Ex-guerrillero griego cuenta que la bomba que puso en Atenas casi mata a Churchill

por Admin el 30 Noviembre, 2014

en Biografías

"Habrás leído acerca de la conspiración para volar el Cuartel General en el Hotel Grande Bretagne. No creo que fuera por mí. Aún así, una tonelada de dinamita fue puesta en las alcantarillas por manos extremadamente hábiles." Así escribió a Winston Churchill en un telegrama a su esposa sobre su encuentro cercano con la muerte en Atenas el día de Navidad de 1944.

Las "Manos habilidosas" pertenecieron a Manolis Glezos, el héroe de la resistencia griega que, 70 años después de la colocación de los explosivos, ha revelado al Observador cómo el líder británico durante estuvo a punto de ser asesinado por la guerrilla comunista hacia el final de la Segunda Guerra Mundial.

"Te diré algo que nunca le he dicho a nadie," dijo el veterano de 92 años de edad, en Bruselas, donde él es el diputado más antiguo del Parlamento Europeo. "Llevé el alambre del fusible, enrollado alrededor de mi cuerpo y tuve que desarrollarlo,", dijo, explicando cómo se pasó horas arrastrándose a través del sistema de alcantarillado para plantar la dinamita en plena noche. "Hubo unos 30 de nosotros involucrados en la operación. Trabajamos a través de los túneles… teníamos personas cubriendo todas las calles, teníamos mucho miedo de ser escuchados. Me arrastré por el agua y los excrementos y puse la dinamita justo debajo del hotel."

Para el momento en que los insurgentes emergieron de la cloaca, mojados y cubiertos de excrementos, había suficiente explosivos en el edificio "para volarlo hasta las nubes".

"Me tomó al menos dos horas poner el material explosivo y dos horas para regresar y cuando salimos era una cuestión de segundos, para que todo volara".

Pero en un giro del destino, el ataque fue abortado cuando los miembros del movimiento de resistencia comunista, EAM, se enteró que Churchill había volado a Grecia y que, inesperadamente, fue a visitar al comando británico en el hotel.

"Recuerdo a los chicos que nos lavaban", rememora Glezos, con sus ojos brillando en el recuerdo de lo que sería su más atrevido escape durante una guerra que estuvo llena de hazañas. "Fui donde el chico con el detonador y esperamos, aguardando por la orden, pero nunca llegó. No pasó nada. No hubo ninguna explosión. Entonces me di cuenta: en el último minuto el EAM se enteró que Churchill estaba en el edificio y dio la orden de suspender el ataque."

El ataque con explosivos, apenas dos meses después de que los alemanes se retiraron de Grecia, se produjo mientras el país estaba precipitándose hacia la guerra civil. Atenas habían sido sacudida por la violencia después de que el ejército británico junto con colaboradores alemanes – en uno de los episodios más polémicos de la Segunda Guerra Mundial – abrieron fuego contra una multitud de civiles desarmados que manifestaban en apoyo de los partisanos en la plaza Syntagma.

Por los asesinatos del 3 de diciembre, se inició una ola de violencia que es conocida en Grecia como la Dekemvriana, y son considerados como los primeros disparos de la Guerra Fría. En Gran Bretaña, eso indignó a la opinión pública.

Con su gobierno también preocupado por la noticia de que el ejército se había vuelto en contra de los hombres y mujeres que durante años habían sido aliados en la lucha contra el Tercer Reich, Churchill hizo el gesto de buena voluntad de volar a Grecia en un intento por negociar la paz. Glezos y sus compañeros participaron en la operación en medio de temores de aumentados de la izquierda de que los Británicos estaban decididos a restaurar al despreciado monarca griego, el rey Georgios II, en el poder.

Después de los hechos sangrientos en Syntagma, Churchill ordenó que las tropas británicas debían apoderarse de la ciudad "como si estuviera bajo ocupación", los aviones de la RAF ametrallaron los barrios populares debajo de la Acrópolis que eran conocidos por ser feudos de la izquierda.

Hasta ahora se había creído que el complot de la bomba fue cancelado sólo cuando la dinamita fue descubierta en las cloacas bajo el hotel un día después de Navidad. Sin embargo, Glezos, hablando por primera vez en profundidad sobre el episodio, refuta esa versión de los hechos.

"Ellos [el EAM] querían volar el comando británico", insistió. "Pero no queríamos ser responsables por el asesinato de uno de los tres grandes. "Queríamos hacer explotar el Grande Bretagne porque era el Cuartel General del Teniente General Ronald Scobie, dijo, del hombre enviado por Churchill para impedir que los comunistas tomaran el poder después de la retirada de los alemanes.

"Era ahí desde donde se dirigía la batalla, por eso queríamos volarlo."

Al final de la Dekemvriana de 33 días, 12.000 combatientes de la EAM y otros izquierdistas habían sido detenidos y enviados a los campos de concentración en el Medio Oriente. Miles más terminaron en campos de trabajos forzados construidos con la ayuda de los británicos en alejadas islas del Mar Egeo.

La obsesión de Churchill de impedir que Grecia se volviera "roja" fue alimentada por su obsesión de detener a los rusos antes de alcanzar el Mediterráneo – lo que fue considerado vital para asegurar las rutas a la India.

Mucho antes del final de la guerra, el Primer Ministro había estado agobiado por la posibilidad de que Rusia se asentara en Europa, dice su médico personal, Lord Moran: "¡Dios mío, no ves que los rusos se están extendiendo por toda Europa como una marea? Invadieron Polonia, y no hay nada que les impida marchar hacia Turquía y Grecia.

Que el ejército británico se asegurara de contar con la ayuda de colaboradores – los miembros de los Batallones de Seguridad que habían servido bajo mando alemán durante la ocupación de Grecia – para mantener a raya al comunismo,  es una historia poco conocida.

The Guardian: Greek resistance hero tells how the Athens bomb he planted nearly killed Churchill


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