Para lograr el apoyo de la población durante la guerra Stalin permitió temporalmente la libertad de cultos

por Admin el 16 Mayo, 2016

en Biografías

Basado en el artículo de Mattia Ferrari – UCCR – Desde 1917 hasta el colapso de la Unión Soviética, Rusia fue gobernada por un régimen que persiguió a las religiones e impuso el ateísmo a su población.

Hubo, sin embargo, en esas décadas un breve período en el que las autoridades comunistas cesaron su campaña anti religiosa para lograr una buena relación entre la iglesia y el estado y eso sucedió durante la "Gran Guerra Patriótica".

Puede parecer sorprendente que la adopción de esa política la hizo nada menos que el dictador Stalin, quien una vez obtenido el poder absoluto, mostró la intención de continuar la política comenzada por su precursor Lenin, desatando una feroz persecución contra los cristianos: en 30 años el número de sacerdotes se redujo a unos pocos miles, las iglesias fueron destruidas y después de 1926 ya no permitió que existiera un patriarca, forzando a la población a practicar su fe en secreto.

Incluso cuando estalló la Segunda Guerra Mundial, el georgiano no hizo cambios en su política, y de hecho extendió las medidas anti-religiosas hasta en las regiones conquistadas, por la alianza con Hitler a través de Pacto Molotov-Ribbentrop. Sin embargo, el 22 de junio de 1941, Alemania invadió la Unión Soviética y esto cambió totalmente la política eclesiástica del gobierno: Stalin estigmatizó las actividades anticristianas de los fanáticos del partido y las iglesias fueron restauradas, alentó las ceremonias religiosas, se restauró el patriarcado, se reabrieron los seminarios y se le permitió a la iglesia tener propiedades.

¿Qué es lo que pretendía el Secretario del Partido Comunista con este inusitado cambio? La explicación se encuentra en los objetivos políticos del dictador. En primer lugar, Stalin estaba perfectamente consciente de que la gente no estaba dispuesta a luchar por el comunismo, y para movilizar a la población tenía que apelar al patriotismo y las tradiciones.

La ayuda de la iglesia ortodoxa fue fundamental en ese sentido.  Los cálculos de Stalin resultaron exactos porque la recién renovada libertad de culto fue recibida con entusiasmo por los fieles según lo evidenciado por la asistencia masiva a las iglesias de Moscú durante la Semana Santa de 1943, o por el hecho de que soldados de franco asistieran en gran número a las ceremonias religiosas (aunque Stalin nunca aceptó que los capellanes siguieran a las tropas).  Lo cierto es que la iglesia ortodoxa respondió positivamente a la invitación del régimen a tal punto que el Sergio metropolitano hizo un llamamiento a los fieles a hacer todo lo posible para lograr la victoria y la iglesia le donó a las fuerzas armadas 150 millones de rublos, resultado de una colecta entre los fieles.

También, con la renovada libertad de culto de los ortodoxos, Stalin logró el objetivo de impresionar favorablemente a los Aliados. El dictador sabía que gran parte del sentimiento anti-soviético, especialmente en los Estados Unidos, era debido a la persecución de las iglesias (el 23 de junio de 1941, Roosevelt hizo una comparación de la falta de libertad de religión entre Alemania y la Rusia Soviética) y para demostrar que el ateísmo del Estado Soviético era cosa del pasado fueron enviados representantes de las potencias aliadas para demostrar el efectivo giro comunista.  Igualmente, fueron invitados a Moscú religiosos extranjeros y Stalin le dijo al Embajador británico que él también, a su manera, creía en Dios.

La Iglesia Anglicana se movilizó en apoyo a la alianza con los soviéticos; pero en Estados Unidos, pocos cristianos creyeron en el cambio de Stalin, considerado (con razón) solamente una movida política. Entre los más decididamente contrarios a la alianza con Rusia había católicos, ya que el Papa Pío XI había emitido en 1937 la Encíclica Divini Redemptoris que condenaba la ideología comunista.

Para aplacar la ira de los religiosos, Roosevelt intentó presentarles a los leales estadounidenses un estado alemán aún más hostil al cristianismo que la Rusia de Stalin:: en octubre de 1941 el Presidente de los Estados Unidos afirmó tener una copia de un programa de treinta puntos, elaborado por el filósofo Alfred Rosenberg que previó la creación de una iglesia nacional alemana que entre otras cosas sustituía la Biblia con el Mein Kampf de Hitler y cambiaba la Cruz por la espada y la cruz gamada.

Este documento tuvo una gran difusión, aunque más adelante se reveló que era una falsificación; pero las intenciones de Hitler de eliminar a las iglesias cristianas eran auténticas pues el Führer consideraba al cristianismo como un «bolchevismo cordial, bajo una fachada metafísica" y en el Tercer Reich diferentes movimientos alentaron nuevas formas de paganismo como las SS de Himmler.

Para facilitar el trabajo de Roosevelt, hubo también una reafirmación personal del Papa Pío XII quién sabía que la encíclica de su predecesor condenaba la ideología comunista sí, pero no prohibía el envío de ayuda a la Unión Soviética para apoyar al pueblo ruso.  (Sobre el cambio de la política de Stalin y las acciones de Roosevelt ver cf. R. Overy, La strada della vittoria, Bolonia 2002 pp. 413-417).

Después de cuatro años de dura lucha, las fuerzas aliadas lograron derrotar a los ejércitos del Eje. Muchas fueron las razones que llevaron a la victoria aliada, pero es muy probable que eso hubiera sido imposible sin el cambio político de Stalin. Sin embargo, la nueva libertad religiosa en la ortodoxa tierra rusa no duraría, porque  Stalin, a partir de 1948, decide romper la «tregua» sometiendo a la iglesia ortodoxa a nuevas persecuciones (cf. Gary a., L’Urss di Lenin e Stalin, Bolonia 2007 p. 532).

Puede parecer extraño que el dictador hubiera decidido, después de superado el peligro de la derrota en la guerra, reanudar su política volviendo a imponer el ateísmo por la fuerza aunque esto resultara contraproducente. Esto se explica por el hecho de que las acciones de Stalin fueron motivadas por su ideología, y el objetivo final era la erradicación de la religión en la sociedad.

UCCR: Stalin, il sostegno alla propaganda atea e i rapporti con la Chiesa ortodossa

Exordio: Biografía de Joseph Stalin

Exordio: Biografía de Pío XI

Exordio:  Biografía de Pío XII


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