Las absurdas Bases de EE.UU. en Japón

por Admin el 7 Septiembre, 2011

en Otros temas

The Consortium News
Por Robert Higgs

Anticipándose a un retorno al poder después que los republicanos ganen las elecciones en el 2012, los neoconservadores están ahora en un juego de retraso para detener cualquier recorte serio en el presupuesto militar de EE.UU., incluyendo la red mundial de bases militares, hasta en países como Japón, donde – como señala Robert Higgs – las razones de seguridad nacional han desaparecido hace mucho tiempo.

Después de que el gobierno japonés se rindiera a los estadounidenses y sus aliados en 1945, los militares de EE.UU. ocuparon las islas japonesas y gobernaron el país durante varios años. A su debido tiempo, sin embargo, la situación de Japón se normalizó, y, por otra parte, en 1946 los japoneses adoptaron una nueva constitución que renuncia a la guerra como instrumento de la política nacional.

La Constitución dice: "Como aspiración sincera a una paz internacional basada en la justicia y el orden, el pueblo japonés renuncia para siempre el hacer uso de la guerra como derecho soberano de la nación y de la amenaza o el uso de la fuerza como resolución en conflictos internacionales. (2) Para llevar a cabo el objetivo del párrafo anterior, nunca se mantendrán fuerzas de tierra, mar o aire, así como otro potencial de guerra. No se reconocerá el derecho a la beligerancia del estado."

En ese momento, Japón ya no representaba una amenaza, o incluso una potencial amenaza a los Estados Unidos, aparte de la amenaza que se desarrolló después cuando los japoneses comenzaron a vender superiores automóviles y equipos electrónicos de consumo, entre otras cosas, a los consumidores estadounidenses.

Sin embargo, los yanquis nunca salieron de Japón. Hoy sus instalaciones militares siguen allí, 66 años después de la rendición de Japón. Esas bases son atendidas por unos 36.000 militares de EE.UU. y más de 5.000 civiles estadounidenses contratados por el Departamento de Defensa de EE.UU..

Alrededor de tres cuartas partes de las bases militares de EE.UU. en Japón se encuentran en las islas de Okinawa, donde se realizó la batalla más encarnizada de la guerra del Pacífico en la primavera de 1945, causando terribles pérdidas en ambos lados, incluyendo a muchos miles de civiles muertos, y la destrucción de cerca del 90 por ciento de los edificios de las islas.

Como si la devastación de la guerra no fuera suficiente, el personal militar estadounidense en Okinawa, desde 1945, se ha convertido en una molestia crónica para la población local, perpetrando crímenes que van desde los accidentes automovilísticos, tales como atropellar y escapar, hasta los asaltos y violaciones. Los aviones de EE.UU. a veces se estrellan en zonas civiles.

La mayoría de los habitantes de Okinawa desean fervientemente de que esos ocupantes estadounidenses indeseados, aparentemente permanentes, se vayan. Y así debe ser, de hecho, deberían haberlo hecho hace mucho tiempo.

Sin embargo, muchos importantes funcionarios de EE.UU. y muchos moldeadores de opinión pública han insistido y siguen insistiendo en que, aunque Japón no supone una amenaza para los Estados Unidos, el mantenimiento de las fuerzas de EE.UU. en Japón sirve para proteger a los estadounidenses de otras amenazas, como la planteada por parte de China.

Sin embargo, la idea de que los chinos, cuyas exportaciones dependen en gran parte de las compras estadounidenses y que actualmente poseen más de 1 billón de dólares en bonos del Tesoro de EE.UU., deseen atacar militarmente a Estados Unidos, cada día parece algo muy absurdo.

Esta descabellada historia es, sin embargo, el tipo de historia que los neoconservadores gustan contar a sus hijos a la hora de acostarse, cuando los pequeños pícaros ya están cansados de la tan cacareada inminencia de un ataque nuclear iraní.

Mantener fuerzas militares de EE.UU. en Japón, así como mantenerlas casi en todas partes del mundo, sirve principalmente para preservar el imperio global de bases que le dan a los generales y almirantes de EE.UU. lujosos comandos y a los políticos de EE.UU. en el Pentágono y el Departamento de Estado, algo con que jugar cuando se quedan sin ideas sobre cómo hacer que el mundo sea más pobre y más peligroso.

Al mismo tiempo, sin embargo, el gobierno de EE.UU., que debe pedir prestado el 40 por ciento de los dólares que gasta y que una vez que su sistema de seguridad sin riesgo han descendido a la categoría de basura, debe gastar cientos de miles de millones de dólares cada año para mantener sus fuerzas imperiales en el extranjero.

Incluso si estas bases en el exterior tuvieran una razón real de ser, que en su mayor parte no las tienen, la realidad es que el gobierno ya no puede permitirse el lujo de mantenerlas.

La solución parece ser obvia: Yankee, go home!

Robert Higgs es Asociado Senior en Política Económica para The Independent Institute. Recibió su doctorado en Economía de la Universidad Johns Hopkins, y ha impartido clases en la Universidad de Washington, Lafayette College, la Universidad de Seattle y la Universidad de Economía de Praga. Es autor de numerosos libros, incluyendo La Depresión, La Guerra y La Guerra Fría.

ConsortiumNews: The Absurd US Bases in Japan


Artículo anterior:

Siguiente artículo: