Hilfskreuzer Atlantis

por Admin el 19 Septiembre, 2005

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En 1937, los jefes del Estado Mayor General británico sólo podían garantizar la defensa de Singapur, en caso de ser atacada, durante 70 días, tiempo que le tomaría a la flota británica acudir en su ayuda. Dos años después, en 1939, los altos jefes militares de Nueva Zelanda y Australia coordinaban en Londres las acciones que podrían tomar en caso de que Japón rompiera las hostilidades. Para entonces, el tiempo se había extendido a 90 días. Pero, poco después, al estallar la guerra en Europa, la Royal Navy apenas tenía capacidad para defender las rutas de abastecimiento a las islas británicas a través del Atlántico y el Alto Mando se vio obligado a aceptar, que no podían hacer nada para defender el Lejano Oriente, ni siquiera Hong Kong o Singapur. Mientras tanto, Australia y Nueva Zelanda seguían enviando tropas a África y dejaban a sus países desprotegidos, confiando en las promesas del gobierno británico.El Gobernador de Malasia, Teniente Coronel Sir Shenton Thomas, fue a Londres para analizar la situación cuando el Estado Mayor General preparaba un informe oficial para ser presentado al Gabinete de Guerra. En dicho informe, se volvía a reiterar que la Royal Navy no podía proteger al Lejano Oriente, incluyendo Singapur, Hong Kong, Malasia y la Indias Orientales Holandesas. Por si fuera poco, el informe pormenorizaba las carencias militares de las colonias británicas ante el poder japonés en el Asia. Cuando Churchill leyó el documento, prohibió que se discutiera el asunto y menos que se le informara a ninguno de los Aliados. Aceptó, que en gran secreto se le enviara copia del informe al Mariscal en Jefe del Aire en Singapur, Sir Robert Brooke-Popham, Comandante en Jefe del Lejano Oriente, aunque Sir Shenton Thomas llevaba sus propias copias de regreso a Singapur en un hidroavión Catalina.

En cumplimiento de la disposición de Churchill un correo especial debía llevar toda una serie de documentos ultra secretos, incluyendo los informes que recibió Churchill que detallaban la real situación política y militar en el Asia. Todos esos documentos debían ponerse en las propias manos del Mariscal en Jefe del Aire en Singapur, Sir Robert Brooke-Popham o en manos de un oficial superior. Las órdenes de correo especial eran que en caso de que hubiera la más mínima posibilidad de que el correo cayera en manos del enemigo, debía destruir la correspondencia secreta a como diera lugar. Con esas instrucciones y a cargo de 6 bolsas de lona con el correo, el oficial se embarcó en el vapor Automedon, al mando del capitán McEwen que inmediatamente zarpó rumbo a Singapur.

En plena travesía, se puso al lado de la nave británica un buque mercante. Unas mujeres tendían ropa en la cubierta causando la inmediata curiosidad de los marineros del Automedon, en cuya nave lo único femenino que había era una sugestiva fotografía de Rita Hayworth pegada en un mamparo del camarote de tripulantes. Con prismáticos seguían los movimientos de las mujeres que iban y venían con ropa para tender y mostrando de vez en cuando los torneados muslos. De pronto sonó un cañonazo…

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