Aguas alemanas llenas de municiones de la Segunda Guerra Mundial

por Admin el 12 Abril, 2013

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Lorenz Marquardt ha estado navegando en el mar Báltico por más de 53 años, pero el pescador de 68 años de edad se siente "incómodo" cada vez que sale de Eckernförde, en el norteño estado alemán de Schleswig-Holstein, para dirigirse a la isla danesa de Bornholm.

Denuncia

Una amenaza invisible se encuentra latente debajo de él, tan pronto como llega a los ricos caladeros alrededor de la isla. Para pescar bacalao, lanza su red de arrastre navegando por la cuenca de Bornholm, que tiene de 60 a 70 metros de profundidad — precisamente en el lugar donde decenas de miles de bombas y proyectiles fueron hundidos después del final de la Segunda Guerra Mundial.

Las cartas de navegación marcan el área del cementerio de bombas como "contaminado (municiones)" o "contaminado (municiones de gas)" y advierten: "la pesca y el anclaje son peligrosos". Los pescadores alemanes y daneses del Báltico corren el riesgo porque pueden volver a puerto con hasta 10 toneladas de bacalao en sus mejores días. Esto se traduce en varios miles de peces, de unos 10 kilos cada uno, y una muy buena pesca puede valer de €6.000 a €10.000, dependiendo del precio en el mercado.

Hace años, Marquardt sacó una bomba de 500 kilos, junto con el bacalao. Tuvo suerte, porque la bomba no estaba muy corroída. Los expertos en eliminación de bombas la destruyeron en tierra, en Eckernförde.

Pero desde la Segunda Guerra Mundial, cientos de pescadores daneses han resultado heridos después de enganchar con sus redes contenedores oxidados que contienen gas mostaza, que daña la piel. El material gelatinoso se filtró de la carcasa corroída de metal, causando quemaduras graves.

Casi siete décadas después del final de la guerra, los explosivos residuales que apenas fueron tomados en cuenta por un tiempo, pero ahora están siendo noticia en el Mar del Norte y el Mar Báltico. Los expertos estiman que sólo en las aguas territoriales alemanas hay 1,6 millones de toneladas de municiones convencionales y químicas sin detonar, son bombas de tiempo resposando en el fondo del mar. La munición sin estallar (UXO) incluyen enormes bombas de aviación que pesan cientos de kilogramos, otras menores de 15 kilos, pequeñas de alto poder explosivo, granadas de mano, detonadores y rondas de municiones, por un total de más de 50 millones de artefactos.

Nadie sabe cuán grande es realmente el peligro. "Estamos familiarizados con sólo una pequeña porción de las áreas contaminadas con armas," dice Jens Sternheim, presidente del grupo de trabajo "Municiones en el Mar" del Comité Federal de los Mares del Norte y Báltico. Según Sternheim, "el problema de las municiones harán noticia cada vez más" durante la construcción de proyectos en aguas costeras, tales como los parques eólicos.

Peligros ocultos

El problema fue creado durante y después de la guerra. Cuando los aliados desarmaron a los alemanes después de vencerlos, ordenaron que las armas fueran desechadas en el mar. Antes de eso, los alemanes habían hundido en ocasiones su propia munición cuando, por ejemplo, temían ataques aéreos contra sus sitios de almacenamiento de gas venenoso.

Hay más de 100 de estos cementerios de bombas diseminados a lo largo de las costas del norte de Alemania. Al parecer también hay 5.000 toneladas métricas en depósitos llenos de sustancias como el Fosgeno y el agente nervioso tabun en el estrecho entre la isla danesa de Fionia y la península de Jutlandia. Un informe que "Municiones en el Mar" publicó hace un año y medio y ahora ha actualizado, enumera muchos balnearios populares a lo largo de las costas alemanas.

Si el UXO es varado a tierra, o queda atrapado en las redes de pesca, o es simplemente perturbado durante los trabajos preparatorios para instalación de tuberías y parques eólicos marinos, puede plantear un peligro a los residentes locales, turistas, pescadores y operadores de excavaciones.

El año pasado equipos de desactivación de municiones trabajando en la desembocadura del río Ems encontró dos minas marinas, enormes esferas de metal que contienen hasta 300 kilos de explosivos, que fueron fabricadas por Alemania para hundir las naves enemigas. Las minas fueron detonadas. En julio de 2012, un turista en la isla de Wangerooge en el Mar del Norte encontró la ojiva de un torpedo alemán, que posteriormente fue destruida en una detonación controlada. Cualquiera que esté caminando en las marismas del estuario del río Elba cerca del puerto de Cuxhaven debe estar alerta. Según el informe pericial, "los componentes de los explosivos, algunos de ellos expuestos al aire libre en las marismas, son muy peligrosos".

Los bañistas suelen no tener la más mínima idea con lo que pueden tropezar. En julio de 2012, dos niños del sudoccidental estado de Baden-Württemberg, que estaban jugando en la playa en Kalifornien, un municipio cerca de la norteña ciudad de Kiel, fueron atraídos por un objeto de 1,5 kilos cuando regresaban a casa de sus padres. Las manos, camiseta, chaqueta y pantalones de uno de los muchachos súbitamente adquirieron un color naranja amarillento. El objeto contenía Schiesswolle 39, un compuesto explosivo que la Marina de Guerra alemana utilizó en torpedos durante la Segunda Guerra Mundial y que puede causar irritación en la piel. Afortunadamente el niño no resultó herido.

Peligrosos UXO se encuentran también en las rutas marítimas importantes. Cuando un equipo de desactivación de bombas comenzó a trabajar fuera del resort de la ciudad de Travemünde en el Mar Báltico en el 2011, descubrieron, a una profundidad de 20 metros, seis ojivas de Bombas Voladoras V-1 cerca del canal utilizado por los grandes transbordadores que parten de Travemünde a Scandinavia o los países bálticos. También hay UXO en el fiordo de Flensburg, en Eckernförde y las bahías de Hohwacht y, más lejos hacia el este, en el estado norteño de Mecklenburg-Pomerania Occidental, en la bahía de Greifswald y frente a las islas de Rügen y Usedom.

Temor a los desastres

Durante décadas, los estados de Alemania casi no prestaron atención al peligroso legado de la Segunda Guerra Mundial. Al final, no fue una agencia del gobierno alemán, sino Stefan Nehring, un biólogo marino y consultor ambiental de la ciudad occidental de Coblenza, quien descubrió uno de los peores cementerios de municiones en el año 2008. Había pasado varios años urgando en montañas de expedientes en los archivos federales en Koblenz y el archivo militar de la ciudad suroccidental de Freiburg. Al hacer la investigación en Londres, descubrió evidencia concreta de un crimen ambiental especialmente atroz: en septiembre de 1949, la administración militar británica le ordenó a los alemanes lanzar a las aguas del Mar del Norte, a unos 4 km del archipiélago de Helgoland, unos 6.000 obuses de artillería.  Las municiones estaban llenas de 11,7 toneladas métricas del gas nervioso tabun.

"Hasta entonces, las autoridades alemanas no se habían percatado de los informes de los Archivos Nacionales Británicos citados por el Dr. Nehring," dijo el gobierno del estado de Schleswig-Holstein. El sitio de eliminación de residuos tóxicos fue incluso un área para ejercicios de ataques con torpedos de los militares alemanes en el año 2010. Barcos con destino al puerto de Helgoland también navegan cerca de la zona.

Las municiones probablemente permanecerá en el fondo del mar hasta que se desintegren totalmente, al menos según la base de una recomendación de la Agencia Federal Marítima de Alemania, la Agencia Hidrográfica y la Comisión Internacional de Helsinki, que es responsable de la protección del medio ambiente en el mar Báltico. La recomendación dice que no existe ninguna amenaza concreta para la navegación debido a las profundidades de unos 50 metros, y que el posible daño ambiental se limita a las inmediaciones.

Nehring no está de acuerdo: "No hablamos aquí, de cacahuates sino un cóctel de sustancias químicas en nuestras aguas." Él quiere ver impuesta una prohibición a la pesca frente a las costas de Helgoland. Argumenta que incluso el Ministerio del Interior de Kiel, la capital del estado de Schleswig-Holstein, reconoció hace cuatro años que las municiones hundidas con tabun son "objetos altamente peligrosos, especialmente para la pesca, y para los trabajos en el lecho marino (maniobras de anclaje) y las operaciones de salvamento".

Las autoridades están aún más preocupadas por los efectos de UXO en tierra. Algunos balnearios hacen mucho para minimizar los riesgos para los turistas. Desde antes del inicio de vacaciones de semana Santa hasta el final del período de vacaciones de otoño, empleados de la empresa privada de eliminación de artefactos KMB Kampfmittelbergung viajan a Wangerooge cada dos semanas para explorar con equipos de detección de bombas a lo largo de las playas orientales entre el espigón B y T del rompeolas, una ruta de aproximadamente 3,7 kms donde hace décadas se descubrieron explosivos.

El año pasado el equipo de KMB encontró unos 90 obuses de alto explosivo, la mayoría de ellos pequeños, 16 detonadores, una cabeza de torpedo, una mina y diversos componentes de municiones pequeñas.

Peligro para los turistas y vagabundos

También algunos de los lugares más bellos de la costa del mar Báltico están agobiados por el legado de esta guerra siniestra. La segunda más grande isla de Alemania después de Rügen, Usedom podría ser un lugar idílico junto al mar si no fuera por los accidentes con fósforo, que es la consecuencia tardía de un ataque aéreo británico. En 1943, los británicos descubrieron que los alemanes estaban construyendo un cohete en Peenemünde, un pueblo del puerto en Usedom. El cohete V-2 fue desarrollando allí bajo la dirección del ingeniero en cohetes y científico Wernher von Braun.

La noche del 17 de agosto de 1943, 596 bombarderos de la Real Fuerza Aérea lanzaron decenas de miles de bombas en las instalaciones de prueba en el lapso de unas pocas horas. Alrededor del 40 por ciento, incluyendo bombas incendiarias con fósforo, cayeron accidentalmente en el mar al este de Peenemünde.

Si ocurrió en 1943, cuando las bombas estallaban al contacto, o en los decenios posteriores como consecuencia de la corrosión, una gran cantidad de fósforo blanco se filtró de las bombas no explotadas. Quedó depositado en el fondo del mar y, especialmente durante las tormentas, son varadas en la playa. Eso puede llegar a ser desastroso para las decenas de coleccionistas de ámbar que caminan entre Peenemünde y Zinnowitz los fines de semana, porque incluso los expertos no pueden diferenciar a simple vista los terrones de fósforo del ámbar.

Los accidentes ocurren cada cierto tiempo. Los turistas ponen negligentemente los terrones que creen son de ámbar en sus bolsillos. Si los pedazos de fósforo se calientan a temperaturas de entre 20 y 30 grados centígrados, se pueden encender espontáneamente, emitiendo una llama con temperaturas que pueden alcanzar los 1.300 grados centígrados. El fósforo es altamente tóxico, y simplemente tocarlo puede causar daño a los órganos.

La administradora de la región de Usedom Norte, Kerstin Teske, intenta tranquilizar a los visitantes, diciendo que el riesgo general del fósforo es bajo. Ella dice que hay uno o dos incidentes al año, y que se han reportado un total de 12 desde 1990. Teske dice que también le gusta ir a las playas para buscar ámbar.

El biólogo marino Nehring, por el contrario, recomienda imponer una prohibición en la recolección de ámbar mientras no esté claro cuánto más fósforo aparecerá en tierra. El Ministerio del Interior en Schwerin, la capital de Mecklemburgo en Pomerania Occidental, opina que la prohibición no es factible porque sería difícil controlar su cumplimiento. "¿Cómo se puede distinguir entre un recolector ilegal de ámbar y un recolector legal de municiones o rocas?", pregunta un funcionario.

Una solución es proporcionar a los recolectores de ámbar contenedores de metal en las estaciones de salvavidas. Los contenedores reducen los riesgos de exposición al fósforo. Pero puesto que los residentes locales y turistas rara vez usarán los contenedores, es probable que los accidentes continúen en el futuro, como el que ocurrió en la costa del mar Báltico hace un año. Dos mujeres turistas de los Estados orientales de Sajonia y Sajonia-Anhalt se convirtieron en las víctimas de la ignición de un terrón de fósforo, sufriendo quemaduras de segundo y tercer grado.

Der Spiegel: Dangerous Depths: German Waters Teeming with WWII Munitions

Exordio: Desechos tóxicos sepultados bajo el mar


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