Pearl Harbor: las semillas y frutos de la infamia

por Admin el 14 Noviembre, 2011

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Las relaciones con Japón se encontraron tensas desde hacía algún tiempo. El gobierno de Roosevelt estaba plenamente consciente de la dependencia de Japón de las importaciones. Sin embargo, como se sabe, había suspendido hacía mucho tiempo los tratados comerciales de Estados Unidos con ese país.

Desde 1940 el Gobierno japonés tenía que pedir permiso, sobre la base de caso por caso, cada vez que quería importar algo de Estados Unidos.

En julio de 1940 el gobierno prohibió aún más las exportaciones hacia Japón, exigiéndole obtener una licencia para comprar motores de aviones y materiales estratégicos. (Cuando la venta de gasolina de aviación, como se define en Estados Unidos a la de 86 octanos o superior, fue prohibida el 01 de julio de 1940, los japoneses idearon la manera de utilizar la de 76 octanos en sus aviones).

Poco a poco, la administración estadounidense fue apretando el cerco económico alrededor del cuello de Japón, obligando a los japoineses a mirar en otra dirección en busca de los suministros y materias primas que se habían acostumbrado a comprar en los Estados Unidos.

Los japoneses tenían considerables intereses comerciales en el sureste de Asia, especialmente en la Indochina francesa (que en la actualidad comprende los estados de Vietnam, Laos y Camboya). Después de que Francia cayó en junio de 1940, Japón negoció con el gobierno de Vichy en la Francia no ocupada, el permiso para ocupar la Indochina francesa, para hacerse cargo de las bases allí existentes, y para mantener el orden en la zona. El indefenso gobierno de Vichy tuvo que acceder. Como el comercio con Estados Unidos se hizo cada vez más difícil, los intereses de Japón en Indochina ganaron importancia y se volvieron más y más en esa dirección en busca de los alimentos y las materias primas que necesitaba. Los acuerdos comerciales firmados con posterioridad en Indochina aseguraron a Japón el suministro ininterrumpido de arroz, caucho y otras materias primas necesarias.

El Embajador Grew de EE.UU. en Tokio, mantuvo a Roosevelt plenamente informado sobre la precaria situación económica de Japón y su urgente necesidad de importaciones. El Jefe de Operaciones Navales (CNO) Stark le advirtió al presidente del peligro de imponer un embargo de petróleo a Japón. Stark advirtió "haciéndole saber al Departamento de Estado en términos no inciertos que en mi opinión, si el suministro de petróleo a Japón se corta, ellos irían a la guerra." Él no quiso decir "necesariamente con nosotros, pero … si su vida económica fuera ahogada y estrangulada por la incapacidad para obtener petróleo, se verían obligados a ir a algún lugar para tomarlo … y si yo fuera japonés, haría exactamente lo mismo."

Muchas personas, incluyendo Eleanor Roosevelt, esposa del presidente, estaban preocupadas por lo que Japón podría estar planeando. En el otoño de 1940, le preguntó a su esposo acerca de la continuación del suministro de petróleo a Japón. Franklin Delano Roosevelt le respondió a Eleanor el 13 de noviembre de 1940,

“La verdadera respuesta, que no se puede dar a conocer, es que si se prohíben los envíos de petróleo a Japón, los japoneses aumentarán sus compras de petróleo mexicano y, además, serán empujados por la necesidad a mirar hacia las Indias Orientales Holandesas. En este escrito, todos lo que se refiere a dicha acción de nuestra parte, será un estímulo para la expansión de la guerra en el Lejano Oriente. [Firmado] F.D.R.”

Así, Roosevelt estuvo muy consciente desde hacía mucho tiempo que detener la exportación de petróleo a Japón estaba lleno de peligros. Japón temía que sus activos en Estados Unidos pudieran ser congelados, por lo que su situación económica era aún más peligrosa.

En febrero de 1941 el embajador británico en Tokio, Sir Robert Craigie, comunicó por cable a su Ministerio de Asuntos Exteriores en Londres, que Japón pronto se movería en contra de la posesión de Gran Bretaña en Singapur, para entonces un enlace vital en las relaciones comerciales y las comunicaciones entre Gran Bretaña y sus dominios y colonias de ultramar. Anthony Eden, secretario de Estado británico de Asuntos Exteriores, convocó al embajador japonés en Londres, Mamoru Shigemitsu, a su oficina, y le dio "una profunda reprimenda" sobre los "extravagantes y sensacionalistas telegramas" que emanaban de la embajada británica en Tokio.

Cuando Eugene H. Dooman, asesor caso por caso de EE.UU. en la embajada en Tokio, se comunicó con Chiuchi Ohashi, viceministro japonés de Asuntos Exteriores, Ohashi le dijo que "no hay verdad alguna en las suposiciones de Sir Robert Craigie." Ohashi dijo que "en repetidas ocasiones le dijo a Sir Robert que Japón no se movería hacia Singapur o hacia las Indias Orientales Holandesas," a menos que nosotros (los japoneses), fuéramos forzados (por la imposición de los embargos de Estados Unidos)."

Sin embargo, Ohashi llegó a decir que "si los desórdenes surgidos en Indochina sobrepasan el poder de los franceses para controlarlos… se verían obligado a intervenir para reprimir esos desórdenes". La afirmación de Ohashi fue un recordatorio más del peligro inherente a la imposición de embargos sobre Japón.

Ludwig von Misses Institute: US-Japanese Relations before WWII

Exordio: Situación política en el Pacífico en 1941

Exordio: Expansionismo japonés en el pèríodo 1920-1941


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