Piden honrar a nisei que luchó contra los campos de internamiento de Estados Unidos

por Admin el 20 Noviembre, 2015

en Biografías

Minoru Yasui pasó nueve meses en confinamiento solitario con la esperanza de probar que el tratamiento de los Estados Unidos a los estadounidenses japoneses durante la Segunda Guerra Mundial fue un acto inconstitucionalmente racista.

Era la terrible situación de cada estadounidense japonés en la costa oeste a principios de 1940: parecía que no había forma que Minoru Yasui podría probarle a su país que él era un estadounidense leal.

Así, el joven abogado, nacido en Oregon se aferró a la Constitución como una balsa salvavidas, incluso cuando el gobierno estadounidense planeó encerrar a la fuerza a pacíficas familias japonesas como la de Yasui en campos de concentración.

Como el comienzo de una batalla que él lucharía hasta su muerte en 1986, Yasui desobedeció el toque de queda racial en 1942 para forzar su propia detención y pasó nueve meses en confinamiento solitario esperando una sentencia de la Corte Suprema de Estados Unidos, con la esperanza de probar que el tratamiento de los Estados Unidos a los estadounidenses japoneses durante la Segunda Guerra Mundial fue inconstitucionalmente racista.

El martes, la casa blanca rendirá homenaje a su lucha otorgándole la Medalla Presidencial de la Libertad en un acto repleto de estrellas que incluirán los reconocimientos al director Steven Spielberg, Barbra Streisand, la leyenda del béisbol Willie Mays y el cantante James Taylor.

La lucha de Yasui alcanzó importancia sorprendente esta semana cuando muchos estadounidenses japoneses prominentes criticaron a funcionarios de Estados Unidos por oponerse al reasentamiento de los refugiados de Siria, comparando a lucha de los sirios con la de ellos mismos durante la Segunda Guerra Mundial.

Después que Pearl Harbor fue bombardeado por Japón en 1941, los Estados Unidos encarcelaron a 120.000 estadounidenses japoneses, dos tercios de los cuales eran ciudadanos estadounidenses. Todos fueron encerrados en 10 campos de concentración en todo el oeste de EE.UU. hasta que la guerra terminó en 1945.

Un alcalde de Virginia atrajo amplia atención a la comparación histórica cuando, en una declaración del miércoles, aludió a la detención masiva de japoneses estadounidenses, cuando aprobó que funcionarios devolvieran a los refugiados de Siria después de los ataques terroristas de la semana pasada en París que mató a por lo menos 129 personas.

"Recuerdo que el presidente Franklin D. Roosevelt se sintió obligado a secuestrar a extranjeros japoneses después del bombardeo de Pearl Harbor, y parece que la amenaza de daño a los Estados Unidos de ahora [por el estado islámico] es tan real y grave como la de  nuestros enemigos de aquel entonces," dijo en un comunicado el alcalde demócrata de Roanoke David A. Bowers.

Sin embargo, no fueron sólo los inmigrantes japoneses los que fueron considerados amenazas a la seguridad. Yasui nació y se crió en Hood River, Oregon, hijo de metodistas, pasando a ser un mejor estudiante de secundaria y segundo teniente en la reserva del Ejército de Estados Unidos. Pero eso no importaba después que estalló la Segunda Guerra Mundial y el fervor contra la agresión japonesa se extendió en la nación. Las observaciones y comentarios racistas eran comunes.

Cuando los políticos forjaron los planes para encerrar a más de 100.000 estadounidenses japoneses que vivían en la costa oeste y los forzaron a ser internados en campos de prisioneros, extraños miraban al joven abogado y le decían, "Eres un Japo, ¿no?"

Cuando las fuerzas armadas emitieron el toque de queda ordenando a los estadounidenses de ascendencia japonesa a permanecer en sus casas entre las 20:00 y 06:00, Yasui estuvo convencido que era ilegal y decidió intencionalmente desobedecer el toque de queda en Portland, Oregon, el 28 de marzo de 1942, para poner a prueba la ley en la corte.

Yasui fue detenido, acusado y entregado.  Fue pronto metido en un campo de detención en lo que más tarde describió como el programa del gobierno "absolutamente ilegal, inconstitucional e inaplicable" de detención de estadounidenses japoneses.

Finalmente fue declarado culpable de violar el toque de queda, por un juez federal que sentenció que Yasui había preferido la nacionalidad japonesa sobre la ciudadanía estadounidense, por los lazos de su familia con Japón y debido a su pasado como trabajador en un consulado de Japón en los Estados Unidos.

Durante su apelación, Yasui pasó nueve meses en confinamiento solitario en una celda de 1,80 por 2,40 metros en la cárcel del Condado de Multnomah en Oregon, logrando sólo que la Corte Suprema de Justicia en 1943, dijera que el toque de queda era constitucional.

"Al principio los guardias no me dejaba un tiempo suficiente para tomar un baño o para obtener un corte de pelo o afeitado," recordada Yasui en "Y Justicia para Todos," una historia oral de internados estadounidenses japoneses, donde describió cómo su pelo se convirtió en desgreñado y sus uñas crecieron tanto que se encresparon. "Después de un tiempo supe que la ausencia de gente no era tan importante como el sentido que tenía de mí mismo. Sabía quién era, y sabía lo que estaba tratando de hacer".

Yasui fue acreditado con el tiempo servido y eventualmente se mudó a Colorado. Después de la guerra, ejerció la abogacía y sirvió en varios grupos de la comunidad y de derechos civiles. Pero él nunca se rindió en tratar de demostrar que el gobierno de Estados Unidos había actuado erróneamente.

En 1983, Peggy Nagae abogado de Yasui, presentó una solicitud para reabrir su caso, junto con otros dos hombres estadounidenses japoneses, Gordon K. Hirabayashi y Fred T. Korematsu, cuyos casos fueron a los tribunales alegando discriminación inconstitucional que reavivó el interés público en las acciones del gobierno durante la Segunda Guerra Mundial.

Nagae dijo que Yasui, incluso a finales de su vida, "era comprometido, muy ardiente, apasionado, más allá de lo imaginable y un gran orador. No se que alto era en estatura, pero si escuchaste su voz, era fuerte como un trueno. Tenía estilo, parecía tener la presencia de alguien que medía 2 metros de altura.

La sentencia a Yasui fue anulada, pero murió de cáncer en Denver a los 70 años antes de que él pudiera persuadir al Gobierno a abordar el fondo constitucional de su caso en la corte. En 1988, el Presidente Reagan firmó una ley pidiendo disculpas y dando reparaciones pagadas a japoneses estadounidenses detenidos durante la guerra.

"Él es un patriota que creía en la Constitución, y creía que los tribunales reivindicarían sus derechos," dijo Nagae a The Times el jueves. "Fue un ferviente creyente en la ley, sabía que en nuestro sistema de justicia tenemos culpa individual, no tenemos culpa masiva, eliminación masiva, encarcelamiento masivo."

Nagae ha añadido, "Esa llama dentro de él, ese fuego en el vientre por la justicia, estaba allí desde que era un niño pequeño y hasta el día en que murió."

Los Angeles Times: Japanese American who fought U.S. internment camps in WWII to get posthumous honor

Exordio: Campos de Concentración en Estados Unidos


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