Fotógrafo publicó las fotos inéditas que tomó en la Cancillería de Hitler y que mantuvo en secreto durante décadas.

por Admin el 8 Junio, 2013

en Biografías

En 1945, después de capturado el Búnker de la Cancillería, el Ejército Rojo confiscó todo lo que había en su interior y lo transportaron a Moscú. 

Posteriormente zapadores del Ejército Rojo trataron de volar el búnker sin conseguirlo y decidieron clausurar las entradas.  Después soldados estadounidenses, británicos y soviéticos entraron para llevarse como recuerdos hasta las baldosas de las paredes, aunque en ese tiempo habían toda clase de objetos que ahora serían valiosos, pero para entonces se trataba sólo de parafernalia militar fácil de encontrar en cualquier campo de batalla.  Ningún civil podía asomarse ni a 100 metros del perímetro de la Cancillería y oficinas públicas del Reich.

En 1986, el gobierno de Alemania Oriental, dirigido desde el Kremlin, hizo planes para erigir un gran complejo de apartamentos en la esquina de Vossstrasse y Otto Grotewohl Strasse, hoy llamada Wilhelmstrasse que es como se llamaba hasta el fin de la guerra. Pero para poder levantar los edificios que cubrirían para siempre los lugares emblemáticos del nacionalsocialismo alemán, era necesario demoler las partes que sobresalían del búnker de la Cancillería y de los búnkeres y refugios antiaéreos de los alrededores y del Ministerio del Exterior.  El trabajo de demolición no era nada fácil por lo masivo de su construcción y eso les tomó muchos meses.

En 1987 el fotógrafo Robert Conrad ideó un plan para fotografiar el interior del búnker, arriesgando con ello la vida, porque el régimen comunista no podía permitir que se supiera nunca lo que había en su interior, aunque se tratara de sólo ruinas, después de permanecer clausurado durante más de 40 años.

Habían pasado muchas décadas y los búnkeres estaban casi olvidados, pero cuando el gobierno recién comenzaba las obras civiles para erigir los bloques de cemento para viviendas para gente pobre, Conrad no quiso dejar pasar la oportunidad de poder fotografiar los búnkeres.

Conrad sólo quería documentar lo que había en el interior, pues la orden de Stalin al final de la guerra fue que no se divulgara absolutamente nada relacionado con la Cancillería y las oficinas de gobierno del Reich, todas ellas ubicados en los alrededores  del Tiergarten y por supuesto incluía los búnkerers y refugios antiaéreos existentes en los alrededores.  Demás está decir, que menos aún podían hacerse públicos los documentos encontrados en el interior de todos los edificios.

El tema era "Verboten" y nadie jamás se atrevió a divulgar nada, para no perder la vida o pasar el resto de su existencia en Siberia.

Disfrazado como un trabajador de construcción Conrad logró escabullirse al interior del Führerbunker unas 30 veces provisto de su cámara "Praktica" de 35mm. con lente gran angular.  Tomó cientos de fotografías, no para recolectar souveniers, según explicó él, sino para documentar la arquitectura.  Conrad durante mucho tiempo viajó por toda Alemania Oriental documentando fotográficamente los pocos edificios y casas ancestrales que el régimen comunista dejaba en pie, pues donde podían demolieron todo rastro de la arquitectura histórica de Alemania para construir complejos habitacionales sin ningún valor estético o arquitectónico.  Los que buscaban era tapar para siempre la historia de Alemania.

Como una forma de protesta vivió ilegalmente en edificios programados para ser demolidos, fotografiándolos y convirtiéndose en un cronista de la manía destructiva del gobierno comunista.  Fue detenido e interrogado muchas veces, escapando apenas bajo las amenazas de la policía para que dejara de fotografiar casas.  Estudiar en una universidad le estaba vedado y sólo pudo trabajar en donde podía para sobrevivir.

Fue cuando trabajaba como aprendiz de conductor de buses que al pasar por la Otto Grotewohl Strasse observó trabajos de construcción y logró ver lo que parecían ser restos de una de las entradas del búnker de la Cancillería.

Conrad tuvo mucho tiempo para hacer su trabajo pues las masivas construcciones de concreto de hasta cerca de 10 metros de profundidad, debían ser demolidas, cosa que no pudo hacer el Ejército Rojo en 1947, optando por sellar las entradas solamente.  En 1947, la fuerza de las explosiones no pudo destruir el techo de 4 metros de espesor del Führerbunker, sino apenas hundir toda la estructura 40 centímetros.

Doce años después hicieron un nuevo intento, pero fracasó nuevamente.  Únicamente pudieron destruir las torres de vigilancia y los refugios antiaéreos.  Cubrieron todo el área con tierra y se llenó de hierbamala.

Uno de los temores de Conrad era que de ser descubierto lo acusaran de querer escapar hacia Alemania Occidental, pues parte del tristemente célebre Muro de Berlín se encontraba cerca al lugar y pasaba por encima del búnker de la Cancillería que se encontraba prácticamente debajo del muro.   El Tiergarten pertenecía al Sector Británico, mientras que todo el área donde estaban las oficinas públicas del Reich eran el sector soviético.  El muro pasaba a lo largo de Eberstrasse que durante la época nacionalsocialista se llamaba Herman Göring Strasse

Esos temores y la premura lo obligaron a no fotografiar metódicamente el búnker sino apuntar y disparar su cámara lo más rápidamente posible.  Sin embargo, pese a todas las precauciones que tomó fue sorprendido cinco veces y le confiscaron una docena de rollos de película. Afortunadamente el asunto no pasó a mayores, excepto una reprimenda para que no volviera a suceder.

En una oportunidad, mientras fotografiaba el búnker de buenas a primeras se tropezó con una persona que se encontraba sentado en el piso con una lámpara de minero.  Ninguno supo que decir.  Sólo se miraron con el temor de que el otro fuera un espía del gobierno.  Ninguno preguntó que es lo que hacía el otro en ese lugar.  Luego de unos segundos, cada uno siguió con lo que estaba haciendo, Conrad tomando fotos y el otro hombre haciendo dibujos al carboncillo.

En Otto Grotewohl Strasse (ahora con el antiguo nombre Wilhelmstrasse) Conrad fotografió el edificio del Ministerio de Propaganda que fue el único que estaba en pie.

Finalmente en 1989, la tierra estaba aplanada, las entradas ya no existían y comenzaron los trabajos de construcción de los complejos habitacionales.

Más de 25 años después Robert Conrad publicó sus fotografías inéditas que solamente muestran el deterioro en que se encontraban cuando bien podrían haber sido conservadas como monumentos históricos.

Der Spiegel: Heimlich im Hitlerbunker

Fotos de Robert Conrad: lumabytes.com

Exordio: El Führerbunker (Bunker de Hitler en Berlín)


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