Super-Torpedos japoneses Typo 93, "Long Lance"

por Admin el 25 Junio, 2017

en Operaciones

Por Michel Peck – Cuando los buques de guerra de la marina estadounidense comenzaron a explotar en medio de la noche, se dieron cuenta que tenían un problema.

Type93torpedo

En el otoño de 1942, Guadalcanal, en las Islas Salomón, cerca de Australia, se convirtió en el punto focal de la Guerra del Pacífico. Durante seis meses, Estados Unidos y las fuerzas Japonesas lucharon fieramente en tierra, aire y mar para determinar quién tendría el control de la isla y su estratégica pista de aterrizaje.

Para la Marina de los Estados Unidos, que había menospreciado a los Japoneses llamándolos incompetentes, Guadalcanal fue una conmoción. El desastre de Pearl Harbor podría ser explicado por la sorpresa y la traición, pero la Marina ya tenía dos docenas de buques de guerra hundidos en el llamado "Ironbottom Sound" aguas afuera de Guadalcanal.

Uno de los motivos era el "Long Lance", el torpedo Japonés que fue el arma más potente de su tipo en los primeros años de la Segunda Guerra Mundial. Desarrollado en la década de 1920, el Torpedo Tipo 93 o "Long Lance", como los estadounidenses lo apodaron, fue un notable dispositivo. En lenguaje moderno, sería una arma asimétrica, diseñada para compensar la inferioridad japonesa frente a las más poderosas naciones occidentales. En cierta manera, era el equivalente de los misiles antibuque hipersónicos que China y Rusia podrían utilizar para contrarrestar la superior marina de los Estados Unidos.

Cuando la Segunda Guerra Mundial comenzó, el plan japonés era tener paciencia para derrotar a un enemigo más fuerte. En virtud de la estrategia de la "batalla decisiva", Japón aprovecharía las Filipinas, y cuando la Marina de los Estados Unidos, navegaran a través del Pacífico para recuperar Manila, sería acosada y desgastada por los persistentes ataques de aviones, submarinos y destructores. Una vez que la flota estadounidense estuviera lo suficientemente debilitada, la flota de batalla japonesa saldría y los hundiría al estilo de una enorme batalla naval de Jutlandia cerca de las Filipinas.

Para lograr eso, la Armada Imperial Japonesa se entrenó sin  descanso para el ataque nocturno con formaciones de buques de superficie equipados con torpedos que permitirían a sus barcos atacar y destruir al enemigo. La Armada Imperial carecía de radar, pero los vigías estaban rigurosamente entrenados y equipados con potentes prismáticos para uso nocturno. Sin embargo, todo eso no serviría de nada sin un buen torpedo, y los torpedos Tipo 93, Long Lance, satisfacían esas necesidades.

Los Long Lance, fueron torpedos muy avanzados para su tiempo, con sus 60 centímetros de diámetro, 9 metros de largo y pesando casi tres toneladas, estaban armados con una ojiva de media tonelada que era un 50 por ciento más grande que la mayoría de las ojivas de los torpedos existentes. Más importante fue el sistema de propulsión del torpedo Long Lance. La mayoría de las naciones beligerantes contaban con torpedos propulsados por vapor, diesel o motores eléctricos. Pero los japoneses optaron por el oxígeno puro (basándose en un anterior sistema de diseño británico) que podía enviar a Long Lance hasta doce millas de distancia a una velocidad de 48 nudos, o a la increíble distancia de 24 millas—aproximadamente el mismo rango de los cañones de un acorazado, a una velocidad de 36 nudos. El Long Lance no dejaba rastro de burbujas en la superficie para advertir a los barcos enemigos que el torpedo se acercaba.

¿Cómo se comparaba esto con los torpedos de Estados Unidos? El torpedo Mark 15 de 21 pulgadas de diámetro utilizado por los destructores de Estados Unidos, pesaba menos de dos toneladas y sólo llevaba una ojiva de 380 kilos. Lo peor de todo, su alcance máximo era de sólo ocho millas, o un tercio de la distancia cubierta por un Long Lance. No es de extrañar que fuera así, pues los estadounidenses se preocuparon más por los cañones navales que por los torpedos.

Los estadounidenses rápidamente sintieron el aguijón del Long Lance. En la Batalla de la Isla de Savo, un grupo de cruceros pesados  (los estadounidenses ni siquiera soñaron con usar buques pesados en un ataque nocturno con torpedos) y destructores japoneses sorprendieron a la fuerza aliada hundiendo tres barcos estadounidenses y un crucero pesado australiano. La posterior retirada de la Marina de los Estados Unidos casi condenó a muerte a la guarnición de marinos de Estados Unidos en Guadalcanal. En la Batalla de Tassafaronga en la noche del 30 de noviembre de 1942, la fuerza de destructores conocida como "Tokio Express" de la Marina Imperial hundió uno y dañó seriamente a tres cruceros pesados de los EE.UU. con el costo de sólo un destructor.

El problema no era sólo el Long Lance. Fue también la superioridad de los sensores japoneses, es decir, el ojo humano. La marina de los Estados Unidos puso toda su fe en el recién desarrollado radar de los buques de superficie, pero ese primitivo radar de finales de 1942 era poco fiable y era utilizado por operadores inexpertos. Los vigías japoneses divisaban a los barcos de Estados Unidos a increíbles distancias. Una vez vistos, los cruceros y destructores de la Armada Imperial podían lanzar sus torpedos que a diferencia de los cañones navales, no revelaban el disparo con resplandores ni estallidos, preservando así el elemento sorpresa y al mismo tiempo le negaban un blanco al enemigo.

Pero pese al triunfalismo que el Long Lance le dio a los japoneses, es importante recordar que Japón en última instancia perdió Guadalcanal. La ventaja japonesa comenzó a perder preponderancia en la medida que mejoró la experiencia y la táctica de los estadounidenses con el radar. Durante las acciones en torno a la Segunda Batalla Naval de Guadalcanal, en noviembre de 1942, Japón perdió dos acorazados y otros buques.

El Long Lance era un arma devastadora, pero sólo por un momento dado y bajo un único conjunto de condiciones: El primitivo radar estadounidense frente a los ojos de águila de los vigías japoneses, la falta de experiencia de los estadounidenses se enfrentó contra los bien entrenados marinos japoneses, las pobres tácticas de Estados Unidos contrastaba la experiencia en lucha nocturna de los japoneses y los combates estaban confinados a aguas cercanas a las islas.

Pero más importante fue el hecho de que el Long Lance fue el último suspiro de una moribunda forma de guerra. Los super-torpedos disparados por los buques de superficie habrían sido decisivos en 1916, en la Batalla de Jutlandia, sin embargo, en 1942, fueron los aviones y portaaviones los que gobernaron en esas aguas. Aparte de Guadalcanal y algunas otras batallas de superficie como la del Estrecho de Surigao, al final de cuentas la Guerra del Pacífico, se libró, principalmente, por flotas, cuyas naves nunca se vieron entre sí. El Long Lance era mortal, pero Japón llevó torpedos a una lucha de aire-mar, en la que los torpedos no sirven.

Lo que nos recuerda a ser escépticos al "cambio de juego" con el uso de armas tales como los misiles hipersónicos chinos y rusos. No es suficiente afirmar que los misiles "asesinos de buques" borrarán a la Marina de los Estados Unidos. Debemos preguntarnos bajo qué condiciones esas armas serán eficaces. ¿Requieren ellos de orientación por satélite que no pueden ser destruidos, sensores que no pueden ser engañados, o misiles que no pueden ser derribados? A medida que el mundo avanza en el siglo XXI, puede resultar en nuevas formas de guerra cibernética, láseres indetectables — que podrían dejar a las potentes armas anti-buque como obsoletas.

Como Japón descubrió, hay una época para todo tipo de armas, pero las épocas pasan.

Warrior: ‘Long Lance’: Japan’s WWII Super-Torpedo

Exordio: Acorazados y Cruceros de Estados Unidos hundidos

Exordio: Batalla de Tassafaronga (30-11-1942)

Exordio: Operaciones japonesas desde Pearl Harbor hasta 1942.

Exordio: Buques holandeses hundidos


Artículo anterior:

Siguiente artículo:

{ 0 comentarios… añadir uno ahora }

Escribir un comentario

Nota: Para evitar el spam, los comentarios son moderados antes de ser publicados.

*