Las penurias de los nissei en Estados Unidos en 1941

por Admin el 30 Abril, 2016

en Biografías

Artículos anteriores describen cómo en abril de 1942, 7.800 Nikkeis de San Francisco — personas de ascendencia japonesa, fueron recluidos en caballerizas y otros refugios improvisados en el hipódromo de Tanforan en San Bruno. Después de seis meses, los internos fueron cargados en trenes y enviados en un viaje de dos días al Centro de Reubicación en Utah Central, cerca del pequeño pueblo de Delta. El campamento fue conocido como Topaz, por el nombre de una montaña cercana.

Topaz fue uno de los 10 campos de concentración en los Estados Unidos durante la guerra donde fueron recluidas un total de aproximadamente 120.000 personas de ascendencia japonesa procedentes de la costa oeste de ese país. Los campamentos, administrados por la War Relocation Authority (WRA) (autoridad de reubicación de guerra), estaban dispersos en zonas desoladas del interior de California, Arkansas, Arizona, Idaho, Utah, Wyoming y Colorado. (Mi padre y su familia, desde el Valle Central, fueron recluidos en el Campo Granada en el suroeste de Colorado).

La primera carga de trenes con 502 internos llegó a Topaz el 17 de septiembre de 1942, en medio de una tormenta de polvo asfixiante. En octubre, el campamento había alcanzado su capacidad máxima de 8.232 internos.

El nuevo hogar de los internos era un compuesto sombrío, sin terminar, en un llano desierto alcalino plagado de viento y polvo. El campo estaba compuesto por 408 barracas en una gran plaza rodeada de alambradas de púas y torres de guardia con soldados armados.

El odio evidente

Esos soldados "era totalmente evidente que odiaban a los japoneses", escribe Sandra Taylor en su libro “Jewel of the Desert: Japanese American Internment at Topaz.” En 1943, un interno de 63 años de edad, Hatsuaki Wasaka, fue baleado y muerto por un guardia cuando se acercó a la valla: dijo un testigo que sólo quiso recoger una flor.

Los internos fueron alojados en 378 barracas de papel alquitranado, sin cimientos. Inicialmente algunos cuarteles ni siquiera tenían techos, y los retretes en las letrinas, ubicadas en una barraca separada en cada bloque, a menudo carecían de asientos y puertas. Para muchos de los internos, la falta de privacidad fue uno de sus mayores quejas, junto con agua apenas potable, comida mala y enjambres de zancudos durante los veranos.

Como en Tanforan, los internos hicieron todo lo posible para crear una ciudad funcional y vivir una vida normal. Abrieron escuelas, llevaron a cabo exposiciones de arte, formaron equipos de béisbol, publicaron un periódico y crearon un organismo rector. Debido a que se requería mano de obra barata para recoger la cosecha de azúcar local, las autoridades permitieron a algunos internos trabajar fuera de los campamentos.

Prueba de lealtad para el Ejército

A comienzos de 1943, la controversia estalló cuando la administración de los campos, deseosos de dar de alta a los internos para que sirvieran en el ejército, distribuyó un cuestionario de lealtad que incluyó dos preguntas explosivas. En la Nº 27 a los hombres en edad militar les preguntaban si estaban dispuestos a servir en combate con los militares de Estados Unidos. La Nº 28 pedía jurar lealtad a los Estados Unidos y renegar la lealtad al Emperador japonés.

Para los Issei (inmigrantes de primera generación) en el campo, que no podían ser ciudadanos de Estados Unidos, la pregunta Nº 28 era inaceptable porque renegar lealtad a Japón los convertiría en apátridas. Para algunos de los Nisei (hijos de segunda generación), la mayoría de los cuales eran ciudadanos de Estados Unidos y completamente integrados a la sociedad estadounidenses, la pregunta Nº 28 era como un insulto porque implicaba que realmente habían sido leales a Japón.

La pregunta Nº 27 era aún más problemática. Porque habían sido forzados a ser recluidos en los campos, y muchos Nisei afirmaron su disposición a servir sólo si les fueran restaurados sus derechos civiles, cosa que el Departamento de Guerra se negó a aceptar.

Tensiones altas

Debido al tema, las tensiones en los campamentos se acrecentaron: a algunos estadounidenses japoneses, que contestaron "sí" a ambas preguntas les arrojaron líquidos malolientes en sus habitaciones.

En definitiva, unos 4.600 de los 21.000 hombres Nisei elegibles para el proyecto en los 10 campos respondieron "no" a la pregunta Nº 27. Un porcentaje menor contestó "no" a ambas preguntas, incluyendo un número de Kibei, Nikkeis, que habían sido educados en Japón y tendían a ser más pro-Japón.

Independientemente de la razón de sus respuestas, aquellos que respondieron "no" a ambas preguntas fueron enviados a un campamento especial reservado para los considerados desleales japoneses-estadounidenses, ubicado en Tule Lake en la lejana norte de California. Un total de 1.447 residentes de Topaz fueron trasladados allí.

Escabroso reasentamiento

Al acercarse el final de la guerra, la administración WRA alentó a los internos a establecerse fuera de los campamentos, pero muchos eran reacios a abandonar un lugar que se había convertido en su hogar y aventurarse en una sociedad blanca a la que temían, con cierta razón, porque sería hostil con ellos. Eventualmente, todos los internos salieron, pero solamente el 60 por ciento regresó a San Francisco.

Cuando llegaron casa, tuvieron dificultades para encontrar vivienda y empleo. En San Francisco, el antiguo barrio japonés habían sido tomado por los afro-americanos y muchos empleadores se negaron a contratar a personas de ascendencia japonesa. Muchos perdieron todas sus pertenencias.

El caso de Tomoye Takahashi era típico. En el ferry a San Francisco, recordó, "sólo estuve allí y lloré. … Al fin estaba en casa."

Ella y su familia habían dejado sus posesiones encerradas en una habitación de su casa cerca de Golden Gate Park. Cuando volvieron, encontraron que la casa había sido invadida y sus posesiones saqueadas.  Ellos vieron que los vecinos usaban sus muebles y su aspiradora, pero la policía les dijo que nunca recuperarían sus propiedades.

La lenta recuperación

Takahashi y su hermana trataron de conseguir puestos de trabajo, pero fueron rechazados en todas partes. Por último, el Emporio contrató a la hermana, una bioquímica capacitada, para trabajar sólo en una trastienda comprobando recibos de ventas — un hecho por el que la familia siempre estuvo agradecida.

Finalmente, los Takahashis se recuperaron y crearon un próspero negocio de importación. Con algunos de los ingresos, Tomoye y su esposo empezaron un fondo de caridad, el "Henri y Tomoye Takahashi Charitable Foundation", que apoya la comunidad y grupos de Arte y a la "Japanese American Historical Society".

Los internos estadounidenses japoneses sufrieron lo que ahora es reconocido como una de las peores violaciones de los derechos civiles en la historia de Estados Unidos, con notoria resistencia. Ellos estaban enojados, desconcertados y heridos, pero pocos perdieron su fe en el país que los había tratado tan vergonzosamente. Su fuerza interior fue personificada por el destacado artista y profesor de Universidad de California, Berkeley, Chiura Obata, que dijo: "Nosotros sobreviviremos si olvidamos la arena en nuestros pies y miramos las montañas para inspirarnos".

The San Francisco Chronicle: Troubles, tensions for Japanese American internees in WWII


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