Operación Mincemeat: Cómo un vagabundo muerto engañó a Hitler

por Admin el 3 Diciembre, 2010

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Por Lane Megan. BBC News Magazine

Durante la Segunda Guerra Mundial, los alemanes cayeron en un audaz complot británico para hacer pasar un vagabundo muerto como un funcionario que llevaba documentos secretos. ¿Cómo – y todavía se usan hoy en día tácticas similares?

El veneno para ratas no le da una muerte fácil a los desesperados. Pero así fue como Glyndwr Michael, sin empleo y sin hogar, acabó con su vida en el invierno de 1943.

Encontrado en un almacén abandonado en King’s Cross, Londres, en una fría noche de enero, su certificado de defunción señaló la causa de la muerte como "intoxicación por fósforo. Tomó veneno para ratas – decidido a suicidarse, no estando en su sano juicio".

Él no fue enterrado en la capital, ni en su ciudad natal en el sur de Gales. En vez de eso, el médico forense dijo que iba a ser "retirado de Inglaterra" para su entierro.

Y cómo. Porque Glyndwr Michael murió por segunda vez – con una muerte que ayudó a cambiar el curso de la Segunda Guerra Mundial.

Después de tres meses en hielo en la Morgue Hackney, su cuerpo fue enviado a la costa del sur de España como parte de un elaborado complot para engañar a los alemanes.

Los oficiales de inteligencia, Charles Cholmondeley y Ewen Montagu, transformaron cuidadosamente el cadáver en un soldado – el ficticio capitán William Martin – para quien se pasaron meses creándole un pasado verosímil.

En sus bolsillos se puso un documento de identidad, talonarios de boletos y recuerdos de una novia. Encadenado a su muñeca había un maletín que contenía una carta marcada "PERSONAL Y MÁXIMO SECRETO", identificando a Grecia como el lugar para la invasión por las fuerzas aliadas. Grecia era un blanco simulado – el verdadero plan era invadir Sicilia.

Cuando fue encontrado flotando cerca del puerto de Huelva, el cadáver se supuso que era el de un correo militar británico que había fallecido en un accidente aéreo. Las autoridades españolas aceptaron un entierro rápido – debido al calor y el hedor de la descomposición – y se colocaron sus pertenencias bajo llave.

Y así, el alcohólico personaje galés sin hogar, llegó a ser enterrado con honores militares en un cementerio español iluminado por el sol, bajo una lápida donde se puso el nombre de William Martin, RM – por "Royal Marines".

Michael/Martin no era más que un apoyo en la Operación Mincemeat, idea original de Ian Fleming, y puesta en acción por Cholmondeley y Montagu, "pensadores sacacorchos" de Churchill en la Oficina de Guerra.

El investigador forense de St Pancras estuvo en esto, proporcionó un cuerpo adecuado, sin lesiones visibles, y falsificó documentos para sugerir que su familia había aceptado el plan.  No fue así, porque sus padres estaban muertos.

Como corresponde a un engaño inventado por un novelista, la historia real del oficial de ficción se convirtió en una película de Hollywood. "The Man Who Never Was" (El hombre que nunca existió), estrenada en la década de 1950, después que Montagu escribió un libro acerca de la estratagema.

Una enmarañada red
Pero, ¿por qué España? Aunque aparentemente neutral, estaba llena de espías alemanes. El cadáver iba a ser el cebo para un minucioso y bien conectado agente alemán, pero carente de imaginación, que operaba en la zona – Adolf Clauss.

La esperanza británica fue que los documentos falsos llevados por el falso oficial serían suficientemente convincentes como para ascender por la cadena de mando hasta el mismo Hitler.

En ese momento, la balanza de la guerra estaba inclinada hacia Alemania que todavía ocupaba grandes extensiones de Europa y Rusia.

"Este fue un período en el que había un montón de espionaje y dobles simulaciones", dice Amyas Godfrey, del Royal United Services Institute.

"Había otros engaños, como un mago enviado al norte de África para crear un ejército de falsos tanques con material inflable o de madera y cartón.

"Pero Mincemeat fue excepcional como el mayor lanzamiento de dados. Fue una operación extraordinaria en tiempos extraordinarios. la consigna fue – háganlo una vez y háganlo bien."

Y los británicos tuvieron un as en la manga, dice Ben Macintyre, cuyo libro Operación Mincemeat es ahora un documental en la BBC.

"Estábamos, gracias a los rompedores de códigos de Bletchley Park, leyendo prácticamente el correo de los alemanes. Sabíamos lo que Hitler estaba pensando hora por hora".

Gracias al éxito del desciframiento del código alemán Enigma, Bletchley Park podía leer los comunicados de máximo secreto entre Hitler y sus fuerzas. Estas intercepciones le dieron a Montagu y su equipo las ideas sobre los jugadores clave en el campo enemigo, y les permitió mantener el progreso de su plan.

"Dudo que este plan sería factible hoy en día, incluso en tiempos de guerra", dijo Macintyre. "Imagínese el escándalo si se revelara que agentes británicos hubieran robado deliberadamente un cadáver. Una de las razones por las que funcionó tan bien, fue que los organizadores trabajaban independientemente para seguir adelante con sus planes, casi sin supervisión."

Pero Cholmondeley y Montagu estaban entrenados para esos asuntos.

Antes de Mincemeat, habían creado una red de agentes dobles y ficticios para alimentar a la desinformación de los alemanes. Esos espías fueron imaginados, como Michael/Martin, creándole puestos de trabajo, aficiones, familia, amantes y gerentes de bancos. Los alemanes creían haber establecido una red de espionaje en el Reino Unido – en realidad, no tenía ninguna.

Como la recientemente puesta en circulación Wikileaks revela, las debilidades de los homólogos extranjeros es una parte integral de la recogida de información. Así como la filtración de los cables de EE.UU. contienen retratos poco halagadores de los líderes extranjeros, los documentos de la Segunda Guerra Mundial, desclasificados por Gran Bretaña de los archivos de inteligencia muestran detalles de las principales peculiaridades del carácter del los líderes alemanes.

Tanto mejor para utilizarlos al momento de negociar – o para buscar engañarlos.

"Los autores de Mincemeat basaron una gran parte de su planificación en las personalidades de los espías alemanes. Esto tiene una fuerte resonancia moderna con los cables diplomáticos filtrados, con el énfasis que se pone en el conocimiento de la personalidad del homólogo extranjero," dijo Macintyre de la Revista de Noticias a la BBC.

La práctica de engañar
Después de una más o menos tensa semana – le llevó  a los alemanes varios intentos para obtener la vista del contenido del maletín – las fotografías de los documentos falsificados llegaron al escritorio de Hitler. Él se dejó engañar, y trasladó una División Panzer con todo – incluyendo 90.000 soldados – a Grecia.

Montagu y su equipo le enviaron un telegrama a Churchill: "Se tragaron el cebo, el anzuelo, la cuerda y la caña de Mincemeat."

Y así, a principios de julio, los Aliados atacaron Sicilia. La isla se redujo a sólo una fracción de las víctimas que temían y de las pérdidas de buques británicos calculadas.

"Mussolini pronto fue derrocado del poder", dijo Macintyre. "Obligados a hacer frente a esta invasión Aliada del sur, Hitler canceló una enorme ofensiva contra los soviéticos. Los alemanes estaban ahora a la defensiva. El Ejército Rojo no se detuvo hasta que llegó a Berlín."

La marea de la guerra se volvió – gracias, en parte, al cuerpo de un vagabundo a la deriva en el Mediterráneo.

BBC: Operation Mincemeat: How a dead tramp fooled Hitler

Exordio: Operación Mincemeat (Carne Molida)


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