Las radios de Galena en el frente

por Admin el 23 Enero, 2007

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Hace muchos, pero muchos años atrás, mi abuelo me contó cómo en compañía de condiscípulos hacían receptores para escuchar las emisiones de radio allá por fines de los años 20 en la Universidad de Ginebra en Suiza, donde él estudiaba. Obviamente la radio no estaba tan desarrollada como ahora y no todo el mundo podía tener un receptor. Pero muchos construían receptores con galena, limaduras de hierro o metales oxidados a modo de detector de las ondas que viajaban por el Éter. Años después, alrededor de 1937, mi abuelo compró en Alemania dos modernos radios Volksempfänger DKE38 por 35 marcos cada uno, los cuales más tarde llevó consigo de Berlín a Stuttgart y después a Londres. Los radios de Galena pasaron a la historia. Finalmente, en 1958, mi abuelo me obsequió uno de esos dos receptores, que por cierto era “el que no funcionaba”. Pero, esa es otra historia, lo que nos interesa ahora son los radios de galena o de “hojillas de afeitar” y su aplicación durante la guerra.

El grupo de amigos construían los radios de Galena “como mandaba la técnica”: sobre una base de madera, con una bobina hecha en un tubo de “bakelita” (el plástico de la época) o cartón enrollado y unas 100 vueltas de alambre esmaltado de un viejo transformador. Entre todos los estudiantes que participaban en el “Proyecto” compraban un trozo de galena en la tienda de Telefunken y para mejorar el receptor, más tarde un “condensador variable”. No era raro, que alguno de los compañeros de clase apareciera un día con una bobina “comercial” con cursor para variar la inductancia. Pero todo el proyecto no podía comenzar mientras alguien no apareciera primero con un auricular de teléfono. Erigir la antena era todo un proceso que comenzaba con la solicitud del permiso correspondiente, que obviamente era denegado con absoluto dogmatismo suizo, “porque no se podía permitir cambiar la ornamentación de la Universidad con alambres colgando como tendederos de ropa”, a pesar que la residencia estudiantil estaba en un local anexo. El ingenio superó la barrera, descolgando el alambre desde el segundo piso con un peso debajo durante las noches, asunto sin mayor importancia porque la emisiones eran nocturnas, generalmente a las 9PM. Ah! y la conexión de tierra fue disimulada convenientemente, desde un tubo de agua que pasaba por el jardín, subiendo conspicuamente por la pared hasta las habitaciones, trabajo hecho con la “colaboración” del jardinero que aceptó una “pequeña contribución” después de muchos ruegos.

Radios de Galena en el Frente (1)
Radios de Galena en el Frente (2)


LIBRO: Blast from the Past: A Pictorial History of Radio’s First 75 Years por B. Eric Rhoads. 
Edith Piaf

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