Recuperado tesoro ancestral destruido durante la guerra

por Admin el 3 Agosto, 2010

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BERLIN (AFP) – Cuando durante la Segunda Guerra Mundial, una bomba incendiaria cayó en el museo arqueológico Tell Halaf de Berlín, se desató un infierno y sus estatuas de 3000 años de antigüedad quedaron destrozadas en miles de pedazos.

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Ha tomado nueve años de trabajo para remendar los fragmentos, pero, como el ave Fénix, 60 objetos han resucitado de nuevo, de 27.000 fragmentos de piedra encontradas en las ruinas.

El antiguo tesoro – deidades monumentales de la civilización aramea y placas de relieve que representa escenas de caza – pronto serán mostradas en exposición pública.

Un siglo después de haber sido descubiertas en el desierto de Siria y después de casi 70 años de su bombardeo cuando fueron rotas en miles de fragmentos, los restos fueron recolectados y guardados en los sótanos del Museo Pergamon de Berlín; la historia de la recuperación es en sí misma una historia inverosímil.

"Hemos reconstruido más del 90 por ciento de los artefactos del museo Tell Halaf", dijo el arqueólogo alemán Lutz y director de restauración Lutz Martin, de 56 años.

"De las 27.000 piezas encontradas, sólo han quedado 2.000 sobrantes que no se han podido recolocar, añadió.

El trabajo de verdadero amor al arte, llevada a cabo por un reducido equipo técnico, fue financiado por la familia de banqueros del barón Max von Oppenheim, el diplomático y arqueólogo que descubrió en 1899 por primera vez el palacio arameo de Tell Halaf antes del estallido de la Primera Guerra Mundial en una zona hoy situada en el norte de Siria, en la frontera con Turquía.

Von Oppenheim encontró los restos del palacio cuando ingenieros alemanes trabajaban cerca de la línea ferroviaria de Berlín-Bagdad.

Después de dos campañas de excavaciones, desde 1911 a 1913 y desde 1927 a 1929, llevó muchos de sus hallazgos a Berlín, donde fueron alojados en lo que fue su propio museo.

El edificio fue bombardeado por los Aliados con bombas incendiarias en noviembre de 1943 y todos los artefactos de madera y yeso fueron destruidos. Sólo las estatuas de roca basáltica sobrevivieron al infierno, pero el agua fría utilizada para extinguir el fuego las fracturó casi sin posibilidad de reparación.

"Todo el museo alcanzó temperaturas de más de 1.000 grados (centígrados), y luego se enfrió brúscamente con agua y esto causó un severo estrés en las piedras que simplemente estallaron en mil pedazos", dijo Kirsten Drueppel, un experto del departamento de mineralogía de la Universidad Técnica de Berlín,  que participó en el proyecto.

Reacomodar los fragmentos para reconstruir las estatuas fue un gran desafío técnico.

"Al principio pensábamos que sólo podría ser posible reconstruir una o dos de las piezas más grandes", comenzando con unos leones que estaban en la entrada de la puerta del palacio", dijo Martin.

"No sabíamos hasta dónde llegaríamos, porque no sabíamos cuánto del material original fue recuperado del museo destruido", agregó Stefan Geismeier, restaurador jefe del proyecto.

El equipo consideró el uso de computadoras para resolver sus rompecabezas gigante, pero los costos eran demasiado grandes, los resultados inciertos, y debíamos demostrarles a los patrocinadores que en realidad podríamos juntar las cosas de nuevo.

"Al principio pensábamos que podríamos reconstruir las carcasas externas y rellenar la parte interior con cemento. Pero después de un par de años de trabajo desarrollamos un sentimiento por las estructuras de basalto que decidimos que también podríamos volver a montar las partes internas de manera que los artefactos quedaran más o menos completos ", dijo Martin.

"Pero a diferencia de un rompecabezas corriente, donde las unión de las piezas se ponen más fáciles a medida que se llega al final, las cosas se pusieron más y más difíciles a medida que los restos que quedaban tenían formas amorfas y sólo nos quedaba imaginar donde podría encajar", dijo.

"Esa fue nuestra mayor dificultad", coincidió Geismeier.

Algunas piezas eran tan pequeñas como una uña, otras pesaban tonelada y media. Una de las estatuas, una diosa, se dividió en 1.800 pedazos.

"Y todos los artefactos tenían que ser colocados juntos en una sola operación" para asegurar que todas las piezas quedaran bien montadas", agregó Geismeier.

"A veces también hubo dificultades porque el propio von Oppenheim había puesto las cosas en lugares equivocados. Por error intercambió parte de las patas traseras de un león macho y una hembra, y sólo durante la reconstrucción nos dimos cuenta de cuáles partes de los leones realmente encajaban", dijo .

Una figura como de una diosa fue descubierta intacta por von Oppenheim, pero fue dañada durante la Primera Guerra Mundial cuando sus excavaciones arqueológicas fueron saqueadas. Pliegues de la figura y la nariz fueron cortadas con un hacha.

Pero von Oppenheim había hecho moldes de yeso de la figura, cuando fue descubierta por primera vez y los modelos, llevados a Alemania, los que ayudó a los restauradores no sólo para reconstruir la estatua, sino para darle también la verdadera forma de la nariz.

Si bien los arqueólogos pudieron determinar como encajaban las partes del exterior de los artefactos gracias a las entalladura, para el interior los científicos analizaron el contenido mineral de los núcleos de los fragmentos, sus propiedades, colores y formas para poder recolocarlos", dijo Drueppel.

Las obras restauradas serán expuestas a partir de enero en el Museo Pergamon, antes que un día formen parte de la sala del Cercano Oriente del museo.

Al preguntarle por qué el museo había guardado los restos rotos tanto tiempo en sus sótanos, Martin dijo: "Ustedes saben, los arqueólogos jamás botan nada".

AFP: Ancient treasure rises from Berlin rubble, by Francis Curta


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