La sórdida historia de las pruebas atómicas secretas de Gran Bretaña en Australia

por Admin el 1 Febrero, 2018

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La aparición de la bomba atómica cambió dramáticamente el curso de la historia del mundo y, aún hoy, se cierne como una amenaza de catástrofe global. Desde 1956 a 1963, Gran Bretaña probó armas nucleares en Maralinga, al Sur de Australia, realizando cientos de diferentes experimentos. Las pruebas se tradujeron en enfermedades y muerte para los locales de las poblaciones indígena, sin embargo, durante muchos años, el hecho de que estas pruebas tuvieron lugar se mantuvieron en secreto para el público australiano.

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Maralinga, está situada en el sur de Australia, a unos 800 km al noroeste de Adelaida, y fue el hogar tradicional de los Tjarutja Maralingas. Durante ocho años, el gobierno británico llevó a cabo pruebas nucleares en la región, con el propósito de comprender mejor los efectos de las armas nucleares. Sin embargo, pese al controvertido uso de las armas explícitamente conocidas desde el final de la Segunda Guerra Mundial, los experimentos se mantuvieron en absoluto secreto.

No fue sino hasta 1970, cuando Avon Hudson, miembro de la Real Fuerza Aérea Australiana, que reveló el alcance de las pruebas de los británicos y posteriormente el pobre esfuerzo para limpiar la zona en la que las pruebas se realizaron una vez que los experimentos fueron ampliamente conocidos. El clamor del público fue haciéndose más fuerte a lo largo de la siguiente década, obligando eventualmente al gobierno  a formar una Comisión Real para investigar la ocultación de las pruebas en 1984 y emitiendo un informe condenatorio sobre las deficiencias cometidas por los gobiernos británico y australiano, al limpiar inadecuadamente los sitios y las zonas circundantes donde se realizaron las explosiones.

En Maralinga se realizaron dos pruebas principales y varias pruebas menores, con la última, dejando el más perjudicial legado. Los primeros informes periodísticos de Ian Anderson, para la revista New Scientist, en 1993, revelaron la política de "pasarse la pelota", en que la que las obras de limpieza se convirtieron – Australia quería que Gran Bretaña pagara los trabajos y Gran Bretaña opinaba que esa no era su responsabilidad.

Lamentablemente, fue la población local de Maralinga, la que sufrió las peores consecuencias.

Uno de las más devastadoras y fascinantes historias de las pruebas ocurrió cuando el aborigen Nyarri Morgan. Morgan,  estaba de cacería en la zona en el momento de la explosión de una bomba nuclear. Nunca se había visto a un hombre blanco antes en la zona y sin ningún conocimiento de que se estaban realizando las pruebas nucleares, Morgan pensó que los espíritu de sus dioses estaban levantándose. Después de la explosión, Morgan relató, que todos los canguros cayeron muertos en el acto. Él creyó que los espíritus habían causado que todos los canguros cayeran fulminados como un regalo, pero después de recoger y de comer los canguros, la gente se enfermó.

Morgan también describió cómo el "agua se prendió fuego" y explicó que los Indígenas australianos que vivían más cerca del sitio de las pruebas fueron envenenados como consecuencia de las explosión, con muchos de ellos muriendo rápidamente. En los años siguientes a las pruebas originales, los aborígenes que vivían en la dirección del viento que llevaba la lluvia radiactiva mostraron tener una mayor incidencia de la radiación y de enfermedades relacionadas.

Life Hacker: Today I Discovered Britain’s Sordid, Secret History Of Testing Atomic Bombs In Australia


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