Cómo la psicología resolvió un misterio de la Segunda Guerra Mundial

por Admin el 27 Septiembre, 2011

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En noviembre de 1941, dos barcos se cruzaron frente a las costas de Australia. Uno de ellos fue el corsario alemán HSK Kormoran. El otro, el buque de guerra australiano HMAS Sydney. Se dispararon las armas, los barcos fueron dañados y se hundieron hasta el fondo del océano.

Crucero ligero HMAS Sydney

La pérdida del Sydney en la Segunda Guerra Mundial fue una tragedia nacional para los australianos, sobre todo porque ninguno de los 645 hombres a bordo sobrevivieron. En los años que siguieron, hubo un intenso interés en la búsqueda de los restos de ambas naves, en particular los restos del Sydney. La idea era que haciendo esto se podría dar a las familias de los marineros algo de paz, una sensación de conclusión del asunto.

El problema era que los únicos testigos de la batalla y el hundimiento fueron los cerca de 300 marinos alemanes que lograron abandonar el barco antes de hundirse. Todos ellos fueron finalmente detenidos por el ejército australiano.

"Si usted no le creía a los alemanes, el número de posibilidades de lo ocurrido eran infinitos en cuanto a lo que podría haber ocurrido y dónde podrían encontrase los barcos", dijo Bob Trotter, ex director, de la Fundación Buscando al Sidney.

Después de su captura, la mayoría de esos alemanes fueron interrogados y se les pidió identificar el lugar dónde los buques se hundieron. Pero los informes de los alemanes parecían bastante confusos en este punto.

Bob Trotter, dice que su desconocimiento no es del todo sorprendente.

"Particularmente en una situación de guerra, la posición del barco realmente se conoce en el área del puente de mando", dice Trotter. "No sería normal que se le informe eso al resto de la tripulación del barco", dijo Trotter.

Sin embargo, en el curso de los interrogatorios, unos 70 alemanes dieron informes de la posición. Pero los lugares indicados, en conjunto, no tenían sentido – las posiciones se extendían, en un área de cientos de millas marinas. Uno de los supervivientes, incluso ubicó el hundimiento casi a mitad de camino a la Antártida.

Así que la mayoría de los australianos concluyeron que los alemanes estaban mintiendo, sus informes conflictivos eran parte de un complot para sumir a los australianos en la incertidumbre. Cuando los buscadores del Sydney fueron en búsqueda del barco – y muchos lo hicieron – o bien hicieron caso omiso de las historias de los marineros alemanes, o, en un par de casos, se centraron exclusivamente en la versión del capitán alemán.

Luego aparecieron los psicólogos Kim Kirsner y John Dunn.

Kim Kirsner, un psicólogo cognitivo de la Universidad de Australia Occidental, se interesó en la búsqueda de Sydney en el año 1990. Después de intentar algunos métodos diferentes para resolver el problema, llamó a su amigo y frecuente colaborador, el psicólogo cognitiva John Dunn de la Universidad de Adelaida.

En el momento en que Dunn entró en escena a mediados de 1990, ya habían intentado encontrar los barcos todo tipo de personas con todo tipo de teorías.

"Si usted no cree en lo que dijeron los alemanes", dijo Trotter de la Fundación Búsqueda del  Sydney, "el número de posibilidades en cuanto a lo que podría haber ocurrido y dónde podrían estar los barcos eran infinitos. Muchas teorías habían sido expuestas, y se sugirieron muchas opciones. "

El ciclo era siempre el mismo: un cazador de tesoros con una teoría proponía un sitio, la gente corría a buscar, no encontraban nada y entonces cundía la decepción.

Cómo recordamos las historias

Como psicólogos cognitivos, Kirsner y Dunn tuvieron una visión muy diferente de los informes alemanes. Para ellos, la variación en los informes parecían el tipo de datos que se ven en los experimentos de la memoria. Por lo que se propusieron demostrar científicamente que los alemanes probablemente habían estado diciendo la verdad.

"Queríamos tomar el caso – mostrar que las características de estos informes eran del tipo correcto", dice Dunn. Es decir, que las inconsistencias en los informes eran precisamente el tipo de inconsistencias que se encuentran naturalmente por las fallas de la memoria y sus caprichos en la transmisión de información de persona a persona ".

Para armar el caso, dice Dunn, se basaron en la obra del psicólogo británico Sir Frederic Bartlett.

Bartlett, como Kirsner y Dunn, fue un psicólogo interesado en lo que ocurre con la memoria a través del tiempo. En la década de 1930 se realizó un famoso experimento con un cuento popular nativo estadounidense llamado "The War of the Ghosts" (La guerra de los fantasmas).

"La guerra de los fantasmas" es una historia muy extraña, al menos en comparación con los típicos relatos británicos, dice Dunn. Tiene la construcción de frases extrañas y saltos impredecibles en la narrativa.

Bartlett leyó el cuento en voz alta a un sujeto de prueba, e inmediatamente le preguntó a la persona que lo repita de nuevo. Él transcribió estos intentos de recordar, y luego, varios días o semanas después, volvió atrás haciendo que la persona repita de nuevo lo que recordaba. Una vez más, Bartlett lo transcribió. Durante un período de meses, y en algunos casos, años, iba a regresar a estas personas en repetidas ocasiones pidiéndole que repitiera la historia – transcribiendo cada vez los cambios en la narrativa.

Aquí están las dos primeras frases de "La guerra de los fantasmas":

Una noche, dos jóvenes de Egulac bajaron al río para cazar focas, y mientras estaban allí el ambiente se puso nublado y calmado. Entonces oyeron gritos de guerra y pensaron: "Tal vez es una partida de guerra."

Y aquí se muestra cómo el sujeto de prueba de Bartlett, llamado "R", recordó la historia inmediatamente después de la primera audiencia:

Había dos hombres jóvenes, y se fueron al río. Oyeron gritos de guerra.

Así es como el mismo "R" recordó las mismas dos frases 14 días más tarde:

Habían fantasmas. Se fueron al río.

Y las mismas frases después de un mes:

Habían fantasmas. Hubo una pelea entre ellos.

Obviamente, uno espera que haya cambios en cualquier relato repetido, pero lo que Bartlett encontró es que los cambios que notó, de hecho, eran predecibles.

"En sus intentos por recordar, tratan de cambiar los elementos de la historia de una manera que les parezca tener más sentido", dice Dunn.

En esencia, los narradores británicos trataron de hacer que las historias se ajusten a un relato occidental más tradicional. Esto hizo que Bartlett desarrollara la teoría de que la memoria se compone de dos partes.

Cuando se hace memoria, el contenido que estás tratando de recordar está incrustado en un esquema, o teoría de lo que pasó. Con el tiempo, se recuerdan menos los contenidos originales y más de la teoría general. Es decir, recordar la esencia básica de la historia y complementarla o modificarla para que se ajuste a un molde más cómodo. El mismo patrón de cambio es visto cuando una historia pasa de una persona a otra – otro experimento que hizo Bartlett.

Validación de las historias de los alemanes

Entonces, ¿cómo se relaciona esto con los alemanes? Dunn y Kirsner decidieron que los informes de los supervivientes alemanes debían compararse directamente con el experimento de Bartlett.

Para ello, tomaron las versiones de la historia que Bartlett había documentado y contó todos los cambios en ellos. Cada vez que hubo un cambio, en una frase o una palabra, lo señaló y las anotó en un gráfico. Esto produjo un perfil estadístico particular.

Entonces Kirsner y Dunn hicieron exactamente lo mismo con los informes alemanes. Se organizaron 70 relatos en grupos que parecían estar relacionados entre sí, luego las graficaron.

"Lo que encontramos fue que había una correspondencia – que nuestros datos se parecían al tipo de datos que Bartlett había generado en su estudio", dice Dunn.

Esto sugirió a Dunn Kirsner que de hecho los alemanes no había mentido.

"Esto significa que no es un conjunto de datos falsos", dice Kirsner. La variación que mostraron fue el tipo de variación natural que se obtiene con la pérdida normal de memoria.

Después que Kirsner y Dunn determinaron que los alemanes muy probablemente habían dicho la verdad, se sentaron frente a un mapa del Océano Índico y trataron de ubicar el lugar en el mapa que mejor se ajustaba a todos los informes diferentes de dónde se encontraban los barcos.

"Tomamos cada punto en el océano y miramos en que medida satisfacían o conformaban con cada una de las declaraciones", dijo Dunn.

A continuación, marcaron un punto como el lugar donde se pensaba que se podría encontrar el barco alemán. En el 2004, Kirsner y Dunn dieron la información a la Fundación Búsqueda del Sydney. En ese momento no había planes reales para ir a la búsqueda de los barcos, por lo que – al menos en lo que a Dunn se refería – fue todo lo que podían hacer.

"Realmente nunca pensé que yo iba a saber si estaba en lo cierto o no", dice.

Pero entonces ocurrió algo curioso: el investigador profesional de naufragios David Mearns de manera personal convenció al gobierno australiano que le permitiera ir en busca de los restos del naufragio. En marzo del 2008, salió y, utilizando su propia metodología, descubrió los restos del buque alemán.

¿Qué tan lejos estuvo el buque del punto que Kirsner y Dunn había determinado cuatro años antes?

"Fue de 2,7 millas náuticas del punto marcado", dice Dunn. "Yo pensé, ¡Guau! ¡Funcionó! En realidad me sorprendió. "

Un par de días después de que el buque alemán HKS Kormoran fue encontrado, Mearns también encontró al crucero HMAS Sydney. El barco se había hundido hasta el fondo del mar a sólo una corta distancia del corsario que lo puso fuera de combate 67 años antes.

NPR: How Psychology Solved A WWII Shipwreck Mystery

Exordio: Hundimiento del HMAS Sydney (19-11-1941)

Exordio: Hundimiento del HSK Kormoran (19-11-1941)


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