Experiencia de vida de una superviviente de los bombardeos incendiarios de EE.UU.

por Admin el 23 Febrero, 2017

en Biografías

PITTSBURG, Kansas – Por Emily Younker – Como una niña en su natal Japón, Yoko Teats vio cómo su hogar se encendió en llamas después de ser atacado con bombas incendiarias por aviones estadounidenses durante la Segunda Guerra Mundial.

A medio mundo de distancia, Bob Herrmann, como un joven estadounidense, iba de casa en casa recolectando grasa, periódicos y otros materiales que podrían ser donados a los militares de Estados Unidos para ayudar a fabricar explosivos.

"Le he pedido perdón", dijo Herrmann, hoy un amigo cercano de Teats.

Teats, ahora con 85 años de edad y acompañada por Herrmann como apoyo, compartieron el miércoles la historia de su supervivencia cuando niños de la campaña de bombardeo de los Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial. La audiencia en la Universidad Estatal de Pittsburg se llenó de estudiantes de esa casa de estudios y del Fort Scott Community College, así como algunos miembros del público.

Comienza la Segunda Guerra Mundial

Yoko Teats (apellido de casada) nació en Hiroshima en 1932 y creció en esa ciudad, donde se trasladó con su familia cuando su padre aceptó un trabajo como profesor de geografía y geología. Su infancia, a pesar del estallido de la guerra, generalmente era feliz; sus mejores recuerdos incluyen la recolección de insectos y mariposas y examinar rocas y minerales con su padre.

"El trabajo escolar me mantuvo ocupada," dijo ella, "porque íbamos a la escuela 11 meses al año, seis días a la semana."

Su hermano mayor fue reclutado como un soldado-estudiante cuando asistía a la universidad, pero nunca sirvió en el servicio activo, dijo. La familia finalmente se mudó a un pequeño pueblo fuera de Hiroshima.

Teats recuerda una noche, ella cree haber sido en junio de 1945 — aparecieron aviones estadounidenses cuando de repente comenzaron a caer bombas incendiarias en su ciudad. El ataque duró horas y la casa de la familia recibió tres de las bombas que se encendieron tras el impacto.

Era, más tarde descubriría, parte de una campaña de bombardeo que Estados Unidos llevó a cabo contra Japón en el último año de la guerra. La campaña comenzó el 10 de marzo de 1945, cuando aviones bombarderos B-29 de Estados Unidos volaron sobre Tokio en la oscuridad de la noche y lanzaron racimos de bombas equipadas con un invento entonces-reciente: el napalm. Las incursiones dejaron a Tokio como una gigantesca hoguera con miles de cuerpos calcinados y llena de escombros. Ataques similares siguieron en más de 60 otras ciudades japonesas.

De enero de 1944 hasta agosto de 1945, los Estados Unidos lanzaron 157.000 toneladas de bombas sobre las ciudades japonesas, según la Encuesta de Bombardeo Estratégico de Estados Unidos. Se estima que mataron a 333.000 personas, incluyendo los 80.000 muertos del 6 de agosto con el ataque de la bomba atómica de Hiroshima y 40.000 en Nagasaki tres días más tarde. Otras estimaciones son significativamente más altas. 15 millones de los 72 millones de japoneses quedaron sin hogar y ni un techo donde cobijarse.

Sobreviviendo a los incendios

En la ciudad en que vivía Teats, los incendios se extendieron rápidamente por los fuegos creados por las bombas de esa noche. Su abuela reunió a los niños y huyó a la seguridad de algunos refugios en un parque cercano, ordenando a Teats, que era una joven adolescente, permanecer en la casa y continuar luchando contra los incendios. Así lo hizo la niña recogiendo agua de la cocina y el baño para verter en el fuego tan calmadamente como le fue posible.

Herrmann, ahora con 82 años de edad, dijo que se sorprendió por la decisión de la niña de quedarse atrás, debido a que los japoneses tradicionalmente guardan mucho respeto a sus mayores.

"Su abuela le dio sus instrucciones específicas de quedarse en la casa y luchar contra los incendios", dijo. "Ella obedeció lo que le dijo la abuela."

Cuando Teats por fin salió de la casa, vio que mucha gente había sido incinerada. Otros se zambulleron en un lago en el parque para escapar de los incendios, pero Teats no quiso unirse a ellos.

"Decidí que si tenía que morir, no sería en el agua", dijo.

Después de que el bombardeo terminó, Teats se reunió con su familia. Volvió a casa para encontrar que habían perdido todo. Finalmente volvieron a reconstruir su pueblo, dijo.

En agosto de 1945, Estados Unidos lanzó dos bombas atómicas sobre las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki, terminando definitivamente  la Segunda Guerra Mundial. Teats dijo que su familia no estaba en Hiroshima en ese tiempo, y sólo vio imágenes de la devastación.

Después de la guerra, Teats trabajaba como mecanógrafa en un hospital militar estadounidense y en una base militar. Los puestos de trabajo, dijo, los obtuvo fácilmente porque ella había podido aprender a leer y hablar Inglés en la escuela. Fue en la base militar que conoció y se enamoró de un soldado estadounidense.

"En ese campo conocí a mi futuro esposo", dijo. "Comprobé quien era. Fui a la sala de archivos y encontré su expediente para verificar los antecedentes familiares, sus finanzas, su salud, su educación. Cuando terminé, lo encontré que valía la pena casarme con él."

Una historia fascinante

Yoko Teats llegó a Estados Unidos en la década de 1950 a los 24 años y formó una familia; más de 50 años más tarde, ella es viuda y vive independiente, en Kansas. Su hijo, James Teats, vive en Frontenac y hace obras para el Community Credit Union de docentes de Kansas; su nieto, Jacob Teats, es alcalde en Pittsburg.

Uno de los Teats de la tercera generación dice que aprendió de la historia de su abuela cuando era joven y lo utilizó como tema en un concurso de escritura cuando él tenía 10 años.

"Es fascinante, y sin duda me da una perspectiva diferente de las cosas," dijo.

Una de las personas asistentes a la audiencia del miércoles fue Jason Gates, un estudiante de PSU que previamente fue enviado al sur de Tokio durante un período de servicio con la Marina de Estados Unidos. Dijo que estaba impresionado y maravillado por la historia de supervivencia de Teats.

«Sólo ver la devastación, en las fotos, no es algo que no le desearía a nadie," dijo.

The Jplin Globe: PSU speaker shares story of surviving U.S. firebombing of Japan in WWII


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{ 1 comment… leerlo debajo oañadir uno }

Renzo Marzo 2, 2017 a las 12:42

No es eso un crimen de lesa humanidad que no prescribe?

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