Filipino insiste en promover la ‘nobleza’ de los pilotos Kamikaze

por Admin el 1 Noviembre, 2014

en Biografías

CIUDAD ANGELES, FILIPINAS – Setenta años después que se organizara por primera vez una unidad kamikaze durante la  guerra en las Filipinas, un filipino continúa promoviendo su convicción personal de que los pilotos suicidas japoneses durante la Segunda Guerra Mundial fueron nobles guerreros que merecen ser honrados con diversos monumentos.

Daniel Dizon, de 84 de edad, dijo que a pesar de la fuerte oposición que recibió en la época en que fundó la Sociedad Conmemorativa Kamikaze de Filipinas e inició la construcción de un monumento a los kamikazes en los años 70 en su provincia de Pampanga, al norte de Manila, su esfuerzo por honrar a los pilotos kamikaze debe continuar, incluso más allá de su vida.

"Ya lo pasé a mis hijos," dijo Dizon respecto a su Museo de Kamikaze en su casa de Ciudad Ángeles en Pampanga, que mostró a Kyodo News una tarde de un reciente domingo.

"Mi principal objetivo es recordar a los kamikazes en sus antiguos campos de aviación. Por lo menos en eso tuvo éxito y por supuesto, al explicarles a los estudiantes que los visitan, todavía puedo aprender una lección o dos de la lealtad de los kamikaze."

Aunque Dizon conoció a algunos soldados japoneses asignados en Pampanga mientras era un niño, no fue sino hasta mediados de 1960, después de que leyó un libro sobre la fuerza kamikaze de Japón –titulado "Viento divino" y escrito por dos ex oficiales de la Armada Imperial japonesa, que empezó a tomar gran interés en los pilotos kamikaze, a tal punto que se convirtió en una pasión.

En 1941, las fuerzas japonesas invadieron las Filipinas, que era entonces una mancomunidad bajo la protección de  Estados Unidos y la ocupó hasta su derrota por las fuerzas aliadas dirigidas por EE.UU. en 1945.

Cuando las fuerzas estadounidenses regresaron a las Filipinas en octubre de 1944 a recuperarla de los japoneses, la Armada Imperial Japonesa organizó la primera unidad kamikaze en Mabalacat, un pueblo adyacente a Ángeles, para llevar a cabo misiones de ataque suicida contra unidades navales de Estados Unidos.

La primera misión kamikaze despegó del aeródromo de Mabalacat occidental el 21 de octubre de 1944, pero no pudo localizar a sus objetivos. Cuatro días más tarde, una unidad que despegó desde el aeródromo al Oriente de Mabalacat, liderados por el teniente Yukio Seki, llegó a objetivos estadounidenses en el Golfo de Leyte en Filipinas central.

"Como usted sabe, he vivido la guerra. He visto un montón de atrocidades y el comportamiento inhumano de muchos soldados japoneses. Pero cuando leí "Viento divino", fue todo muy diferente. Es algo que es muy profundo. Y eso me mantuvo despierto en las noches después de leer el libro hasta que, finalmente, me decidí a hacer algo por la memoria de los pilotos kamikaze", dijo Dizon.

"Los vi como personificaciones de los antiguos guerreros samurai de Japón y no los soldados ordinarios que cometieron atrocidades aquí. Eso me motivó a conmemorarlos en la zona donde se organizaron en Mabalacat."

Describiendo a los pilotos kamikazes como "muy nobles" por su disciplina y sacrificio, Dizon comenzó poco después de leer el libro estableciendo su Museo kamikaze en su casa, mostrando, entre otras cosas, un uniforme de piloto kamikaze, un cañón antiaéreo, una ametralladora, una bandera de guerra de Japón y otros artículos recuperaron de los campos de aviación en Mabalacat, así como de casas ocupadas antes por los soldados japoneses.

También muestra sus bocetos personales de algunos conocidos pilotos kamikaze y el texto de la carta de un piloto kamikaze a su hija.

En 1974, el primer monumento kamikaze en Filipinas fue construido en el antiguo emplazamiento del campo de aviación de Mabalacat Oriental por iniciativa de Dizon. Pero después de la erupción de 1991 del cercano Monte Pinatubo quedó completamente enterrado bajo las cenizas y fue substituido en el año 2000 por una pared con las banderas grabadas de Filipinas y Japón.

Cuatro años más tarde, para conmemorar el 60º aniversario de la organización de la unidad kamikaze, se erigió una estatua a un piloto kamikaze frente a la pared.

En el aeródromo de Mabalacat occidental, donde se preserva un conocido túnel de los kamikazes, los esfuerzos de Dizon resultaron en la construcción de otro monumento de memoria, erigido también en 2004.

Dizon recordó que la mayoría no estaba contenta con su defensa, particularmente porque él empezó en un momento en que el sentimiento antijaponés estaba muy elevado debido a los abusos de los soldados japoneses durante la ocupación. Dijo que inicialmente también le molestaba porque el suicidio va en contra de las enseñanzas de su fe católica.

Consciente de las críticas en su contra por hacer público su respeto a pilotos kamikazes durante la guerra, Dizon sólo puede esperar que un día, sus compatriotas filipinos también sepan apreciar el origen de los pilotos kamikazes, que es su lealtad a su país.

"Yo les digo (a los estudiantes que visitan el Museo), si sólo podemos hacer una cuarta parte de lo que el kamikaze hizo por lealtad con su país, Filipinas sería un gran país," dijo.

Pero a pesar de que algunos Filipinos concuerdan con sus puntos de vista y algunos los critican, expresó su comprensión, sugiriendo que no conocen la "historia de la kamikaze," y hace votos para "continuar este esfuerzo porque es parte de la historia de este lugar".

"El kamikaze fue organizado aquí, y eso ya es historia. "Ningún otro lugar del mundo tuvo ese tipo de oportunidad en la historia, dijo.

En todo caso, esto también es el valor que José Ricardo, un profesor de historia en la Universidad de las Filipinas, especializada en las relaciones de Filipinas con Japón, reconoce en los esfuerzos de Dizon para honrar a los pilotos kamikaze.

"Bueno, se pueden considerar nobles, pero sólo desde la perspectiva japonesa. En este caso particular, si lo vemos desde la perspectiva filipina, estaban peleando por su país. Y nosotros en ese momento, estábamos luchando contra Japón. Todo eso suena inconsistente, en el sentido de que, en primer lugar, nosotros no sabemos quienes son nuestros héroes de la guerra, y apenas los rememoramos" dijo Jose en una entrevista por separado con Kyodo News.

Para José, no sería correcto inculcar en las mentes de los filipinos que los kamikazes eran nobles combatientes, incluso si, como Dizon, también son optimistas sobre la aceptación de tal concepto por la mayoría de los filipinos.

"Podemos decir que lo relevante es que, si estaban dispuestos a morir por su país, estaremos dispuestos a morir por el nuestro de la misma manera. Pero la mentalidad filipina no está para ese tipo de cosas… Nunca cerramos la puerta a la supervivencia. Así que no creo que ese fenómeno cale en el común de los filipinos," dijo José.

"Podemos entender, sí. Tal vez, los podemos apreciar un poco más. Pero decir que eso es algo que debe inculcarse en los filipinos, no lo creo", dijo.

Independientemente de la diferencia en los puntos de vista, Dizon subrayó que en última instancia, su defensa ofrece lecciones valiosas de los tiempos de guerra.

"En realidad, mi Museo es pacifista. Realmente su esencia es contra la guerra. Si no hubiera habido guerra, no habría habido ningún kamikaze."

CBNews: Filipino man continues to promote ‘nobility’ of WWII kamikaze pilots

Exorddio: Pilotos Kamikaze


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