En nuevo libro Giselle Roeder rompe silencio sobre los horrores de la Segunda Guerra Mundial

por Admin el 28 Agosto, 2014

en Sueltos

De pie frente a una multitud de miembros del Club Probus en Lantzville, Giselle Roeder temblaba como una hoja.  El sudor corría por sus brazos. Era un día para recordar, en 2010, y estaba a punto de contarle a la audiencia una historia que ella nunca se la había contado a nadie.

Fue acerca de su experiencia como una niña alemana durante la Segunda Guerra Mundial, en la aldea rural de Stresow, (Prusia Oriental) en lo que es ahora Polonia, a unos 300 kilómetros al oeste de Gdansk, para entonces llamada Danzig.

Prácticamente todos los hombres en la zona eran agricultores, incluyendo el alcalde, y aunque vivían una soleada existencia rural, todo eso pronto iba a cambiar tras el estallido de la guerra.

Roeder le contó a la multitud su historia sobre los horrores que cayeron sobre los civiles alemanes cuando el ejército ruso empujaba hacia Alemania Oriental y arrasó su pueblo.

Pronto le quedó claro al atónito público, que a la edad de diez años, ella pensó que 1944 sería el último año de su infancia.

"Al final todo quedó tan quieto, que pensé que debí haber dicho algo mal. Vi a un grupo de cinco mujeres que estaban llorando y entonces todo el mundo se lanzo corriendo hacia mí, los hombres me daban apretones de mano y entonces alguien gritó, ‘¿tienes un libro?’ y dije ‘no’ y fue, ‘Entonces que escribí uno,’ " dijo Roeder.

Y así lo hizo. Cuatro años más tarde, Roeder ha completado una desgarradora, conmovedora y extraordinaria memoria, ‘Nosotros No Hablamos De Eso’.

Mientras se prepara para el lanzamiento del libro el 21 de septiembre en Chapter’s Bookstore, ha disminuido su miedo de contar la historia, aunque a veces ella imploraba que no le pidieran contarla.

Mientras se preparaba a escribir el libro, se le acercó una mujer alemana que había sufrido experiencias similares a las de Roeder, y le llamó la atención por querer publicar la historia.

"Ella me dijo, ‘¿Estás loca? Nosotros no hablamos de eso,’" dijo Roeder.

Ese era un dicho familiar, una frase que había oído desde miembros de su familia hasta ex residentes de la aldea. Entonces, comprendió que ese sería el título.

De hecho es una historia sobre algo que raramente, si acaso alguna vez, se ha escuchado decir: una historia de guerra no sólo relatada de manera detalladamente lírica — la existencia de su idílica tierra y cómo llegó a desmembrarse — sino también contada desde un punto de vista histórico inusual de civiles alemanes comunes y corrientes atrapados en el medio.

Aunque, por común acuerdo, Adolf Hitler es el villano de aquella época, la historia de Roeder ilustra con vívidos detalles cómo nadie se salvó de la crueldad de la guerra.

Después de la llegada de las tropas rusas a su aldea, después de que su abuela recibió un disparo (pero sobrevivió) por tener una foto de su hijo en uniforme del ejército, a los restantes les ordenaron abandonar sus hogares. Era febrero y Roeder, con 11 años de edad, su madre y sus tres hermanas se unieron a una línea de aldeanos caminando sin rumbo  fuera de la ciudad.

"Yo estaba empujando el coche de bebé y recuerdo a mi madre, ella tiraba de un carro de mano pequeño y de repente me gritó, ‘¡Gila, no mires a tu derecha!’ y si le dices a un niño que no mire a la derecha, ¿qué es lo que hace? Y ahí estaban todas esas casas – ventanas, puertas y había una pequeña valla, parecían las casas de un pueblo — había un soldado sin cabeza sentado contra una valla y la cabeza estaba junto a él," dijo Roeder.

"Me detuve y miraba y había gente empujándome, y entonces mi madre me llamó ‘ ¡Vamos! ¡Vamos!’ Las piernas del soldado estaba al otro lado de mi coche de bebé y el campo estaba lleno de partes de cuerpos y cadáveres".

El ejército alemán había volado el puente en el camino, así que los soldados rezagados no tenían medios de escapar y fueron masacrados en el campo, añadió.

Era un recuerdo, junto con muchos otros, cuyas imágenes la persiguieron en sus sueños durante años.

Como arma de guerra, Stalin autorizó al ejército a violar y aterrorizar a los civiles. Se estima que millones de bebés nacieron de madres alemanas a raíz de las violaciones, dijo Roeder, en el que las mujeres de todas las edades fueron atacadas, a veces por largas filas de soldados dispuestos según su rango.

Caminando, pronto llegaron a una pequeña granja donde grupos de mujeres y niños estaban arremolinados fuera.

"Preguntamos si podríamos acompañarlos y quedarnos ahí," dijo Roeder. "Mi madre preguntó si podíamos quedarnos, y la mujer dijo,’ cuantas más mejor, así podríamos salir cada una de nosotras violada sólo una vez, en vez de ser violadas por todo un ejército."

Esa noche, Roeder y su hermana Christel se escondieron debajo de una mesa y escucharon a las mujeres relatar sus historias de horror: de mujeres jóvenes violadas hasta que murieron, de las mujeres rogando que las mataran, a lo cual los rusos respondían que no mataban mujeres.

Aunque es una historia de atrocidades, Roeder es rápida para señalar que la historia de su vida es también una de fortalecimiento. En su escape de Alemania Oriental y su emigración a Canadá, se convirtió en un exitoso conferencista, renombrada experta en salud y columnista de la revista Life.

Sus experiencias también forman una narración que trata sobre la brutalidad humana, pero al mismo tiempo acerca de cómo, a pesar de las presiones de la guerra, la gente se muestra en sus similitudes esenciales.

Al regreso de su familia a su pueblo, encontraron que su casa fue convertida en un hospital de campaña. Un médico amable les permitió quedarse en el granero, y pronto formaron un extraño sentimiento de parentesco con los soldados rusos acampados afuera, que enseñaban a los niños las danzas tradicionales y los observaban practicar, con lágrimas en los ojos.

En una escena particularmente conmovedora del libro, Roeder observa cómo un avión es derribado del cielo y suplica a su madre que la deje ir al campo a ver lo que pasó. Una vez cerca a los restos ardientes del avión descubre a un joven piloto, desplomado sobre los controles y todavía amarrado a su asiento.

"Está muerto, ¿no? No parece ser un hombre, se ve muy joven, " recuerda Roeder que dijo. "Siento pena por él; No puedo odiarlo por lo que hizo. ¿Puedes tú, mamá?" A lo que respondió su madre a través de las lágrimas, "probablemente no le gustaba hacer lo que hizo," añadiendo su madre que es probable que nunca sabrá lo que le pasó.

En una escena destapa la triste realidad de la guerra, que es que nadie gana realmente, dijo Roeder.

"Cada lado le pide a su Dios que ganen. Todo el mundo reza por su victoria, pero en una guerra allí no hay ganadores, todos sufrieron lo mismo," dijo.

Tragic Times: Roeder breaks silence about Second World War horrors in new book

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Exordio: Ofensiva soviética contra Alemania (12-1-1945)


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Juan R. Agosto 30, 2014 a las 13:41

Muy interesante que los alemanes salgan del letargo y comiencen a hablar. Si los que quedan vivos contaran sus historias se descubrirían muchas cosas que algunos paises no quieren que se sepan.

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