Cómo los japoneses ayudaron a los británicos a sofocar el alzamiento de Java en 1945

por Admin el 2 Febrero, 2013

en Operaciones

Tokio – Un nuevo libro escrito por un veterano de la Segunda Guerra Mundial ha arrojado luces sobre un episodio poco conocido del conflicto en Asia — y que oficialmente fue negado por el gobierno de la época en el Reino Unido.

Parachute Doctor: The Memoirs of Captain David Tibbs

“Parachute Doctor: The Memoirs of Captain David Tibbs” ("Médico en paracaídas: Las memorias del capitán David Tibbs"), hace relato profusamente ilustrado con fotografías tomadas por el autor. Los primeros capítulos cubren sus primeros años: cómo creció cerca del aeródromo de Croydon, en el sur de Londres; sus estudios de medicina en el Guy’s Hospital de Londres; y su paso por el cuerpo médico del Real Ejército como un médico de 23 años de edad.

Entonces se ofreció para servir como paracaidista y fue asignado a la 5ª Brigada Paracaidista de la 6ª División Aerotransportada.

El Capitán Tibbs fue lanzado en paracaídas en la región francesa de Normandía en el Día D, el 06 de junio de 1944 y obtuvo la Cruz Militar por sus "servicios incansables y dedicados a los heridos".

Atendió a los soldados del regimiento del paracaídas que resultaron heridos como consecuencia de la incursión en la playa de desembarco en Normandía y recibió un disparo en el hombro por un francotirador alemán. Tibbs se recuperó y luego tomó parte repeliendo la contraofensiva alemana en la Batalla de las Ardenas y ayudando durante el lanzamiento de fuerzas aerotransportadas en el Rhin y el avance hacia el Mar Báltico para ayudar a evitar que los rusos ocuparan Dinamarca.

Cuando terminó la guerra en Europa, el capitán Tibbs y su unidad fueron enviados al Lejano Oriente y fueron programados para ser lanzados en paracaídas y ocupar Singapur que se encontraba en manos de los japoneses.

El plan fue cancelado, con "gran alivio" para las tropas, después de los bombardeos atómicos de Hiroshima y Nagasaki y la rendición japonesa.

Sin embargo, el servicio del capitán Tibbs estaba lejos de terminar. Había estallado una insurrección armada en la isla de Java, en lo que había sido las Indias Orientales Holandesas antes de la ocupación japonesa de esa colonia.

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"Los japoneses ocuparon Java de manera relativamente pacífica, muy diferente a lo ocurrido en Birmania y Malasia, donde se empleó un asalto violento y brutal", le dijo el capitán Tibbs a "BCCJ ACUMEN" en su casa de Oxford. "Trataron a los colonialistas holandeses de forma relativamente benigna porque los Países Bajos, estaban ocupados por Alemania y no podrían ofrecer ninguna oposición militar.

"La 5ª Brigada de Paracaidista fue a la ciudad de la costa norte de Semarang, donde los residentes holandeses dijeron que no habían sufrido privaciones.

"Los javaneses, sin embargo, tenían una considerable fuerza armada bajo el liderazgo de Sukarno, que se opuso a los japoneses a como diera lugar, por lo que era necesario contar con una fuerza militar japonesa activa contra ellos", dijo.

"Cuando terminó la guerra y el emperador ordenó a los japoneses a cesar la lucha, los insurgentes javaneses dirigieron sus ataques hacia los Aliados para impedir el regreso de la potencia colonial holandesa y comenzaron la matanza de holandeses a todo lo largo de Java".

En las primeras etapas de la lucha murieron dos oficiales británicos que recientemente habían llegado a la isla.

Las fuerzas japonesas tomaron nuevamente el control militar y restauraron la ley y el orden hasta que llegaran los británicos, después de darse cuenta de que civiles holandeses estaban a punto de ser masacrados por los insurgentes.

"Esto requirió algunos combates feroces que causaron un número de víctimas japonesas, pero sin duda salvaron las vidas de miles de holandeses", dijo el capitán Tibbs, ahora con 92 años de edad, y cuyo hermano mayor, el teniente Ian Tibbs, había ganado su Cruz Militar por luchar contra a los japoneses en Birmania.

La unidad del capitán Tibbs llegó a Semarang e inmediatamente se dio cuenta de que no eran lo suficientemente fuertes como para repeler a los insurgentes. Como resultado, los japoneses fueron puestos bajo mando británico y les ordenaron defender un amplio sector de la ciudad.

"Esto resultó extraordinariamente bien", dijo el capitán Tibbs. "Los japoneses estaban muy bien armados con sus propias armas y recibieron ayuda adicional de la artillería británica cuando era necesario.

"Pronto se restauró la paz y el sosiego en la ciudad abarcando de un perímetro considerable, y los insurgentes javaneses no fueron capaces de causar mucho daño dentro del área".

En contraste con las experiencias de los civiles en muchas otras zonas que el Ejército Imperial Japonés había ocupado durante el conflicto, los holandeses que habían vivido a través de los años bajo control japonés "estaban llenos de alabanza" hacia sus anteriores regidores.

"Los holandeses nos pidieron tratar bien a los japoneses y no hubo ninguna dificultad de nuestra parte al hacerlo porque esto terminó la guerra con Japón y, en cierto modo, los soldados japoneses [en Java] estaban bajo nuestro cuidado y protección de los insurgentes javaneses", dijo el capitán Tibbs.

"Por otra parte, no hubo hechos de mala conducta de los japoneses (en ese lugar) antes de eso", dijo Tibbs. "Este grupo de soldados era muy diferente al ejército japonés en Birmania y Malasia y, de hecho, ampliamente en muchas otras islas del Pacífico" añadió Tibbs.

La actitud a lo largo de la operación era de respeto mutuo y, a veces, casi amistad entre soldados y oficiales, de las dos naciones, dijo el capitán Tibbs. "Ellos siempre se comportaron con impecable corrección militar", añadió.
   
"Inevitablemente el espíritu japonés, en esencia, tropas derrotadas, no mejoró con nuestra presencia pero nunca mostraron ninguna hostilidad hacia nosotros".

Lo mismo no podría decirse de la opinión pública británica hacia los japoneses. Cuando las noticias se filtraron a Inglaterra sobre la manera en que habían sido tratados los prisioneros de guerra aliados, la conveniencia política hizo que el gobierno negara en el Parlamento que las tropas británicas estaban luchando junto a los soldados japoneses.

El Capitán Tibbs dijo que tal vez era "comprensible la negación del gobierno británico", por las atrocidades japonesas todavía tan frescas en la mente de la población.

Sin embargo, el capitán Tibbs no tiene sentimientos negativos hacia los que encontró en Semarang y prefiere recordar los aspectos positivos de lo que fueron capaces de lograr juntos.

Como un honor y en reconocimiento a su conducta, a los japoneses se les permitió regresar a casa con sus espadas. El Mayor Kido, el más alto funcionario japonés en la isla, presentó su espada al Brigadier Darling, el comandante británico en Java, como una señal de respeto.

Después de la guerra el Capitán Tibbs, en la vida civil, desarrolló una distinguida carrera como cirujano.

Japan Today: How Japanese soldiers helped the British in 1944 Java conflict


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