugiados trabajaran. En Alepo, se incentivo a los refugiados, pero no se les obligaba, a trabajar como cocineros, limpiadores y zapateros. El trabajo no era obligatorio en Nuseirat, tampoco, pero los funcionarios del campos intentaron crear oportunidades para que los refugiados utilizaran sus conocimientos en carpintería, pintura, zapatería e hilados de lana para que pudieran mantenerse ocupados y ganar un pequeño ingreso de otros refugiados capaces de pagar por sus servicios.

Mientras tanto, en Moses Wells, todos los refugiados sanos y físicamente aptos debían trabajar en una variedad de ocupaciones. La mayoría trabajaron como comerciantes, limpiadores, modistas, aprendices, albañiles, carpinteros o plomeros, mientras que los "excepcionalmente cualificados" sirvieron como maestros de escuela o jefes de trabajo. Las mujeres realizaron trabajos domésticos adicionales como costura, lavandería y preparación de alimentos además de cualquier otro trabajo que tuvieran.

Algunos campos incluso brindaron oportunidades para dar formación profesional a los refugiados. En El Chatt y Moses Wells, había tal carencia de personal hospitalario que los campamentos de refugiados brindaban programas de formación de enfermería para refugiados yugoslavos y griegos y lugareños por igual.

En un artículo para la revista American Journal of Nursing, así como en varios informes que emitió la renombrada enfermera Margaret G. Arnstein para el Servicio de Migración Internacional, observó que a los estudiantes en el programa les enseñaron práctica de enfermería, anatomía, fisiología, primeros auxilios, obstetricia, pediatría, así como las reglas militares y reglamentos que rigen los campos. Debido a que la mayoría no tenían ninguna educación formal más allá de la escuela primaria, Arnstein señaló que el plan de estudios de enfermería se enseñaba "en términos sencillos" y enfatizó la experiencia práctica sobre la teoría y la terminología.

Las enfermeras jefas del programa de formación tenían la esperanza de que eventualmente podrían obtener acreditación formal para que cualquiera que terminara el programa recibiera licencia para practicar enfermería después de salir de los campamentos, pero mientras tanto, los estudiantes de enfermería en los campos de refugiados sólo pudieron tratar a los pacientes de los campos porque eran "enfermeras de emergencia" por necesidad de funcionamiento en tiempo de guerra.

Funcionarios de MERRA acordaron que era mejor para los niños de los campamentos de refugiados que tuvieran rutinas periódicas. La educación era un elemento esencial de esa rutina. En su mayor parte, las aulas de los campamentos de refugiados del Medio Oriente tenían muy pocos profesores y muchos estudiantes, inadecuados suministros y sufrían de hacinamiento. Sin embargo, no todos los campos tenían tantas limitaciones. En Nuseirat, por ejemplo, un refugiado que era un artista completó muchas pinturas y publicó sus trabajos en todas las paredes de un jardín de infantes dentro del campo, haciendo que las aulas fueran "brillantes y alegres". Personas acomodadas de la zona donaron juguetes, juegos y muñecas al jardín de la infancia, haciendo que un oficial de campo comentara que "lo comparaba favorablemente con muchos de los Estados Unidos."

Cuando no estaban trabajando o yendo a la escuela, los refugiados participaban en varias actividades de ocio. Los hombres jugaban fútbol y basket y socializaban fumando cigarrillos — de vez en cuando bebían cerveza y vino, si estaban disponibles en los comedores dentro del campo. Algunos campos tenían parques infantiles con columpios, toboganes y sube-y-baja donde los niños podían mantenerse entretenidos, y funcionarios del campamento, grupos locales y trabajadores de la Cruz Roja organizaron bailes y realizaron actuaciones ocasional para los residentes del campamento.

Como los refugiados de hoy, los europeos de entonces que se encontraron en los campamentos de refugiados del Medio Oriente trataron que sus vidas volvieran a ser las cotidianas. Las personas que administraron los campos querían lo mismo. Según la Agencia de Refugiados de las Naciones Unidas, hay casi 500.000 sirios registrados como refugiados en los campos de hoy. Casi 5 millones de personas han sido desplazadas por el conflicto.

Esta historia fue producida con la ayuda de Linnea Anderson, archivista de los Archivos de Historia del Bienestar Social de la Universidad de Minnesota, que proporcionan acceso y da permiso para reproducir los registros del International Social Service, American Branch que sirven de base documentaria para los relatos de vida de los refugiados. Fue producido en colaboración con el Immigration History Research Center at the University of Minnesota.

PRI: During WWII, European refugees fled to Syria. Here’s what the camps were like.


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