Las mentiras que la Gran Generación nos contó

por Admin el 23 Febrero, 2014

en Sueltos

Cinco famosos directores de cine estadounidenses cumplieron su patriótico deber durante la Segunda Guerra Mundial filmando películas de propaganda que presentaron al público como auténticos documentales. Las decepciones de Caryn James, autora del artículo.

huston

NT:  "La Gran Generación" (The Greatest Generation) es el nombre acuñado por el periodista Tom Brokaw para describir a la generación que creció durante la Gran Depresión en Estados Unidos y después tuvo que ir a luchar en la Segunda Guerra Mundial.

En el clásico documental de 1943 de John Huston, "The Battle of San Pietro" (La Batalla de San Pietro), soldados estadounidenses se lanzan a la batalla, bajo nutrido fuego en su alrededor. Caen sangrando boca arriba en trincheras, la cámara es sacudida por la concusión de las explosiones. Eventualmente vemos hileras de cadáveres colocados en bolsas de plástico. Esa aterradora inmediatez es una de las razones por las que James Agee la llamó "la mejor película de guerra que jamás se haya hecho," — pero fue totalmente falsa, hecha con la ayuda de los militares de Estados Unidos con el propósito de crear una buena película de propaganda. Junto con otros documentales dramatizados, fue presentada al público que se la tragó como una auténtica obra de la vida real.

Este engaño, junto con historias de otros documentales dramatizados de la Segunda Guerra Mundial, se detallan vivamente en la obra de "Five Came Back" (Sólo Cinco Regresaron) de Mark Harris, la historia de algunos directores ya famosos de Hollywood — Huston, John Ford, Frank Capra, William Wyler y George Stevens, quienes se ofrecieron para prestar servicio en el frente y hacer la crónica de la guerra para los militares de Estados Unidos.

El libro cubre expansivamente la experiencia de guerra de los directores, (Wyler perdió la audición en un oído, Huston sufrió "Trastorno por estrés postraumático"), sin embargo, las secciones sobre las películas fraudulentas dan un brinco, presentándolas como un inocuo reto a la narrativa legendaria de la Gran Generación, que ha dado forma a nuestra percepción de la guerra. Y la verdad resuena fuertemente en nuestra propia época, llena de sospechas sobre la honestidad del gobierno — desde las falsas razones para invadir Irak hasta el espionaje de las comunicaciones hecho por la NSA — y nuestra asombrada aceptación de cómo los hechos reales y la ficción se combinan incluso en supuestos documentales.

Harris no ha sido el primero en desentrañar esta historia, aunque nadie lo ha hecho tan meticulosamente. Pero la mayoría de las re-escenificaciones caen en consonancia con el ideal de la Gran Generación, excusándose por el engaño. "Shooting War", el documental de televisión del año 2000 de Richard Schickel sobre los fotógrafos de la Segunda Guerra Mundial, es sencillo y directo en la re-escenificación, pero tan compasivo como usted esperaría con el personal detrás de cámaras de una película como "Salvando al Soldado Ryan": Steven Spielberg como productor ejecutivo y Tom Hanks como narrador. Citando la re-escenificación del ataque a Pearl Harbor de Ford, para el cual hubo muy poca película real, Hanks anota que Ford filmó las escenas en un terreno de Hollywood e incluso optó por usar algunas re-escenificaciones montadas sobre filmaciones auténticas porque así las escenas se veían mejor. "Su objetivo no era mostrar una estricta autenticidad", dice Hanks. "El quería remecer a la nación." Por supuesto, nadie se molestó en aclararle eso al público cuando la película se estrenó.

Algunos de los toques ficticios de Ford no tienen que ser etiquetados por nadie a quien se le ocurriera hacer una crítica superficial: ¿por qué habrían sido puestas unas cámaras en las literas de los marineros antes del que fue un ataque sorpresa?  Pero la historia detrás de San Pietro es más importante porque la película es muy superior. Artísticamente Huston se encumbra por encima de todos esos directores (sólo Ford se le acerca), y sus engaños fueron mucho más convincentes y sofisticados.

Aprendió mucho de su experiencia en las películas de propaganda, "Tunisian Victory" (Victoria Tunecina), acerca de la campaña aliada en el norte de África, un trabajo largamente re-escenificado en gran medida por los militares estadounidenses conjuntamente con los británicos. Capra, quien dirigía la unidad de cine del Ejército, le pidió a Stevens filmar recreaciones en Argelia. Huston terminó el trabajo en casa. En California, él recreó batallas terrestres en el Desierto de Mojave, utilizando tanques falsos (marcos de metal cubiertos de lona). En Orlando, Florida, montó batallas aéreas. Harris, quien mantiene la voz de un historiador imparcial durante la mayor parte del libro, llama a "Tunisian Victory": "el episodio más triste y más vergonzoso en la historia de los esfuerzos de la propaganda del Ejército durante la Segunda Guerra Mundial". En "An Open Book", la autobiografía extensamente dramatizada de Huston, tilda de "basura" a las escenas y dice: "los materiales fue tan evidentemente falsos que me repugnó tener nada que ver con ellos".

Pero no había nada de verdadero en "The Battle of San Pietro". La asignación inicial de Capra era que Huston llegara después de que los aliados hubieran tomado el pueblo italiano de los alemanes y filmar la acogida agradecida de los italianos a los soldados estadounidenses. (Esa idea era mucho más creíble en aquella época, que 61 años más tarde, cuando Dick Cheney hizo su famosa y delirante declaración que los iraquíes acogerían con júbilo a los estadounidenses como sus liberadores). Pero la victoria aliada fue tan cotosa en bajas que la idea se convirtió en algo mucho más difícil de digerir.

Poco después de la batalla, en diciembre de 1942, Huston llegó con un grupo pequeño — incluyendo a Jules Buck, más adelante un exitoso productor y Eric Ambler, ahora más conocido por sus novelas de espionaje. Fueron casi blanco del fuego de morteros en la zona minada aún y huyeron a toda carrera. Huston y Buck volvieron en enero y pasaron seis semanas recreando la batalla. El ejército de Estados Unidos les proporcionó a los soldados, que a veces tuvieron que hacerse pasar por alemanes muertos. Huston recibió armas y, como escribe Harris, "tuvo acceso a un extenso y confidencial informe militar de la batalla", compilado por el ejército, para que su recreación fílmica fuera fiel al hecho real. No había nada comparable al escándalo que levantó la película "Zero Dark Thirty" (2012) para la cual la CIA les proporcionó a los productores información de manera inapropiada. La actitud de los estadounidenses hacia el gobierno era menos cuestionable en aquella época de guerra, los reporteros estaban más dispuestos a alinearse con la línea de los militares, y un país en guerra tenía otras cosas más en qué preocuparse.

Los resultados de Huston fueron magníficos. A veces mostraba la acción en cámara lenta para obtener el efecto; él sacudió la cámara para imitar la imperfección nerviosa de un documental. Él creó un patrón perdurable, como dice Harris, para que "las películas de guerra parecieran como se supone que deben parecer esas películas filmadas en vivo".  Convirtiendo la propaganda en arte, él creó el distintivo fílmico de "John Huston", escribiendo y narrando un guión que era lírico y a veces mordaz; sobre la imagen de una iglesia bombardeada, con su inconfundible cansona y profunda voz: "Note los interesantes adornos del presbiterio". Sin embargo, la película era tan cándida sobre la dura realidad de la guerra que algunos miembros del Departamento de Guerra al  verla horrorizados la llamaron "la anti-guerra".

Incluso ahora, "La Batalla de San Pietro" está afectando, con su sentido visceral de la muerte, su visión poética de la aldea destrozada, donde una mujer campesina camina a través de los escombros cargando un ataúd vacío. Nadie quiere que una película tan elocuente sea un fraude. En la historia militar de 2013 escrita por Tim Brady, "A Death in San Pietro: The Untold Story of Ernie Pyle, John Huston, and the Fight for Purple Heart Valley", el autor está absolutamente claro acerca de las recreaciones de Huston, sin embargo, concluye que la película era "una descripción vívida y veraz del costo de la batalla".

No había ningún amañamiento cuando el Departamento de Guerra lanzó finalmente la película, en 1945. Un comunicado de prensa declaró que "la primera tarea de Huston era entonces decidir cómo hacer que su pequeña unidad se desplazara durante la batalla." La película termina con un mensaje titulado afirmando que todas las escenas "fueron fotografiadas dentro del rango de fuego de fusiles del enemigo o fuego de artillería," seguido por una resbaladiza aclaratoria que "para fines de continuidad algunas de esas escenas fueron filmadas antes y después de la batalla real", aunque "algunas" aquí significa "casi todas". Es difícil imaginar que tales líneas engañosas pudieran escapar hoy al escrutinio público.

Huston nunca reconoció públicamente que cualquiera de las escenas de San Pietro fueran falsas, ni en su autobiografía, ni en cualquier entrevista. ¿Por qué él socavaría el valor de una película que fue recibida como un clásico de la vida real?

Hoy en día, por supuesto, cualquier persona con un teléfono celular puede grabar guerra y violencia en video, capturando auténticamente con sacudones, todo lo que Huston hizo golpeando la cámara para fingirlo. Dos de los documentales más fuertes del año pasado revelan cuán lejos hemos llegado con la propaganda al viejo estilo, producidos por el gobierno. La Plaza de Jehan Noujaim muestra escenas de la Plaza de Tahrir durante y después de las protestas y levantamientos contra el gobierno en Egipto en los últimos tres años. Y en "The Act of Killing" de Joshua Oppenheimer crea una escalofriante mezcla de realidad y ficción, cuando miembros de un escuadrón de la muerte indonesio dramatizan sus crímenes de los años 1960, recreados como películas de Hollywood. Una gran diferencia, por supuesto, es que las dramatizaciones de Oppenheimer claramente son una ficción basada en hechos reales.

Encendiendo una luz sobre la duplicidad de las películas de la Segunda Guerra Mundial se añade una capa de ambigüedad a la no moralmente ambigua última guerra, pero las revelaciones disfrazan a la cultura actual de la información de las que se espera más transparencia. Eso no quita nada de valor genuino a los directores para decir que sus documentales de la Segunda Guerra Mundial podrían ser catalogados como Las Mentiras que la Gran Generación nos contó.

Five Came Back: A Story of Hollywood and the Second World War.
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The Road To Rome Featuring John Huston’s "Battle of San Pietro".
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The Daily Beast: Lies the Greatest Generation Told Us


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Reynaldo Ruiz Febrero 23, 2014 a las 13:54

Bueno pues, ya es bien sabido que la historia tiene mucho de cuento y por eso hay que repetir el tan trillado “la historia la escribe el vencedor”. En esto los gringos son expertos. Por eso hay que leer a los vencedores y a los vencidos y luego sacar conclusiones. El problema es que a los vencidos no los dejan escribir su verdad.

Enrique Febrero 24, 2014 a las 16:18

En el ámbito d los engaños de la II GM, el referente a la Operación Mincemeat, va a presentar novedades desde España. Investigadores de este país van a presentar unos resultados impactantes. Estén atentos a finales del próximo mes.

Humberto F. Febrero 25, 2014 a las 09:37

No se puede esperar honestidad de parte de naciones historicamente imperialistas. Los medios, tales como radio, television y cine son utilizados especialmente en tiempos de guerra

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