Los inmigrantes japoneses en Manchuria se convirtieron en ‘muertos vivientes’ al fin de la Segunda Guerra Mundial

por Admin el 18 Diciembre, 2015

en Biografías

Cientos de miles de japoneses emigraron a Manchuria en el noreste de China durante la Era Showa (1926-1989) persiguiendo sueños de ser dueños de las tierras de cultivo de extensiones jamás soñadas en Japón.

Una década o más adelante, comenzó su larga y terrible pesadilla.

En los últimos días de la Segunda Guerra Mundial, las vengativas tropas soviéticas y chinas atacaron y violaron a los migrantes japoneses y saquearon sus casas.

Los migrantes también fueron utilizados como peones en la defensa de Japón y fueron finalmente abandonados por los militares cuando era evidente que la guerra estaba perdida.

El estimado de muertes entre los migrantes en Manchuria excedió la suma de los fallecidos durante los bombardeos atómicos de Hiroshima y Nagasaki. Y el caos y la desesperación en la lucha de los migrantes para escapar de su antigua tierra de los sueños crearon problemas de identidad que han continuado hasta el día de hoy.

La señora Setsuko Maezawa, de 81 años de edad, aún recuerda cómo se sintió cuando finalmente regresó a Japón desde China en octubre de 1946, más de un año después que Japón se rindió.

"No me salían ni lágrimas ni palabras," dijo Maezawa, quien ahora reside en Iida, Prefectura de Nagano. "Me sentí como una muerta viviente. La guerra destruye los sentidos y las emociones de las personas."

Maezawa y su familia emigraron del sur de la prefectura Nagano a lo que era Manchuria en China en mayo de 1940.

Quienes organizaron la migración dijeron que podrían convertirse en dueños de unos 60.000 tsubo (unos 198.000 metros cuadrados) de tierras de cultivo.

Unos 33.000 residentes de Nagano fueron a Manchuria, haciendo que esa Prefectura fuera la que aportó el mayor número de migrantes en el continente.

La vida de los migrantes se puso de cabeza el 09 de agosto de 1945, cuando el Ejército Rojo comenzó la invasión de Manchuria. Seis días después, Japón se rindió poniendo fin a la Segunda Guerra Mundial.

La rendición de Japón terminó la lucha en las islas principales de Japón, pero los migrantes en Manchuria no pudieran encontrar una manera fácil de regresar a la seguridad de su patria.

Los miembros del Ejército Imperial Japonés en China hicieron rápidos arreglos para coger barcos que les llevaría de nuevo a Japón. Los migrantes estaban entre los últimos en salir.

Durante los ataques contra los hogares de los migrantes japoneses por las tropas soviéticas y chinos locales armados, Maezawa, que en aquel momento era una niña de 10 años de edad, cuenta que fueron evacuados a una escuela local con su madre de 35 años, su hermana de 8 años de edad, su hermano de 2 años y su abuela de 63 años de edad.

Su padre había sido reclutado por los militares japoneses el 10 de agosto.

Para ocultar su género de los violadores, Maezawa se cortó el  pelo y cubrió su rostro con ceniza. Se escondió bajo el piso de la casa cuando sintió el peligro.

Esa vida de temor cobró su precio en la familia, y su abuela murió en octubre de 1945.

En mayo de 1946, unos 500 inmigrantes de Nagano caminaron cerca de 300 kilómetros en un período de 15 días. La carretera afirmada había destrozado sus pies descalzos.

Maezawa simplemente siguió a su madre que llevaba a su joven hermano en la espalda. La sed de Maezawa se volvió tan insoportable que ella se dobló en una zanja de la carretera para con una cuchara sacar agua sucia con barro.

El grupo caminó 20 a 30 kilómetros al día. Tenían muy poco que comer. Por la noche, se quedaron con los residentes locales dispuestos a acogerlos y cuando eso no era posible, dormían a la intemperie.

"Mis piernas se hincharon como si fueran patas de elefante," dijo Maezawa. "Pero todavía teníamos que seguir caminando".

El grupo finalmente llegado a Harbin. Sin embargo, Maezawa y su familia tuvieron que pasar unos cuatro meses en dos campos separados. Esas instalaciones estaban repletas con japoneses tratando de regresar a Japón. El único alimento que recibían era papilla de mijo y sorgo.

El tifus se transmitía a través de los piojos y cada día, decenas de personas morían después de sufrir fiebres altas.

En agosto, Maezawa consiguió moneda Soviética que estaba siendo racionada así que compró enrollados de sushi que siempre había sido los favoritos de su madre. Sin embargo, cuando ella llevó el sushi a la boca de su madre, ella ya estaba demasiado débil para comer. Su madre murió tranquilamente sin tomar un bocado.

El hermano menor de Maezawa también tuvo una fiebre muy alta y no podía abrir los ojos.

En octubre, Maezawa cogió un tren a Huludao en el sur de China. Allí, ella y su hermana abordaron un barco que finalmente las llevó a Puerto Hakata en Kyushu. Eran los únicos miembros supervivientes de la familia.

De los 950 miembros del grupo de migrantes de la misma parte de Nagano, sólo 506 pudieron volver a Japón.

El reclutamiento del padre de Maezawa fue parte de la estrategia de los militares para obtener reemplazos en junio de 1945 para el ejército de Kwantung, cuyos miembros fueron trasladados al frente meridional debido a las grandes derrotas sufridas.

Los objetivos principales del ejército de Kwantung fue retrasar un asalto final a las principales islas japonesas tanto como fuera posible.

Unos 150.000 hombres civiles fueron reclutados por el ejército en el continente chino.

Aunque no hay ningún conteo preciso de cuántos civiles japoneses murieron en Manchuria, una estimación pone el número en 240.000. En comparación, 210.000 japoneses murieron a finales de 1945 por efectos de las bombas atómicas lanzadas sobre Hiroshima y Nagasaki. Y en la feroz Batalla de Okinawa murieron 120.000 civiles.

Después de que Japón se rindió, siguieron las instrucciones del Cuartel General del Comandante Supremo de las Potencias Aliadas (GHQ). El 24 de noviembre de 1945, la nación derrotada estableció instalaciones para recibir a los inmigrantes japoneses en puertos como Hakata, Sasebo y Maizuru.

A finales de 1946, se habían contabilizado unos 5 millones de repatriados.

Un estudio realizado por el Ministerio de Bienestar Social encontró que 3.062 niños japoneses se habían convertido en huérfanos en el curso del regreso a Japón. Además, 648 niños tuvieron que ser colocado en instituciones porque se desconocían sus identidades.

Muchos de los japoneses sobrevivieron pero no volvieron a su patria. Algunos padres vendieron a su descendencia o le pidieron a chinos conocidos que cuidaran de los niños.

El paso del tiempo ha dificultado determinar los nombres japoneses de esos niños.

En 1981, después se restablecieron las relaciones diplomáticas entre Japón y China, se introdujo un programa para traer ciudadanos japoneses de China a Japón para reunirlos con sus parientes. Hasta ahora, 2.818 ciudadanos japoneses han sido identificados a través del programa, pero el número de casos de éxito ha disminuido constantemente durante los años. Tales programas no se han llevado a cabo en los últimos tres años.

Según estudios realizados por el Ministerio de Salud, Trabajo y Bienestar, 6,3 millones de japoneses regresaron a las islas principales después del final de la Segunda Guerra Mundial de todas las partes de Asia y el Pacífico. De esa cifra, 3,1 millones eran militares o civiles que trabajan para los militares, y 3,2 millones eran civiles comunes y corrientes.

Asahi Shimbun: Abandoned in Manchuria, Japanese migrants became ‘living corpses’ after World War II


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