Las bases militares estadounidenses en Groenlandia

por Admin el 10 Abril, 2017

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The Artic Journal – La Segunda Guerra Mundial tuvo consecuencias significativas para Groenlandia. Por primera vez en varios cientos de años, Groenlandia abrió sus puertas a otro país que no fuera Dinamarca, a saber: los Estados Unidos para quien la guerra despertaba un aumento en el interés estratégico de Groenlandia. El embajador de Dinamarca en Washington, Henrik Kauffmann, firmó un acuerdo en 1941, permitiendo a los Estados Unidos construir bases y estaciones militares en Groenlandia.

Sin embargo, el acuerdo fue intencionalmente vago cuando respecto a su duración. En el mismo, se dice:

“Este acuerdo se mantendrá en vigor hasta que se acuerde que los peligros de hoy contra la paz y la seguridad del continente Americano hayan pasado.”

Dice Bo Lidegaard, un historiador danés que ha realizado una amplia investigación sobre asuntos de seguridad daneses-estadounidenses y groenlandeses: "Obviamente, es inconveniente tener que llegar a un acuerdo sobre las condiciones para la terminación del contrato. Porque significa que mientras una de las partes no esté de acuerdo, no puede ser terminado. Y ese fue el punto en este trámite."

Terminada la guerra, uno podría haber pensado (y el gobierno danés, ciertamente lo hizo) que la presencia estadounidense en Groenlandia ya no era necesaria. Pero aunque el gobierno había quedado abiertamente furioso por las condiciones del acuerdo de 1941, cuando fue firmado por su rufián embajador, la situación era diferente en ese momento. (N.T.: debido a la firma inconsulta del acuerdo, en Copenhagen, el embajador Henrik Kauffmann recibió cargos por alta traición). El esfuerzo de guerra estadounidense fue crucial para la liberación de Europa, y Dinamarca estaba tratando de ganar estatus como un aliado, a pesar de la política danesa condescendiente hacia Alemania. Ese no era el momento para desafiar a los Estados Unidos (Pese a todo Dinamarca respetó el acuerdo firmado por su embajador). Estrategias más sutiles fueron aplicadas por el gobierno danés, pero todo fue en vano.

Dice Mr Lidegaard: "Después de un par de años, los daneses pensaron que el tiempo para que los estadounidenses abandonaran Groenlandia había llegado. Dinamarca quería reinstaurar su política de neutralidad, por no mencionar la soberanía militar sobre Groenlandia. Sin embargo Dinamarca comenzó con cautela, dando a entender que podría ser el momento para estar de acuerdo en que el peligro había pasado, de repente los estadounidenses hicieron oídos sordos ante la demanda. Y como Dinamarca habló aún más fuerte, Estados Unidos se hizo más sordo todavía. Al final, el Ministro de Relaciones Exteriores, viajó a Washington para decirle al Secretario de Estado, directamente, que había llegado el momento de renegociar. La respuesta, en paráfrasis, fue una sobre la cual el Embajador Kauffmann ya había sido advertido que iba a venir: "Si es más conveniente para usted que compremos Groenlandia, eso no es ningún problema. Ustedes tienen un déficit de divisas, dígannos cuantos dólares en oro usted desean, y el asunto quedará resuelto de inmediato. Con esto, el Secretario de Estado estaba diciendo dos cosas: uno, el presente acuerdo no será terminado, y dos, que están dispuestos a comprar Groenlandia si ustedes consideran que la situación actual es una molestia. Es decir, o ustedes aceptan la presencia de los Estados Unidos, o pierden Groenlandia. Era una oferta que no se podía rechazar: una demostración de poder."

Frente a esto, era poco lo que Dinamarca podía hacer. De los dos males, se optó por el menor, mantener a Groenlandia, y soportar a los estadounidenses y todo lo demás. Porque una de las razones por las que Dinamarca no quería enojar a los EEUU fue la misma razón por la que Estados Unidos tenía un creciente interés en Groenlandia: la Unión Soviética. Al igual que Estados Unidos, la Unión Soviética había surgido de la Segunda Guerra Mundial no sólo como un vencedor, sino como una superpotencia. Y no pasó mucho tiempo antes de que esas dos potencias cayeran en una relación de competencia y de desconfianza mutua, que desembocó en la Guerra Fría. Esta fue consolidada en 1949, cuando se creó la OTAN con los Estados Unidos como su fuerza líder. Dinamarca también firmó el tratado, rompió con la neutralidad y quedó vinculada a la estrategia de defensa estadounidense.

Dice Mr Lidegaard: "Uno de los principales argumentos daneses para la firma del Tratado del Atlántico Norte fue que con ello se iba a resolver el problema de Groenlandia. Al convertirse en un aliado de los Estados Unidos, Dinamarca podría asumir las bases y hacerlas disponibles a los Estados Unidos si fuera necesario. Al unirse a la OTAN, los políticos daneses pensaron que podían restablecer la soberanía danesa sobre Groenlandia."

Sin embargo, esa no fue la forma como se desarrolló el juego. En una entrevista registrada en los Archivos del Instituto Danés del Ártico, Robert "Bob" Sykes, un funcionario de la Oficina del Clima de Estados Unidos, estacionada en Groenlandia durante y después de la guerra, explica que Estados Unidos quiso entregar la soberanía sobre las estaciones meteorológicas a Dinamarca, pero manteniendo la presencia militar estadounidense en las bases como Bluie Oeste 1 y 8, y los aeropuertos de Narsarsuaq y Kangerlussuaq.

"Estos asuntos de la continuidad y la expansión en el Ártico desembocaron en algún tipo de apoyo debido a la continuación de las actividades de tiempo de guerra. En otras palabras: Corea y la Guerra Fría, por ejemplo."

El estallido de la Guerra de corea en 1950 acentuó la tensión de la Guerra Fría, así como también el aumento del interés estratégico de Estados Unidos en Groenlandia… Pero eso ya es otra historia…

The Artic Journal – The air base: The Americans arrive


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