70 años después en Polonia las heridas no cicatrizan

por Admin el 31 Agosto, 2009

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VARSOVIA, Polonia (AP) – En Alemania, Erika Steinbach es un nombre conocido. Pero en la vecina Polonia ella es una figura nacional del odio, caricaturizada en las portadas de revistas con uniforme de las SS.

Su ofensa, en los ojos de los polacos, es que ella alega hablar en nombre de millones de alemanes étnicos que fueron expulsados de sus hogares en Polonia y de otras partes de Europa Oriental después de la Segunda Guerra Mundial. Quienes la acusan dicen que está revisando la historia y que está haciendo un paralelo moral entre las crueldades que los alemanes inflingieron y los sufrimientos que soportaron después.

Las recriminaciones van directas al corazón de los resentimientos que todavía burbujean por encima de la guerra que comenzó con el ataque de Hitler contra Polonia el 01 de setiembre de 1939.

Junto con los polacos, los líderes alemanes y rusos se reunirán el martes para recordar el aniversario, las relaciones polaco-alemanas están en un nivel idílico de fronteras abiertas y en su calidad de miembros comparten la prosperidad y democracia de la Unión Europea.

Pero en otro nivel, ellos se la pasan de un rencoroso episodio a otro: el Primer Ministro polaco demanda un mayor poder de voto en los foros europeos para compensar la pérdida de población en Polonia debido a la guerra; un artículo en una revista alemana revuelve el ultraje polaco diciendo que Alemania tenía la ayuda de polacos y de otros, dispuestos a la ejecución de las acciones genocidas; y ahora aparece un nuevo museo en Berlín, promovido por Steinbach, que exhibirá las dificultades de los refugiados del mundo, con historias, especialmente de los alemanes de la época de la guerra.

Steinbach, 67, lo niega enérgicamente al minimizar las aflicciones de Polonia. Pero ella es un pararrayos para los miedos de los polacos de que las futuras generaciones de alemanes crecerán con una confusión histórica sobre la guerra y sus consecuencias.

“Probablemente llegaremos a un punto – y estamos oyéndolo ya – que los alemanes sufrieron igualmente porque alguien los expulsó de alguna parte y que también los asesinaron,” se queja Jacek Patoka, hombre de negocios polaco de 42 años.

Lo que más molesta a los polacos es Steinbach y su Federación de Expulsados, el grupo que exige el reconocimiento del sufrimiento infligido a unos 14 millones de alemanes, cuando las fronteras de la posguerra fueron rediseñadas y fueron expulsaron de sus hogares.

Cuando Steinbach promovió el museo de Berlín, el gobierno de Polonia se indignó, considerándolo como una muestra que los alemanes intentaban minimizar sus crímenes y destacar su propio sufrimiento y su resistencia al régimen de Hitler.

“No nos gustan esas actividades,” dijo Romualda Tudrej, mujer de 82 años que luchó en la resistencia del anti-Nazi en Polonia. “Los alemanes desafortunadamente están cambiando la historia un poco. Ahora hay una nueva generación y esta generación quiere tener héroes, y no los bandidos que tenía realmente como antepasados.”

A medida que los ánimos se caldeaban, Polonia hizo lobbies para bloquear el nombramiento de Steinbach para dirigir la junta directiva del museo. Sería equivalente a poner a un negador del Holocausto a cargo de las relaciones con Israel, dijo Wladyslaw Bartoszewski, sobreviviente de Auschwitz y representante gubernamental de los polacos en asuntos alemanes, durante una entrevista al periódico de Dziennik de Polonia.

Después de mucha discusión entre Varsovia y Berlín, Polonia consintió el año pasado a un museo alemán respaldado por el gobierno en Berlín que sería llamado “Centro contra las Expulsiones”. Eso fue después de que la Canciller Angela Merkel asegurara que la exposición incluiría la información sobre expulsiones de personas en todo el mundo y a lo largo de la historia.

En una reunión de la federación de Steinbach el 23 de agosto, Merkel defendió la idea, diciendo que la historia de la huida y de expulsiones es “parte de nuestra identidad nacional y parte de nuestra memoria cultural compartida.” Pero ella insistió que no significará que Alemania quiere minimizar su responsabilidad de haber comenzado la guerra.

“No olvidaremos: Esa fue una consecuencia directa de la guerra alemana y la tiranía nazi,” dijo Merkel. “Sí, admitimos la responsabilidad del capítulo más oscuro de la historia de Alemania – no hay reinterpretación de la historia.”

Pero, todavía no se convencen muchos polacos, porque para ellos, la propia biografía de Steinbach es como sal en sus heridas: Su familia no era nativa de Polonia, sino que vivió allí cuando asignaron a su padre a las fuerzas de ocupación alemanas como técnico de la Luftwaffe.

Steinbach representa a la Unión Demócrata-Cristiana de Merkel en el Parlamento, lo que crea las suspicacias polacas de que sus puntos de vista concuerdan con las del partido.

Los partidarios de Steinbach dicen que la están diabolizando. Aclaran que ella se ha distanciado de esfuerzos más controversiales de un número minoritario de alemanes que están tratando de recuperar sus propiedades en el ahora territorio polaco.

En una reunión de su federación, Steinbach creó una situación de tensión al afirmar que la Alemania nazi era en última instancia responsable del destino de los alemanes expulsados. “Nuestro sino fue precedido por algo atroz,” dijo ella.

Pero Steinbach insistió que su país tiene el derecho de conmemorar el sufrimiento de los alemanes que hicieron frente al “rencor y brutalidad” cuando fueron expulsados de sus tierras en Europa Oriental. Algunos resultaron muertos, apaleados o asesinados en venganza, por los polacos, los checos y otros.

Tanto Polonia como Alemania preservan los recuerdos de la guerra. La Iglesia Conmemorativa del Kaiser Guillermo, con su chapitel roto por el bombardeo aliado nunca ha sido restaurado, es una señal en el paisaje urbano de Berlín. En el Museo de la Guerra de Varsovia, los primero que ven los visitantes son los escombros salvados del castillo real bombardeado en la capital, una sede histórica de los reyes polacos, enviando un mensaje claro que lo mejor de la nación fue demolido por las atrocidades de los Nazis.

Ahora el Primer Ministro polaco Donald Tusk ha puesto en marcha planes para otro museo en Gdansk, una ciudad clave de la guerra, con una historia alemana y polaca mezclada que recibió las primeras salvas al comenzar la guerra.

Es en Gdansk donde Merkel y el Primer Ministro ruso Vladmir Putin se encontrarán con el presidente polaco Lech Kaczynski y el Primer Ministro Tusk para conmemorar el estallido de la guerra.

Sin embargo, para la mayoría de los alemanes, los expulsados son un asunto marginal, son de importancia solamente para un grupo de ciudadanos mayores, un grupo decreciente, y por eso los miedos de los polacos tienden a ser considerados como exagerados o infundados.

Ellos pueden mirar los centenares de monumentos a lo largo de Alemania que honran a las víctimas de los nazis, la compensación alemana pagada a millones de víctimas de Hitler, los más de 22 mil millones de dólares invertidos por los alemanes en Polonia después que terminó la Guerra Fría.

Las relaciones están mucho mejor entre los polacos y los alemanes más jóvenes, especialmente entre los que han estudiado o han trabajado en el otro país.

“No tengo nada contra alemanes,” dijo a Piotr Roguski, 39, un agente inmobiliario de Varsovia. “Para mí los alemanes contemporáneos y los alemanes de la Segunda Guerra Mundial son dos cosas diferentes.”

Entre la juventud polaca, las chaquetas del ejército alemán son consideradas un atuendo excelente, pese a la consternación de los ancianos.

Angélica Schwall-Dueren, de la Sociedad Germano-Polaca, que promueve la cooperación e intercambio fronterizo entre las dos naciones, llama a la relación de hoy entre ambos países “un milagro político y humanitario,” dado los horrores compartidos en el pasado.

Y qué horrores que fueron. Menos de tres semanas después que los alemanes atacaron, el ejército soviético invadió por el este. Los nazis miraron a los polacos como raza inferior. Siglos de historia compartida, durante los cuales los innumerables alemanes se habían asentado en la que ahora es Polonia, se convirtieron en una relación amo-esclavo. Los alemanes arrasaron ciudades polacas y construyeron Auschwitz en suelo polaco. Hacia el final de la guerra, 6 millones de ciudadanos polacos, fuera de una población de la preguerra de 35 millones estaban muertos – la mitad de ellos judíos, la otra mitad cristianos.

La guerra dejó la sensación de una Polonia masivamente traicionada – por sus aliados occidentales que no llegaron en su ayuda; por el ejército soviético que primero la invadió, después fueron puestos de lado por los alemanes cuando aplastaron el país; y por el “establishment” de la posguerra que abrió las puertas a 40 años de dictadura comunista.

Polonia tiene hoy 38 millones de habitantes contra 82 millones que tiene Alemania, lo que la califica como de tamaño mediano en la Unión Europea donde la votación depende del número de la población. E incluso eso la ata a la guerra. En la discusión realizada en 2007 por los derechos al voto, el primer ministro de entonces, Jaroslaw Kaczynski, argumentó: “Si no hubiera tenido que vivir los años 1939-1945, Polonia sería hoy un país de 66 millones de habitantes.”

Referencia:

Kyiv Post


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