La vida del submarinista

por Admin el 17 Enero, 2017

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Por James Elphick  – The Warrior – Aunque hoy en día han mejorado mucho las comodidades en los submarinos, los marineros que patrullaban los océanos durante la Segunda Guerra Mundial tenían una vida muy diferente al de sus contrapartes modernos.

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Nadie ha afirmado nunca que la vida a bordo de un buque de la Armada de los Estados Unidos fuera cómoda. Incluso en los buques de guerra más avanzados de la actualidad el espacio vital es muy estrecho. Aunque hoy en día han mejorado mucho las condiciones de vida, los marineros que patrullaban los océanos en la Segunda Guerra Mundial tenían una vida muy diferente al de sus contrapartes actuales.

Por un lado, los submarinos de la Segunda Guerra Mundial eran mucho más pequeños. Eran cerca de 18 metros más cortos que un submarino moderno.  Los de la clase Gato y Balao de los E.E.U.U. que operaron durante la Segunda Guerra Mundial, tenían un desplazamiento de sólo un tercio de los modernos submarinos de la clase Virginia.

En ese pequeño espacio, unos 60 a 80 marineros tenían que hacer lugar para ellos, su equipo y sus provisiones durante unos 75 días.

Cada tripulante tenía sólo 28 centímetros cúbicos de espacio para almacenamiento personal a bordo del submarino. Cada miembro de la tripulación también tenía una litera, todas dispersas a lo largo de los muchos compartimientos de la nave, incluyendo las salas de torpedos. Unos 14 hombres vivían hacinados en la sala de torpedos de proa junto con 16 torpedos.

Un submarino de ese tamaño simplemente no tenía espacio suficiente para almacenar todas las provisiones necesarias para una larga patrulla. Para acomodar, las cajas de equipo, comida y otras cosas, los marineros tenían que ingeniárselas para acomodar los suministros donde se pudiera, las duchas, la sala de máquinas, incluso en la cubierta hasta que hubiera espacio para meterlas dentro.

A pesar de todo, hubo una ventaja. Debido a la naturaleza peligrosa y agotadora del trabajo submarino, la Armada hizo su mejor esfuerzo para asegurar que los submarinistas obtuvieran la mejor comida que la marina de guerra podía ofrecer. También encontraron espacio para instalar un congelador para helados como un pequeño lujo para la tripulación.

Por desgracia, no había mucho tiempo ni espacio para disfrutar de esa comida. La mayoría de las veces los hombres tenían la suerte de gozar de apenas diez minutos para comer, durante los tres cambios de guardia del barco, pasando por la estrecha cocina durante ese corto período de tiempo.

El momento para servir la comida era a menudo dictado también por las restricciones de los movimientos del submarino. Los submarinos estaban bajo órdenes estrictas de no navegar en la superficie durante el día, mientras se encontraran dentro de las 500 millas de un campo de aviación japonés para evitar el ataque y la observación aérea. Durante los primeros días de la guerra en el Pacífico esto significaba casi que no había donde navegar sin ser avistados  porque los japoneses estaban en control de grandes extensiones de mar y territorio.

Esto obligaba a que los submarinos se quedaron sumergidos durante el día y sólo salieran a la superficie durante la noche. Para compensar, muchas tripulaciones cambiaban sus horarios haciendo sus rutinas diarias normales por la noche. Las tripulaciones llamaban a esta situación  "ir en reversa". Esto permitió a los marinos aprovechar el tiempo en el que el submarino navegaba en la superficie.

Esto era importante porque antes de sumergírse impulsado por los motores eléctricos, después de operar con sus motores diesel durante horas el barco se calentaba rápidamente. La temperatura del motor diesel podía elevarse a más de 100 grados, calor que se propagaba a través de toda la nave. Combinando con la respiración de 80 hombres trabajando, el aire en el interior rápidamente podía convertirse en fétido.

Los hombres sabían que el aire estaba poniéndose irrespirable cuando tenían problemas para encender sus cigarrillos debido a la falta de oxígeno (!Qué ironía¡).

Para empeorar las cosas, había poca agua disponible para el baño y en patrullas largas la mayoría de los hombres sólo se bañaban cada diez días o algo así.  Los servicio de lavandería eran impensables. Debido a estas condiciones los submarinos desarrollaron un olor único, una combinación de olores de combustible diesel, sudor, cigarrillos, aceite hidráulico, vapor de la cocina y de las aguas residuales de los baños.

En los submarinos más viejos, de la época de la Primera Guerra Mundial o barcos-S, a los que se les refiere a menudo como "barcos chiqueros", las condiciones eran incluso peores. Sin ventilación adecuada, los olores eran aún más fuertes. Esto también condujo al crecimiento de moho en todo el barco, así como la reproducción de grandes cucarachas que los marineros nunca lograban erradicar.

Como si las condiciones de vida no fueran malas de por sí, además las tripulaciones tenían que navegar sus barcos en aguas hostiles, a menudo en solitario, para atacar al enemigo.

Los submarinos a menudo iban a la caza de los mercantes, pero a veces tenían que enfrentarse a buques de superficie enemigos. Una vez que avistaban a un submarino, las naves enemigas lo atacaban con cargas de profundidad.

De los 263 submarinos que hicieron patrullas de guerra en la Segunda Guerra Mundial, 41 de ellos fueron hundidos por acción enemiga mientras otros once se perdieron en accidentes o por otras razones. Esto fue casi uno de cada cinco submarinos, haciendo el trabajo del submarinista uno de los más peligrosos de la guerra.

Otro peligro que los submarinos tenían que enfrentar era el ser blanco de sus propios torpedos. Debido a problemas, los primeros torpedos MK 14,  tenían una tendencia a hacer un giro de 360 grados y volver al submarino que lo disparó. Al menos un submarino, el USS Tang, fue hundido de esta forma.

A pesar de los peligros los submarinos estadounidenses se desempeñaron admirablemente. En el Pacífico, esas naves hundieron casi 1.400 buques japoneses de diferentes tipos, con un total de más de 5,5 millones de toneladas.

También rescataron a 504 aviadores caídos al mar. Los submarinos también evacuaron a personas claves de las áreas de peligro, incluyendo el Alto Comisionado de los Estados Unidos y al presidente Quezon de Filipinas.

Durante las misiones especiales, los submarinos desembarcaron partidas de reconocimiento en las costas enemigas y en algunos casos utilizaron sus cañones de 5" en cubierta para bombardear las posiciones enemigas.

Era bien sabida la valentía de los submarinistas en la Segunda Guerra Mundial. Mediante Citaciones Presidenciales se otorgaron 36 veces condecoraciones a tripulaciones de submarinos. Siete capitanes de submarinos fueron galardonados con la Medalla de Honor por sus acciones en el mar.

Scout: Serving Aboard WWII Submarines Was Brutal


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