Hitler no comenzó el bombardeo indiscriminado de civiles – fue Churchill quien lo hizo

por Admin el 2 Julio, 2017

en Sueltos

Por Tobias Grey – The  Spectator – "No puedo describir lo que una nota curiosa dice sobre la brutalidad que es una bomba", dijo una mujer que vivió las primeras incursiones alemanas en Londres durante la Segunda Guerra Mundial. Esta ambivalente reacción de una mujer que recibió una bomba que penetró en su dormitorio, caracteriza la impactante realidad de un tipo de guerra que fue diferente a las que se habían luchado antes.

Para Richard Overy en su extraordinaria y trascendental historia de los bombardeos de la guerra en Europa, resulta sumamente claro que esa fue la primera vez en que los civiles, realmente se convirtieron en una parte de la línea del frente de batalla. La causa de eso fue la aparición de los bombardeos aéreos, que, según dice Overy, expone ‘la naturaleza democrática de la guerra total, que demandó enfáticamente que todos los ciudadanos participaran en el conflicto.’

La idea de que los bombardeos desmoralizarían a la población y provocarían una crisis de gobierno, fue un tema de acalorado debate durante los años de entreguerras. En un largo preámbulo Overy, que ha escrito numerosas historias sobre la Segunda Guerra Mundial, se centra en Bulgaria como un microcosmos de las situaciones que definieron la extendida estrategia de los bombardeos durante la guerra en Europa:

El bombardeo de Bulgaria fue idea de Churchill, y él siguió siendo la fuerza impulsora detrás del argumento de que los ataques aéreos proporcionarían una forma rápida y relativamente barata de obligar a un país a cambiar de bando.

Eso estuvo bien como teoría, pero en la práctica las cosas funcionaron de una forma muy distinta. "El ‘dividendo político’ que Churchill trató de obtener en los primeros meses de 1944 fue deslucido por el alto nivel de víctimas civiles, que minó el prestigio de los Estados Unidos y de Gran Bretaña ante los ojos del pueblo búlgaro". Overy señala que, aunque los bombardeos contribuyeron al colapso de cualquier consenso pro-alemán y fortaleció el poder de los partidos políticos de oposición, no resultó  en un cambio de gobierno sino hasta septiembre de 1944, cuando los soviéticos impusieron un gobierno dominado por el partido comunista búlgaro.

Militarizando sus aseveraciones con destreza Overy sostiene que los bombardeos en Europa nunca fueron una estrategia ganadora de guerra y más bien siempre causaron más daño que beneficio. En lo que viene a ser la primera narrativa completa de los bombardeos de la guerra en Europa, la visión de Overy es increíblemente amplia y bien documentada, como también muy fácil de leer. Él aborda no sólo el amplio conflicto con Alemania, sino también los bombardeos de la guerra en Francia e Italia, que en ambos casos resultaron en numerosas bajas civiles, similares a los bombardeos sobre Gran Bretaña.

Él también ha tenido acceso a ‘dos nuevas fuentes’ provenientes de los antiguos archivos soviéticos, una que incluye documentos de la fuerza aérea alemana que cubre el Blitz sobre Gran Bretaña y otra que arrojan nueva luz sobre los bombardeos de Moscú, Leningrado y Stalingrado — un aspecto del conflicto que hasta ahora ha tenido muy poca cobertura.

Overy rastrea los orígenes de los bombardeos de la guerra desde el 10 de Mayo de 1940, el mismo día en que Alemania inició su ataque en el Oeste y Churchill reemplazó a Chamberlain como primer ministro británico. ‘Chamberlain siempre se opuso a la utilización del bombardeo contra objetivos urbanos’, escribe Overy, ‘pero Churchill nunca tuvo ni escrúpulos ni objeciones legales contra ellos.’ De hecho, ya como Ministro de Municiones en 1917, Churchill había estado en favor de una fuerza aérea independiente y una política de bombardeos de largo alcance contra objetivos industriales alemanes.

Hasta el nombramiento de Churchill como primer ministro, tanto Alemania como Gran Bretaña se habían apegado a la promesa de no atacar objetivos en las ciudades donde los civiles estuvieran en riesgo. Overy descarta la aseveración de larga data ‘firmemente arraigada en la mente de la opinión pública británica’ de que Hitler inició los bombardeos indiscriminados. En lugar de ello, dice, la decisión de quitarse los guantes blancos fue de Churchill, ‘debido a la crisis causada por la derrota aliada en la Batalla de Francia, y no a causa de los ataques aéreos alemanes [sobre Gran Bretaña].’

Las restricciones éticas que se había impuesto al inicio de la guerra se fueron lentamente erosionado como consecuencia de la decisión de Gran Bretaña de iniciar los bombardeos ‘sin restricciones’ de objetivos ubicados en las zonas urbanas de Alemania. En un interesante capítulo titulado ‘The Sorcerer’s Apprentice’ (El Aprendiz de Brujo), Overy sugiere que el Comando de Bombarderos de Gran Bretaña desarrolló sus tácticas de "bombardeo concentrado de áreas" y el amplio uso de bombas incendiarias al observar la destrucción que Alemania causó durante la Guerra Relámpago sobre Londres.

La RAF alteró su estrategia de centrarse en objetivos precisos cuando observó cómo efectivamente la fuerza aérea alemana atacó grupos de objetivos en las áreas industriales y comerciales. Sin embargo, dice Overy, bajo el mando de Sir Arthur ‘Bombardero" Harris el Comando de Bombarderos tomó la horrible decisión de atacar deliberadamente los hogares de los trabajadores alemanes para reducir la producción industrial.

Durante gran parte de la guerra, las fuerzas combinadas de Gran Bretaña, la Mancomunidad Británica y las fuerzas Estadounidenses carecían de la tecnología necesaria para desarrollar los grandes bombarderos pesados de largo alcance que necesitaban para lanzar ataques en los principales polos industriales de Alemania. Los bombardeos de la guerra, realmente, sólo se intensificaron en 1943, cuando Harris finalmente se sintió listo para lanzar tres grandes ofensivas sobre: la cuenca del Ruhr-Renania a finales de la primavera y el verano, sobre Hamburgo en julio y sobre Berlín en el otoño.

Fue el segundo de estos, con el nombre en código "Operación Gomorrah’, que resultó en la mayor pérdida de vidas civiles en una sola ciudad a lo largo de la guerra Europea. Unas 37.000 personas murieron y más del 60 por ciento de las casas y edificios de apartamentos de Hamburgo fueron destruidos por los incendios causados por las bombas incendiarias. Overy cita a un médico alemán que dijo que para estimar el número de muertos  el tenía que pesar la cantidad de ceniza dejada en el suelo.

Fue sólo cerca del final de la guerra, y por el bombardeo de Dresde, que mató a unas 25.000 personas en un par de horas, que hubo algún tipo de protesta en contra de la estrategia de los Aliados, la que por cierto había fallado de alguna manera en dañar la producción de armamento de Alemania (más bien la producción se multiplicó por tres entre 1941 y 1944). A pesar de eso, después de la guerra la Unidad Británica de Investigación de Bombardeos criticó contundentemente casi ‘todas las fases de las actividades del Comando de Bombarderos a excepción de la fase final contra los objetivos de comunicaciones y combustibles [en Alemania].’

Aunque nunca está presto para juzgar, Overy no está de acuerdo con las interpretaciones de la posguerra que califican como ‘el broche de oro el bombardeo contra un enemigo debilitado, utilizando una fuerza abrumadora, como arma meramente punitiva, no necesaria, y, en consecuencia, como moralmente injustificada". Buscando desesperadamente entre los escombros de la histórica una respuesta positiva a una campaña en la que se vio que aproximadamente un 50 por ciento de los pilotos de los bombarderos aliados perdieron la vida durante los ataques, Overy, sugiere que el bombardeo estuvo en su punto más significativo del juego de la política al comienzo de la guerra, cuando el gobierno británico utilizó a la RAF como un medio para ganar el apoyo de los pueblos ocupados y de los Estados Unidos mostrando que Gran Bretaña era capaz de contraatacar.

Es un pequeño consuelo para lo que el prestigioso economista canadiense John Kenneth Galbraith, describe como "uno de los más grandes, quizás el más grande, de los errores de la guerra.

Si piensas adquirir este libro ten presente que la versión hecha en Estados Unidos tiene 300 páginas menos que la versión original publicada en Gran Bretaña: Sí pues, la censura existe en Estados Unidos.

The Bombing War: Europe 1939-1945 Richard Overy. (Versión completa) 

The Spectator: Hitler didn’t start indiscriminate bombings — Churchill did

Exordio: Operación Gomorrah (26-7-1943)

Exordio: General Arthur “Bombardero” Harris


Artículo anterior:

Siguiente artículo:

{ 0 comentarios… añadir uno ahora }

Escribir un comentario

Nota: Para evitar el spam, los comentarios son moderados antes de ser publicados.

*