¿Pueden los nativos de Okinawa proteger su tierra y agua de los militares de Estados Unidos?

por Admin el 21 Diciembre, 2016

en Sueltos

Mientras se termina la construcción de seis nuevos helipuertos, las protestas para que se retiren las fuerzas militares de Estados Unidos está llegando al límite.

18415572

Por Lisa TorioTwi – Hace tres semanas, en un trayecto en autobús a Takae, un pequeño distrito a dos horas al norte de Naha, capital de Okinawa, un ejemplar de un periódico local fue pasado de mano en mano. "Otro Takae en Estados Unidos," dice el titular, sobre una fotografía de la marcha de los Sioux de Standing Rock contra la Tubería de Acceso a Dakota en Dakota del Norte. En la parte superior de la página, alguien había garabateado "el agua es vida" con tinta roja. Mientras viajábamos a través de las colinas a lo largo de la costa, el artículo fue circulando entre los pasajeros, detrás de mí, una mujer dijo, "es la misma lucha en todas partes".

Fuimos conducidos a la zona norte del Área de Entrenamiento del ejército estadounidense, también conocido como Campo Gonsalves, que se extiende en más de 30 millas cuadradas del bosque subtropical de Okinawa. Fundada en 1958 en "terreno y clima específico para el entrenamiento", al ejército estadounidense le gusta llamar al área de entrenamiento "una tierra de selva en gran parte subdesarrollada." Lo que no les gusta es reconocer que el bosque es el hogar de unos 140 habitantes, miles de especies autóctonas y represas que proporcionan gran parte del agua potable de la isla. Aunque los okinawenses se han opuesto durante mucho tiempo a la presencia estadounidense en el grupo de islas, su propósito ese día era protestar por la construcción de un nuevo conjunto de helipuertos militares de Estados Unidos en la zona norte del bosque donde se encuentra el Área de Entrenamiento, que los habitantes consideran que es tierra sagrada.

Desde 2007, los okinawenses se han estado reuniendo en Takae para interrumpir la construcción de seis helipuertos para la Infantería de Marina, que forma parte de un acuerdo bilateral firmado en 1996 entre Japón y los Estados Unidos. Según el acuerdo, el ejército de Estados Unidos "devolvería" 15 millas cuadradas de su campo de entrenamiento a cambio de los nuevos helipuertos — un plan que dicen los okinawenses sólo reforzará la presencia militar estadounidense en las islas y provocará más destrucción del medio ambiente.

El 22 de diciembre, habrá una ceremonia formal para conmemorar la devolución de la tierra de la zona norte de entrenamiento a Japón. El primer ministro Shinzo Abe se comprometió a completar la construcción de los restantes cuatro helipuertos para celebrar la ocasión, y parece que ha mantenido su promesa: a principios de esta semana, la Oficina de Defensa de Okinawa y los militares de Estados Unidos anunciaron que la construcción había terminado. Pero los protectores de tierras y aguas que entraron en el sitio de construcción la semana pasada expresaron sus dudas, diciendo que la construcción está lejos de haber terminado, y planean continuar sus manifestaciones cueste lo que cueste. Para la gente de Okinawa y sus aliados, su movimiento es mucho más que detener la construcción de seis helipuertos. Se trata de sacar a los militares de Estados Unidos de sus tierras ancestrales.

* * *

De 1999 a 2006, antes de comenzar la construcción de los helipuertos, los residentes de Takae presentaron dos veces solicitudes a las agencias del gobierno para revisar el proyecto, citando la amenaza de los aviones Osprey propensos a los accidentes en sus comunidades. Fabricados por Boeing, esos aviones "combinan la perfomance vertical de un helicóptero con la velocidad y el alcance de un avión de ala-fija" y tienen un historial de estrellamientos. (Recientemente, el 13 de diciembre, un Osprey se estrelló frente a la costa de Okinawa.) Pero el gobierno hizo caso omiso a sus peticiones, y sin nunca comunicarse con los civiles o concederles una audiencia pública, la construcción comenzó en 2007. No habiendo medios políticos para proteger sus tierras, los residentes optaron por la acción directa no violenta enfrentándose a los trabajadores sobre el terreno y al bloqueo de camiones de descarga para que no entren a las obras de construcción. En 2014, después de que terminaron los dos primeros helipuertos, el gobierno detuvo la construcción debido a las manifestaciones. Pero el gobierno continuó con el proyecto en julio de este año, y como consecuencia las manifestaciones han aumentado.

"Abe y el Ejército de Estados Unidos están aquí para talar más de nuestros árboles y envenenar nuestras aguas" me dijo Eiko Chinen, una mujer nativa fuera de la puerta principal del complejo cuando visité a los manifestantes. Dice que los helipuertos, dos de los cuales ya han sido utilizados por los Osprey, pondrán los embalses alrededor de la zona norte de entrenamiento en situación de riesgo.

El Ejército de Estados Unidos tiene un récord terrible de contaminación en las islas; a quienes los estadounidenses después de Segunda Guerra Mundial se refieren como el "montón de basura del Pacífico", el agua, la tierra y las personas de Okinawa, han sido envenenadas por los militares que han vertido en las cuencas productos químicos altamente tóxicos como arsénico y uranio empobrecido. Este año, "The Japan Times" encontró que las normas laxas de seguridad del ejército estadounidense en otra base en Okinawa eran causantes  de la contaminación de la fuente de agua local.

"Nadie va a proteger el futuro de nuestros niños y del agua, sino nosotros mismos," dijo Eiko Chinen mientras observaba una pareja de policías dirigiéndose a las obras. "El bosque es vida para nosotros, y se ha convertido en un campo de entrenamiento para el asesinato".

Al final de la Segunda Guerra Mundial, Okinawa cayó en manos de Estados Unidos como una especie de trofeo de guerra. Una serie de televisión de 1954 producida por el ejército estadounidense calificó a Okinawa, como "un vital bastión del mundo libre," a pesar de su "pequeño tamaño y sus características poco atractivas". Continúa diciendo, "… su gente desarrolló una primitiva, cultura Oriental… los amigables okinawenses… gustaron de los estadounidenses desde el principio." En la década de 1950, los soldados estadounidenses tomaron las tierras ancestrales de los agricultores locales "con bulldozers y bayonetas" para construir bases militares en todas las islas, enviaron a los okinawenses a campamentos de refugiados dirigidos por los militares de Estados Unidos. Durante la guerra de Vietnam, la zona norte del Área de Entrenamiento se convirtió en una falsa aldea para el entrenamiento de soldados en operaciones anti-guerrilleras. El documental de 2013 "Targeted Village" relata cómo algunos de los aldeanos de Takae, incluidos algunos niños, hicieron el papel de soldados vietnamitas del sur y de civiles durante ejercicios de entrenamiento a cambio de $1 al día. En 2014, un ex Marine admitió que las tropas estadounidenses rociaron el defoliante Agente Naranja en Takae, que también se ha encontrado en toda la isla.

No fue sino hasta 1972, veinte años después de que las fuerzas de ocupación se retiraron de Japón, que las islas fueron "devueltas" a control de Japón. Pero Okinawa todavía alberga el 74 por ciento de las bases militares estadounidenses en Japón, a pesar de constituir sólo el 0.6 por ciento de su territorio. Desde 2015, el gobierno japonés ha impulsado la construcción de otra base del Cuerpo de Marinos en Henoko, una bahía rica en corales en el norte de Okinawa, a pesar de las masivas manifestaciones contra el plan de reubicación que continúan hasta hoy.

"Abe no se reúne con la gente de Okinawa, pero va ir a reunirse inmediatamente con Trump," dijo Satsuko Kishimoto, una mujer nativa que ha estado asistiendo a los plantones durante más de tres años. "Ese hombre no es ni siquiera un político!" Ese día, en los plantones, Kishimoto agarró el micrófono, pidiendo al gobierno Japón que llevara las bases hacia el continente si realmente necesita esa "disuasión." "No vamos a dejar que el destino de Okinawa sea manejada por un grupo de políticos en Tokio", dijo.

En la larga lucha por defender el bosque, el campamento de activistas ha crecido para incluir a aliados de fuera de Okinawa. Se ha convertido en un lugar de comunidad, donde están unidos okinawenses y sus aliados contra un régimen cada vez más militarista. Durante uno de los plantones, un grupo de activistas de Inchon que luchan contra la presencia militar estadounidense en Corea visitó el campamento en una muestra de solidaridad. En otro día, sobrevivientes del actual desastre nuclear en Fukushima se sentaron con los defensores de la tierra y el agua.

"Creo que cada vez más, estamos perdiendo espacios de resistencia en este país", me dijo Masaaki Uyama, un manifestante que se trasladó de la Prefectura de Chiba el verano pasado, "El sentido de comunidad en Okinawa es como en ningún otro lugar". Entre sus trabajos a tiempo parcial, Uyama hace lo que él llama "un trabajo entre bastidores," llevando protectores de la tierra y el agua de Naha a Takae y posteando en los medios sociales para quienes no pueden asistir a los plantones. "Tenemos el derecho a la resistencia, aunque nuestros corazones se están partiendo".

Shinzo Abe, un conservador que ha ampliado la asociación de los militares de Japón con los Estados Unidos y su administración, desesperadamente tratan de ocultar esta resistencia. Desde que se reinició la construcción de los cuatro helipuertos restantes en julio, el gobierno japonés ha enviado a más de 500 policías de todo el país para romper las protestas pacificas. En noviembre, la policía allanó el centro del Movimiento de Paz de Okinawa, una organización de base que ha participado activamente en las manifestaciones en Okinawa, para obtener información sobre los participantes en las protestas; detuvieron a su Presidente Hiroji Yamashiro y otros tres activistas por apilar bloques de cemento para evitar que los camiones entren en la base aérea de Futenma en enero. El ejército estadounidense también ha llevado a cabo la vigilancia de los protectores de la tierra de Okinawa y a los periodistas que informan sobre ese asunto, según documentos obtenidos por el periodista Jon Mitchell amparándose en la Ley de Libertad de Información.

Los riesgos son mayores ahora más que nunca.

En los plantones, vi policías, muchos de los cuales no tenían más de veintitantos años, tumbar a tierra a los ancianos de Okinawa, doblándoles los brazos y gritando en sus oídos. En octubre, dos agentes fueron capturados por las cámaras gritándoles a los protectores de tierras nativos "do-jin," un equivalente del término despectivo racial "salvaje", y otras denigraciones raciales en Takae. Fusako Kuniyoshi, un protector de la tierra natal, me contó un incidente que encapsula la forma en que Japón y los Estados Unidos han visto a Okinawa y su gente a lo largo de la historia. "Creen que pueden venir aquí a faltarnos  el respeto porque dicen que somos nativos", dijo. "Estados Unidos sabe muy bien que Japón no nos defenderá". La discriminación, dice Kuniyoshi, siempre se ha utilizado como una herramienta para la colonización de Okinawa. "Usted puede realmente ver como está el mundo desde aquí en Takae."

La guerra está vívida en la mente de los okinawenses. Cuando Japón primero anexó el Reino de Ryukyu en 1879, el gobierno Meiji impuso una política de asimilación brutal en los  okinawenses, similares a los de Corea, Taiwán y China bajo el dominio Imperial del Japón, que trató de eliminar la cultura originaria, incluyendo los idiomas de Ryukyuan. Cuando Japón entró en la Segunda Guerra Mundial, las islas rápidamente se convirtieron en campo de batalla — un estimado de 150.000 habitantes nativos perdieron la vida en la batalla de Okinawa, considerada una de las más sangrientas batallas entre Japón y los Estados Unidos.

"Hoy en día, todavía me pregunto por qué yo quedé vivo," dijo Kishimoto. Ella me dijo que no puede quitarse de encima las imágenes de la guerra de la que fue testigo cuando era niña. "Siempre te cargan la responsabilidad de sobrevivir a la guerra". Parte de esa responsabilidad significa oponerse al uso continuo de Okinawa en la fabricación de las guerras de Estados Unidos. Durante la invasión estadounidense de Irak y Afganistán, por ejemplo, las bases militares en Okinawa fueron utilizadas como almacenamiento de armas y bases de entrenamiento. "Ahora tengo casi ochenta años, pero voy a luchar para proteger a esta tierra para que nunca se utilice para la guerra otra vez," me dijo Kishimoto. "Esa es mi misión".

Se haya completado o no la construcción de los helipuertos, la misión continuará. El martes, siete aldeanos de Takae, visitaron la Oficina de Defensa de Okinawa para exigir la retirada de los aviones Osprey. El fin de semana pasado, unos 900 manifestantes se reunieron en Henoko para exigir la retirada de los aviones de la Infantería de Marina y oponerse a la construcción de helipuertos en Takae y la nueva base en Henoko. Y las manifestaciones fuera de la entrada principal de Takae no dan señales de parar.

Hace sesenta años, en junio de 1956, más de 150.000 okinawenses tomaron las calles exigiendo la devolución de sus tierras ancestrales, un movimiento que más tarde se conoció como la "lucha en toda la isla", o "Shimagurumi Tousou". Los okinawenses y sus aliados han llevado con ellos la lucha por Takae y Henoko. En uno de los días que pasé en el campamento de Gonsalves, unos 50 protectores de la tierra y el agua de regreso de la selva interrumpieron a los trabajadores de la construcción en uno de los helipuertos. Habían organizado un plantón frente a ellos, suspendiendo con éxito la jornada de trabajo. Uno de los protectores de la tierra, con un micrófono en la mano, dijo a la multitud, "la guerra está en el ADN de Abe". La multitud aplaudió. "La resistencia está en el nuestro!"

The Nation: Can Indigenous Okinawans Protect Their Land and Water From the US Military?


Artículo anterior:

Siguiente artículo:

{ 0 comentarios… añadir uno ahora }

Escribir un comentario

Nota: Para evitar el spam, los comentarios son moderados antes de ser publicados.

*