Una bala de 1945…

por Admin el 12 Febrero, 2011

en Otros temas

Este artículo de Yelena Pustovoitova, científica política, experta de la Fundación de Cultura Estratégica de Rusia, fue publicada en la revista International Affairs.

“El hecho de que, a diferencia de Boris Yeltsin, los líderes de la Rusia actual no tienen la intención de poner a la venta las islas Kuriles, ha provocado una fuerte reacción oficial en Tokio, lo que aumenta las tensiones en el Lejano Oriente.

El 8 de febrero, la embajada rusa en Tokio recibió un sobre con una bala en su interior. Había una nota adjunta que decía: "los territorios del norte son nuestra tierra". El remitente de la carta, que fue enviada desde la prefectura de Kanagawa, era desconocido. Esta no fue la primera señal de las facciones de ultraderecha. En diciembre del año pasado fue enviada a la Embajada de Rusia una botella de líquido que, como se describió, era una "sustancia venenosa".

Japón es el único lugar en nuestro planeta donde existe el problema de "territorios del norte". Ni la ONU, ni ningún otro país está de acuerdo en que las reivindicaciones territoriales de Tokio a las islas tienen fundamento. Satisfacer sus demandas no es nada menos que revisar los resultados de la Segunda Guerra Mundial.

Tradicionalmente, el 7 de febrero  tuvieron lugar en Tokio manifestaciones recordando el Tratado de Comercio, Navegación y Delimitación firmado entre Japón y Rusia en 1855. Cada año en este día los grupos japoneses de ultra-derecha realizan una manifestación cerca de la embajada rusa en Tokio. Pero esta vez, profanando la bandera rusa, sobrepasaron todos los límites. Sin embargo, el primer ministro japonés Naoto Kan se comprometió a seguir buscando el retorno de Iturup, Kunashir, Habomai y Shikotan. La disputa entre Tokio y Rusia sobre las islas empeoró aún más cuando Naoto Kan describió el viaje del presidente Dmitry Medvedev en noviembre a las Kuriles como "un ultraje imperdonable", sin detenerse a pensar por un segundo, que era su afirmación la que mejor se ajustaba a esa calificación.

Como era de esperar, Moscú respondió diciendo que las Kuriles son territorio de Rusia, y el presidente puede ir allá en cualquier momento que quiera.

Sesenta y cinco años después del final de la Segunda Guerra Mundial, Rusia y Japón no han firmado aún un tratado de paz. Evidentemente, ambos países pueden seguir así, pero ¿cuál es la razón para ello?

En realidad, Rusia y Japón firmaron muchos tratados de delimitación, que definieron las soberanías de los dos países sobre las costas del Mar de Okhotsk y el Mar de Japón. Pero la victoria soviética sobre el fascismo en Europa puso todo en su lugar. Durante la Conferencia de Yalta de 1945, los líderes de la Unión Soviética, los EE.UU. y Gran Bretaña firmaron un acuerdo que estipula que la Unión Soviética participó del lado de los Aliados en la guerra contra Japón, que, por cierto, traicionó a Rusia en 1905.
También se acordó que la Unión Soviética tendría la parte sur de las islas Sajalín y todas las islas cercanas detrás de ella; se unió a otros países en la operación del puerto de Dairen, con Port Arthur quedando como una base naval arrendada a Moscú. Aparte de esto, acordaron que la Unión Soviética usaría el ferrocarril chino oriental y el ferrocarril de Manchuria del Sur conjuntamente con China; mientras que las islas Kuriles fueran anexadas a la Unión Soviética.

La participación soviética en la guerra contra Japón era importante para los EE.UU. en medio de su intención de invadir las islas japonesas. El comando militar de EE.UU. quería a los rusos para expulsar a las tropas japonesas de los territorios capturados por los estadounidenses. Por lo tanto, brigadas de Baikal y los frentes de Extremo Oriente lanzaron una ofensiva contra el Ejército Kwantung japonés en Manchuria, rompiendo las defensas del ejército japonés y el 20 de agosto entraron en Manchuria. El 11 de agosto la Unión Soviética lanzó una ofensiva en el sur de Sajalín desembarcando tropas aerotransportadas en la cadena de las Kuriles del sur. La ofensiva comenzó después de que José Stalin, quien basado en el acuerdo tomado en la Conferencia de Yalta, presionó el presidente Truman de EE.UU. para que modificara el borrador del proyecto de la Orden General Nº 1, incluyendo así todas las islas de la cadena de las Kuriles en una zona defendida por el ejército japonés, que se esperaba que se rendiría al comandante en jefe del Ejército de la Unión Soviética en el Lejano Oriente. Desde el 19 de agosto al 7 de setiembre todos los japoneses fueron expulsados de las islas de la cadena sur de las Kuriles, con cerca de 20.000 oficiales y soldados japoneses capturados.

Parecía entonces que todo se había puesto en su lugar. Sin embargo, Gran Bretaña y los EE.UU. tenían otros planes. John Foster Dulles, enviado de EE.UU. a la Conferencia de Paz de San Francisco, dedicada a la reconciliación con el Japón, hizo lo siguiente: en lugar de invitar a todas las partes interesadas a los debates para la firma de un tratado de paz con el Japón, visitó personalmente a cada uno de los países participantes en la conferencia, haciendo un lobby para un proyecto de acuerdo desarrollado conjuntamente por Washington y Londres. Así Dulles obtuvo el apoyo de la mayoría de los "aliados" para firmar el acuerdo.

El acuerdo de San Francisco privó a Japón de su soberanía sobre islas Kuriles y las Sajalín, pero sin nombrar a quién debían pertenecer. Así, el Reino Unido y los EE.UU. violaron la soberanía de la Unión Soviética sobre los territorios antes mencionados. El borrador del acuerdo británico-estadounidense hecho al margen de la Conferencia de San Francisco, sugería cosas que se oponían a los acuerdos hechos por los líderes de EE.UU. y el Reino Unido en Yalta, cuando casi nadie dudaba del papel crucial jugado por Rusia en la derrota del fascismo.

Un proyecto de acuerdo de paz con el Japón presentado en San Francisco por el canciller soviético Andrei Gromyko ni siquiera fue discutido ni sometió a votación. Naturalmente, después de eso, los soviéticos no firmaron la variante británico-estadounidense del acuerdo de paz con Japón. Y había otras razones para ello, aparte de las islas Kuriles. Moscú criticó a otros puntos del tratado, como el ignorar la existencia de la República Popular China, la continua presencia militar de EE.UU. en Japón, así como las medidas mal planeadas destinadas a prevenir el renacimiento del militarismo japonés.

¿Por qué Dulles se hizo de la vista gorda sobre los acuerdos alcanzados poco después de que, no sólo los soldados soviéticos, sino también civiles de su país natal, sacrificaron sus vidas durante la guerra?  La respuesta es simple: a sólo unas horas después de la ceremonia de la firma en la Conferencia de San Francisco, Japón y los EE.UU. firmaron el Tratado de Cooperación Mutua y Seguridad, en la que a los EE.UU. se le concedió el uso de instalaciones terrestres en todo Japón para sus fuerzas terrestres, navales y aéreas. Este tratado marcó el nacimiento del "portaaviones insumergible de EE.UU." en el Lejano Oriente soviético.

Si bien el texto del tratado fue debatido en San Francisco, el Senado de EE.UU. aprobó una resolución que dice: "La resolución en cuestión no reconoce la soberanía de Rusia sobre los territorios que pertenecían a Japón a partir del 07 de diciembre 1941… así como los privilegios de Rusia sobre Japón como fueron declarados en la Conferencia de Yalta".

Después de haber abrazado al enemigo de ayer, los EE.UU. traicionaron a su aliado en la guerra más mortífera en la historia.

Pero no es la falta de un tratado de paz entre Moscú y Tokio, que perturba a los buscadores de la venganza japonesa. Estos últimos están siendo guiados por las fuerzas internacionales que convirtieron al desmilitarizado y no nuclear Japón en un elemento de disuasión en las fronteras del Lejano Oriente ruso. La guerra sigue. Y aunque los métodos han cambiado, Rusia está rodeada por todos lados, desde Kaliningrado a las Sakhalin.  Convertir a los amigos de Rusia en enemigos, es el objetivo estratégico clave de los EE.UU. y la OTAN en Eurasia. Y la reciente escalada de tensiones entre Tokio y Moscú, así lo demuestra.

Después de haber rechazado la propuesta de Rusia de crear una zona de libre comercio en las islas Kuriles, el gobierno japonés emitió un decreto que nombra a Iturup, Kunashir, Shikotan y Habomai como ‘territorios históricos’ de Japón.

Mientras los diplomáticos rusos han sido muy políticamente correctos respondiendo adecuadamente a los insultos, el mundo entero está mirando el intercambio permanente de comentarios, preguntándose cómo puede ser Moscú tan paciente sobre ese tema.

Los japoneses pueden pensar que todo puede ponerse a la venta en Rusia. Pero el problema principal es que la bala frente a la embajada rusa en Tokio no fue disparada desde un arma japonesa. Y debemos estar plenamente conscientes de ello, para que seamos capaces de proteger con éxito nuestros intereses.”

(Las opiniones expresadas en este artículo pertenecen a su autora y no reflejan necesariamente el parecer de Exordio, que no da fe de los hechos y citas mencionados en el artículo)

International Affairs.: A bullet from 1945…


Artículo anterior:

Siguiente artículo: