La estrategia de De Valera benefició a Irlanda antes de la guerra

por Admin el 25 Abril, 2018

en Biografías

En su 80º aniversario, Ryle Dwyer, columnista del Irish Examiner, analiza la importancia de los acuerdos Anglo-Irlandeses de 1938 y las ventajas que obtuvo Éamon De Valera como jefe del gobierno de Irlanda durante las conversaciones con el Primer Ministro Neville Chamberlain de Gran Bretaña.

Por Ryle Dwyer – Los tres acuerdos Anglo-Irlandeses firmados el 25 de abril de 1938 tuvieron un impacto decisivo en la vida política Irlandesa. Se eliminó el último objetable vestigio del Tratado de 1921, allanando así el camino para que Irlanda permaneciera fuera de la Segunda Guerra Mundial.

Como resultado, el "Fianna Fáil" (Partido Republicano) fue recompensado con casi 10 años más en el poder. El Tratado Anglo-Irlandés de 1921 había conferido el estatus de dominio a Irlanda, y el Estatuto de Westminster de 1931, le concedió al dominio la completa libertad legal, excepto en las áreas donde ellos eligieron permanecer subordinados a Gran Bretaña.

El Tratado de 1921 comprendía distintas concesiones a los Británicos en el ámbito de defensa y finanzas. Los Irlandeses habían acordado asumir la responsabilidad de pagar una parte de la deuda nacional británica.

Se suele olvidar que el Norte fue considerado inicialmente como parte del Estado Libre de Irlanda en virtud del Tratado Anglo-Irlandés. A los seis condados se les otorgó el derecho de retirarse del Estado Libre, pero en ese caso la Comisión de Límites redibujó la frontera en línea con los deseos de los habitantes locales.

Mucho se esperó que esta comisión transfiriera grandes áreas de los Seis Condados al Estado Libre Irlandés. Cuando la comisión decidió en contra de la transferencia de extensas áreas en 1924, los británicos renunciaron a todos los reclamos para que el Estado Libre contribuyera con los Británicos en el pago de la deuda nacional.

Al llegar al poder en 1932, Éamon De Valera, insistió en que los montos anuales que se le debía pagar a Gran Bretaña por la tierra – aparecieron la compra de tierras por parte de los irlandeses alrededor del cambio de siglo – no fueran considerados como deudas, como resultado del acuerdo de la comisión.

Los británicos respondieron que el Ministro de Finanzas Irlandés Ernest Blythe acordó en 1926 el pago a Gran Bretaña de una anualidad por la tierra de £5 millones. La Cámara Baja del Parlamento Irlandés no fue informada acerca de esto, mucho menos que ratificara el acuerdo. Por lo tanto, De Valera, insistió en que el acuerdo Blythe no tenía valor jurídico.

De Valera se ofreció a someter la cuestión a arbitraje internacional vinculante, pero el Secretario de Hacienda, Neville Chamberlain rechazó la oferta, por temor a que un árbitro fuera a decidir por De Valera. Cuando el gobierno de Dublín retuvo los pagos de anualidad en 1932, Gran Bretaña retalió con la Guerra Económica.

Los Británicos estaban secretamente animados a resistir a De Valera mediante el Partido Cumann na nGaedheal, que invocó la memoria de Michael Collins y Kevin O’Higgins. Si los Británicos pensaban que la presión iba a dolerle al gobierno de De Valera, debieron de haber quedado muy decepcionados, porque el Partido Fianna Fáil de De Valera ganó una mayoría absoluta en un complemento de las elecciones generales en enero de 1933.

Con 77 de 153 escaños, no era la más pequeña de las mayorías, pero era la primera mayoría absoluta que ningún partido tuvo desde antes de la Guerra Civil. El Partido Fianna Fáil obtuvo tres escaños del Partido Fine Gael en posteriores elecciones durante el término legislativo del Dáil (Parlamento), pero el partido perdió su mayoría absoluta, por el más mínimo de los márgenes en las elecciones generales de julio de 1937, cuando se redujo a 69 de 138 escaños.

Con las crecientes tensiones en el continente, De Valera, utilizó la ansiedad internacional para hacer que los británicos cambien su actitud contra Irlanda. Como los británicos necesitaban la ayuda de los estadounidenses en caso de guerra, De Valera, intuyó que una solución del problema anglo-irlandés ayudaría en gran medida a mejorar la posición de Gran Bretaña en los Estados Unidos.

Según MacDonald., De Valera enfatizó que "Una real e incondicional amistad con los Estados Unidos sería mucho más valiosa para la Gran Bretaña que cobrar algún dinero por una deuda, o que nuestra ocupación de los tres puertos Irlandeses en contra de la voluntad de casi todo el sur de la población Irlandesa".

Los irlandeses podrían inicialmente desear permanecer neutrales en la guerra que amenazaba, pero De Valera le dijo a MacDonald que es probable que ellos fueran en ayuda de Gran Bretaña, si las dificultades pendientes fueran resueltas de antemano.

Si bien no podía haber un compromiso formal sobre lo que Irlanda haría en caso de guerra, De Valera fue preparado para dar una garantía formal de que Dublín nunca permitiría que el territorio Irlandés fuera utilizado como base para un ataque a Gran Bretaña.

MacDonald no tenía ninguna duda acerca de la sinceridad de De Valera. "Estoy convencido que el Secretario de los Dominios aseguró a sus colegas de Gabinete, que es realmente genuino desear de todo corazón, la amistad y la cooperación entre el Estado Libre de Irlanda y Gran Bretaña."

La única área de la política Irlandesa que Gran Bretaña podría reclamar legítimamente era, que el gobierno del Dominio en Dublín estaba subordinado a Gran Bretaña en el ámbito de la defensa.

El Tratado de 1921 le otorgó a Gran Bretaña la posesión de tres bases navales en Cobh, Berehaven y Lough Swilly.

"En tiempo de guerra o de relaciones tensas con una Potencia Extranjera," los Británicos tenían más derechos "a dichos puertos y otras instalaciones según el Gobierno Británico las pudiera requerir."

Los dos gobiernos acordaron iniciar conversaciones formales en Londres el 17 de enero de 1938.

De Valera fue acompañado por Seán Lemass, Seán MacEntee, y James Ryan. Las conversaciones se centraron en las cuatro áreas de desacuerdos,  la partición, la defensa, el comercio y las finanzas.

El Primer Ministro británico Neville Chamberlain estaba ansioso por asegurarse la buena predisposición de los irlandeses. De inmediato indicó que Gran Bretaña iba a entregar los tres puertos y renunciar a los derechos sobre las otras instalaciones irlandesas consagrados en los tratados.

Asimismo, indicó que Gran Bretaña eliminaría las obligaciones irlandesas en cuanto a las tasas sobre las importaciones, introducidas como parte de la Guerra Económica, pero él afirmó que no podía haber ningún acuerdo sobre la partición territorial en contra de la voluntad de la mayoría en el Norte.

Las únicas demandas sobre las concesiones que exigían los británicos fueron algunos de los pagos de las deudas pendientes, excluyendo las anualidades sobre la tierra, así como la eliminación de las tasas de importación sobre los bienes importados desde Irlanda del Norte. Pero De Valera, argumentó que él no podría hacer ninguna concesión a menos que se eliminara la partición.

A pesar de todo, Chamberlain estuvo optimista.

"Voy a quedar tremendamente decepcionado, si no logramos un acuerdo en todo, excepto en la partición territorial", dijo al final de la primera ronda de conversaciones.

De Valera apeló al Presidente Franklin Roosevelt para ayudar a convencer a los británicos de que la plena "reconciliación anglo-irlandesa afectaría a todos los países donde las dos razas que habitan juntos, tejen una fuerza nacional y hacerle ver al mundo que son un gran bloque democrático de pueblos interesados en la preservación de la paz."

Roosevelt se negó a intervenir formalmente, pero se acordó instruir a Joseph P. Kennedy, su nuevo embajador en Gran Bretaña, para decirle a Chamberlain en privado que Roosevelt estaba ansioso por ver un acuerdo anglo-Irlandés.

Durante una segunda ronda de conversaciones en febrero, Chamberlain se ofreció a resolver las demandas financieras de más de 100 millones de libras, reduciéndola a 39 millones, mientras que el lado irlandés ofreció fijarlo inicialmente en sólo 2 millones.

Gran Bretaña acordó eliminar los aranceles sobre las importaciones irlandesas, mientras que Dublín estaba obligado a revisar sus propios derechos de importación y brindar un trato preferencial a algunas de las importaciones británicas. Además, los británicos terminaron la Guerra Económica tranzando por el pago irlandés de 10 millones de libras.

Los Británicos también renunciaron a los tres Tratados de Puertos y a todos los derechos que tenían en otras bases irlandesas.

Si Gran Bretaña se hubiera reservado el derecho que quería sobre cualquier instalación o base en Irlanda, no se necesita tener demasiada imaginación para visualizar cómo Churchill habría socavado no sólo la neutralidad irlandesa, sino también la independencia de Irlanda durante la guerra que estalló en Europa en agosto de 1939.

Irish Examiner: De Valera strategy benefited Ireland


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