Rusia defiende la anexión soviética de los Estados bálticos y Moldavia en 1940

por Admin el 17 Diciembre, 2011

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Los días 1 y 2 de diciembre, los ministerios de Relaciones Exteriores refutaron las últimas afirmaciones del ministerio de Relaciones Exteriores de Rusia que manifestó que los tres Estados bálticos (Estonia, Letonia y Lituania) se unieron voluntariamente a la Unión Soviética en 1940.

La afirmaciones de Moscú en este sentido no son nuevas, pero están siendo resucitadas en el contexto de las avivadas tensiones en las relaciones con EE.UU. y la OTAN sobre la seguridad europea, y se presentan con algunos nuevos giros sumados a los viejos argumentos. En una innovación histórica radical, la declaración del ministerio ruso también sostiene que la actual República de Moldavia es territorio de Rusia.

Lituania y Estonia, optaron por responder en un tono bajo. El ministerio lituano le entregó una nota a la embajada rusa en Vilnius, lamentando que "algunos diplomáticos de alto rango de la cancillería rusa siguen operando con la política del siglo pasado de falsificar la historia".  El Ministro de Asuntos Exteriores de Estonia, Urmas Paet, hizo una declaración personal, rechazando las afirmaciones de Moscú como "tonterías" y por "apegarse a las posiciones que tenían en la época soviética".  Tallin no emitirá ninguna nota diplomática en ese sentido.

Superficialmente, el calendario de todas estas declaraciones parece desconcertante. Moscú ha reactivado la polémica sobre la historia de forma inesperada, después de algunos años de relativa moderación en este sentido. Por su parte, Vilnius y Tallin se tomaron dos semanas para responder, haciéndolo con precaución. La palabra clave, "ocupación", no figura en los textos de las notas hechas públicas. No se han registrado reacciones de otros países afectados por la declaración de la Cancillería rusa.

Moscú emitió la nota el 17 de noviembre, entendiéndose como la versión oficial de parte de la sección histórica del ministerio. La nota justifica la entrada de las fuerzas soviéticas en el territorio de los tres Estados bálticos en 1939-1940 como una necesidad militar. Se argumenta que la medida tendía a reforzar la defensa de la Unión Soviética y evitar el uso de los Estados bálticos como puestos de avanzada anti-soviética. Esto implica que la intervención militar de los Estados bálticos fue para castigar su "política antisoviética", y por no hacer caso a las advertencias de Moscú para corregir ese comportamiento. En última instancia, "las fuerzas políticas leales a la URSS llegaron al poder" en los Estados bálticos en julio de 1940, y "pidieron que sus tres estados se incorporarán a la Unión Soviética." En agosto de ese año, Moscú "satisfizo sus peticiones".

El documento continúa afirmando que la Unión Soviética recuperó Besarabia y el norte de Bucovina en 1940 al presentar un ultimátum a Rumania. Se argumenta que este movimiento (al igual que el ocurrido en los países bálticos) también impidió que Rumania funcionara como una "base de avanzada anti-soviética".  El documento describe a Besarabia (es decir, el corazón de la República de Moldavia entre los ríos Dniéster y Prut, no Transnistria), como "tierra esencial para Rusia", "antigua tierra rusa" ("iskonno Russkaya Zemlya", "drevnerusskaya Zemlya", usando las palabras rusas en su sentido étnico).

Esta afirmación coincide con la reanudación de las negociaciones sobre el conflicto de Transnistria. Que refleja el sentido de Moscú de su derecho a la influencia sobre Moldavia, como tal, no sólo sobre Transnistria. Presuntamente conscientes de las consecuencias, el Gobierno de Moldova, sin embargo, ha eludido responder. Irónicamente, el ultimátum de Moscú del 26 de junio de 1940, describió erróneamente a Besarabia como poblada por mayoría ucraniana, mientras que en la nueva versión recientemente publicada, Kiev se encuentra, incluso el norte de Bucovina (que en realidad es de una población mayoritariamente ucraniana) agrupada con las "tierras rusas", junto a Besarabia.

El documento reconoce abiertamente el pacto soviético alemán de 1939, su protocolo secreto sobre el reparto de las esferas de interés, y la posterior cooperación nazi-soviética de 1941. Con igual franqueza, reconoce "el obvio daño moral y político a la Unión Soviética" producto de estas acciones. Sin embargo, argumenta que valió la pena pagar el precio por las ventajas militares obtenidas. Por lo tanto, "prevaleció el pragmatismo por encima de cualquier duda de carácter ideológico o político-moral."

Directa o indirectamente, en el documento de Moscú, se transmiten algunas "lecciones de historia" a Rusia, a los países interesados, y a sus aliados más lejanos. En primer lugar, que Rusia se considera con derecho a tomar medidas militares "preventivas" contra pequeños países vecinos, con la excusa de que se trata de que son "puestos de avanzada" de alguien más. En segundo lugar, los países que no hacen caso a las advertencias rusas, y se convierten en "bases avanzadas" corren el riesgo de sufrir la represalia rusa. En tercer lugar, que Moscú acepta la responsabilidad moral y política que conlleva el uso o amenaza de fuerza, calculando "pragmáticamente" que los objetivos estratégicos son más importantes que los pasivos de imagen.

Tales "lecciones de la historia" parecen relevantes a la ocupación actual de Moscú de territorios georgianos y moldavos, al repudio al control de armas convencionales, al despliegue gratuito de mísiles  en la región de Kaliningrado, la extensión a largo plazo de las bases militares en Ucrania y Armenia, y las propuestas para crear un mecanismo ruso de intervención militar a través de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva.

Durante la mayor parte de las dos últimas décadas, la diplomacia rusa afirmó que los Estados del Báltico se habían unido a la Unión Soviética de forma voluntaria. Las respuestas de los gobiernos bálticos fueron  siempre de seguridad en sí mismos. Sin embargo en esta última oportunidad, las reacciones bálticas y de Chisinau y Bucarest van desde la cautela hasta el silencio. Moscú puede leer este cambio como un estímulo para continuar con tales "lecciones de historia".

Por Vladimir Socor, Fundación Jamestown, Washington, DC.

Moldavia.org: Russia defends Soviet annexation of Baltic States and Moldova


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