Murió John Cullen, marinero que detectó espías en EEUU

por Admin el 3 Septiembre, 2011

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En la primavera de 1942, el marinero John Cullen fue asignado a una de las tareas menos glamorosas de los guardacostas de Estados Unidos en la guerra.

El marinero Cullen era un "moledor de arena", el término de los guardacostas para quienes patrullaban las playas en busca de submarinos alemanes al acecho o tal vez alguien o algo sospechoso en la arena.

"De vez en cuando usted podría encontrarse con alguien, pero era muy raro", le dijo el Sr. Cullen, quien falleció el lunes pasado, a un entrevistador de la Historia de la Guardia Costera en el año 2006, recordando sus patrullas en la costa este de Long Island, cerca de su estación en Amagansett.

El viernes 13 de junio de 1942, el marinero Cullen estaba de patrulla media hora pasada la medianoche, "con tanta neblina que no podía ver mis zapatos."

Vio una figura en la niebla y los contornos de otras tres personas detrás de él. "¿Quiénes son?" Gritó, alumbrando con su linterna al grupo y mostrando su insignia de la Guardia Costera.

El hombre más cercano le dijo que él y sus compañeros eran pescadores que habían naufragado. Hablaba en un inglés bastante bueno, pero uno de ellos, que arrastraba una bolsa, le gritó algo en alemán.

El marinero Cullen estaba sólo "armado" con una pistola de bengalas para el envío de señales cuando se encontró con quienes él pensó que sin duda eran espías alemanes. Momentos más tarde, se apartó de los hombres y corrió de regreso a su puesto para dar la alarma. Dirigió a una patrulla armada de compañeros guardacostas al lugar donde se había encontrado con los cuatro desconocidos. Se habían escapado, pero los guardacostas desenterraron unos explosivos que habían enterrado.

Así comenzó la búsqueda de los saboteadores que el espionaje alemán habían enviado en submarinos a EEUU en un complot para volar instalaciones ferroviarias y plantas de la industria de guerra.

Ocho hombres – los cuatro que llegaron a Long Island y otros cuatro que llegaron a Florida – fueron arrestados antes de que el sabotaje pudiera llevarse a cabo, y el marinero Cullen se convirtió en un héroe.

El Sr. Cullen, que tenía 90 años, murió de insuficiencia cardiaca congestiva en Chesapeake, Virginia, dijo su hija, Jean McLaughlin. Se había retirado con su esposa, Alice, en la década de 1990; después de trabajar como representante de ventas de una empresa de productos lácteos en Long Island, fueron a vivir a Westbury.

John Cornelius Cullen nació el 2 de octubre de 1920 en Manhattan, pero se crió en Queens. Se alistó en la Guardia Costera unas pocas semanas después del ataque japonés a Pearl Harbor.

Unos minutos después de haber sido descubiertos los supuestos pescadores, esa noche nublada en junio de 1942, el líder del grupo, dejando de lado toda pretensión, le preguntó al marinero Cullen si tenía una madre y un padre que lamentarían su pérdida. El hombre no mostró un arma, pero dijo: "Yo no quiero tener que matarte."

Pero entonces el tono cambió. El hombre le ofreció marinero Cullen lo que dijo que eran 300 dólares, diciendo: "¿Por qué no olvidamos todo este asunto?" Al ver la oportunidad de escapar, el marinero Cullen, tomó el dinero, le prometió que nunca identificaría a los hombres y echó a correr para pedir ayuda. (Luego descubrió que le habían engañado, le habían dado 260 dólares.)

Por la mañana, los cuatro agentes alemanes, menos sus explosivos, tomaron el tren de Long Island a Manhattan para llegar a la estación Pennsylvania. Una semana después, el líder del grupo, George Dasch, preocupado por su encuentro con el marinero Cullen, viajó a Washington y se entregó al FBI.

Eso condujo a la redada de sus compañeros de la Operación Pastorius, por el nombre de Franz Pastorius, que en 1683 inició la colonización alemana en América.

En un juicio militar secreto en Washington, el marinero Cullen identificó a Dasch como el hombre que había encontrado en la playa. Seis de los ocho saboteadores fueron ejecutados el 8 de agosto de 1942. El señor Dasch y otro conspirador que colaboró con él, fueron condenados a penas de prisión y deportados a Alemania Occidental después de la Segunda Guerra Mundial.

El marinero Cullen se vio envuelto en la maquinaria publicitaria de la Guardia Costera. Fue mostrado en conferencias de prensa para contar su aventura, apareció en desfiles, lanzamientos de buques y campañas de venta de bonos de guerra, y recibió la condecoración Legión al Mérito. Permaneció en Estados Unidos durante la guerra como chofer de oficiales de alto rango de la Guardia Costera, después dejó el servicio.

Además de su hija, el marinero Cullen es sobrevivido por su esposa, Alice, un hijo, Wayne, sus hermanas, de May Donnelly y Edna Beaver, cinco nietos y seis bisnietos.

Durante el alboroto sobre la historia de espionaje, un empleado del departamento de personal de Macy’s en Herald Square, que había contratado a Cullen como ayudante de repartidor antes de su enlistamiento en la Guardia Costera lo describió en el diario The New Yorker como "un buen y típico muchacho estadounidense, con un comportamiento modesto."

El marinero Cullen le restó importancia a la calificación de héroe cuando apareció en una conferencia de prensa de la Guardia Costera en 1942. "El alemán estaba nervioso", dijo, "pero creo que yo estaba mucho más nervioso que él".

The New York Times: John Cullen, Coast Guardsman Who Detected Spies, Dies at 90

Exordio: Operación Pastorious – Saboteadores alemanes en EEUU


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