Durante la Segunda Guerra Mundial EE.UU. no enjuició a un informante por miedo a la opinión pública

por Admin el 26 Octubre, 2017

en Biografías

El corresponsal de Stanley Johnston fue acusado de revelar que Estados Unidos había quebrado el código japonés, alertando a los militares sobre los planes de guerra de los japoneses antes de la Batalla de Midway. Un editor del Tribune atribuye el origen de la información a la "inteligencia naval."

Stanley Johnston fue un periodista australiano-estadounidense que, como corresponsal durante la Segunda Guerra Mundial, escribió un artículo para el periódico Chicago Tribune que inadvertidamente reveló en qué medida la inteligencia naval habí8a logrado quebrar los códigos secretos de la Marina Imperial de Japón. La historia contribuyó con los esfuerzos del gobierno de Estados Unidos para perseguir a Johnston y otros periodistas del Tribune, un esfuerzo que sigue siendo la única vez en que la Ley de Espionaje fue utilizada en contra de los periodistas en los Estados Unidos. Ninguna acusación fue llevada a efecto, y los procedimientos del Gran Jurado fueron archivados como Secreto de Estado hasta el año 2017.

De acuerdo con la Ley de Espionaje, el gobierno se retractó, porque tenían miedo de lo que pudiera suceder si a causa del juicio se diera a conocer al público que los Estados Unidos conocían el código japonés.

Durante el gobierno de Barack Obama el Departamento de Justicia luchó contra una demanda presentada por el Comité de Reporteros para la Libertad de Prensa. Lo perdió cuando un tribunal de distrito falló en 2015 que su divulgación podría "resultar en una más completa divulgación pública de este evento histórico", y afirmó que el gobierno estaba "abierto, en todos los aspectos, al escrutinio de la gente".

Sin embargo, el gobierno apeló, y no fue sino hasta septiembre de 2016, cuando el tribunal de apelaciones falló en contra de la afirmación del gobierno de que un tribunal federal no tenía jurisdicción para ordenar la liberación de las transcripciones, cuando el esfuerzo para mantener los documentos secretos después de 75 años, tiempo en el que el secreto llegó a su fin.

Durante la Segunda Guerra Mundial, los militares de EE.UU. esperaban que los periodistas acreditados como corresponsales de guerra les presentaran sus historias para la censura antes de la publicación, en lo que el Pentágono ahora se refiere como "revisión preliminar." El periodista Johnston había sido acreditado por la Marina de Guerra a Pearl Harbor.

La censura a través de la "revisión preliminar’

En testimonio ante el Gran Jurado el 18 de agosto de 1942, Johnston, indicó que él sabía que debía presentar su material para los efectos de la censura pues "todo escrito o material fotográfico, ya sea de correspondencia privada, o cualquier asunto a ser publicado, debía ser editado por la Marina o publicado después de mi baja". Las cartas o envíos eran incluso objeto de censura como se le hacía a cualquier otra persona en las fuerzas armadas.

Johnston, quien era australiano, pero recientemente había obtenido la ciudadanía estadounidense, también testificó, "tengo un hijo de veinte años de edad. La última noticia que tuve de mi madre fue que él había sido enviado al frente de guerra por el Ejército Australiano. Es probable que ahora esté peleando en algún lugar."

Si usted piensa que yo haría cualquier cosa que perjudicara a los hombres en la Marina de los Estados Unidos, o a mi hijo, no hay nada que yo pueda hacer al respecto" añadido Johnston. "Si soy culpado aquí en este caso, pues yo sé que no he hecho nada malo —no ha habido ninguna intención, y me dicen que tiene que haber una intención. Y si hay algo que he hecho, y soy acusado por eso, será mi ruina para siempre. Sé que en la corte se sabrá la verdad, pero eso no me ayuda. Mientras tanto, mi hijo va a escuchar lo que todos los demás van a escuchar."

Johnston, por su parte, insistió en su testimonio, que él no estuvo involucrado en la decisión de atribuir la información acerca de los barcos de guerra japoneses a la "inteligencia naval."

Para el Presidente Franklin Delano Roosevelt y la Marina, la fuga de información claramente estaba relacionada con informes "top secret" del comandante de la Flota del Pacífico de Estados Unidos, Almirante Chester W. Nimitz, los cuales fueron enviados el 31 de Mayo y contenía detalles sobre los barcos de guerra japoneses que participaron en la Batalla de Midway.

Al Comandante de la Marina, Morton Seligman, se le preguntó en el gran jurado si vio la comunicación de Nimitz. Él negó tener conocimiento de la transmisión hasta que el Gran Jurado fue capaz de mostrar que aparecían sus iniciales en una copia de la transmisión que su nave recibió. Seligman más tarde admitió que era posible que él escribió una lista de buques en un pedazo de papel que Johnston podría haber encontrado.

"En condiciones normales, yo diría que, si yo, personalmente, dejé descuidadamente por ahí una paráfrasis de un mensaje que contenía información importante, yo habría sido muy descuidado," declaró Seligman. "Sin embargo, si simplemente dejé una lista de buques accidentalmente en mi escritorio, una lista de buques que no significaba nada, cualquiera podía hacer una lista con los nombres de esos buques. Eso no significa nada, a menos que alguien supiera que la lista provino de un mensaje como ese."

Seligman no creyó que habría alguna amenaza de fuga de información porque, aparte de Johnston, no habían otros civiles a bordo. "Los oficiales confiaban unos en otros, no creo que un compañero oficial tomara un mensaje como ese y se lo llevara en secreto, para publicarlo, o cualquier cosa."

El Gran Jurado estaba construyendo un caso en contra de Johnston y, posiblemente, incluso contra el editor en jefe J. Loy Maloney del Tribune, pero cuando el Almirante Ernest King se negó a permitir el testimonio de cualquier oficial de inteligencia naval, de acuerdo a John Prados, lo que todos los miembros del jurado tuvieron fue la acusación de que "alguien había utilizado información secreta." Además, cada vez más, parecía que la Marina podía estar haciendo un mal manejo de información clasificada y no pudo evitar  que Johnston la obtuviera.

El fiscal William D. Mitchell escribió en una nota el 15 de julio acerca de "serias dudas" sobre las "perspectivas de la convicción" como resultado de "defectos" en la Ley de Espionaje.

En opinión de Mitchell, los requisitos de la censura de la Marina no impidió que Johnston le enviara las historias a su editor antes de ser presentadas a la Marina para su revisión. La lista de buques que Johnston alegó que él se encontró, no tienen marcas que indique que la información era "un despacho secreto." Se la dejó por ahí tirada, lo que sugiere que no había "nada secreto en ella."

Maloney con éxito pudo argüir que él no sabía que la información fue obtenida de algún escrito o documento, de modo que él no era culpable de "voluntariamente" ofender al estatuto. Y la editora Tribune Corporation no podía ser procesada si Johnston o Maloney no eran culpables.

Mitchell lamentó el hecho de que no hubiera ningún camino posible para el enjuiciamiento. A él le molesto que Maloney y el Tribune hubieran querido publicar una información clasificada sin que la historia hubiera sido censurada en primer lugar.

"He llegado a esta conclusión con pesar a causa de la clara demostración en los expedientes del caso, que Maloney en el afán de publicar ‘primicias’ e ‘historias calientes’ se saliera con la suya al publicar cualquier tipo de material relacionado con la defensa nacional, lo que es una temeraria indiferencia aparte de cualquier otra consideración", dijo Mitchell.

A los fiscales del Departamento de Justicia no les preocupaba el impacto sobre la libertad de la prensa que pudiera ocurrir como resultado de continuar con los juicios. De hecho, querían enmendar la Ley de Espionaje para permitir futuras acciones judiciales a los periodistas que participen en actos similares.

También, en un anterior memorandum de Mitchel del 14 de julio, él sugiere, que "la ‘atmósfera’ acerca de la censura militar era tan buena como en el presente. La prensa se ha confabulado con la administración en contra de la censura militar con la Comisión Militar ahora existente."

Se requeriría que oficiales navales comparecieran como testigos, "cuando eran necesarios para otras funciones". El jurado "no pudo apreciar el daño de la publicación, a menos que se diera a conocer en el juicio lo avanzado de la información", que se derivaba en gran parte de la interceptación de mensajes japoneses", lo que podría afectar a las fuentes de la inteligencia naval.

Más vergonzosamente, Mitchell escribió, "no es agradable decirlo," pero el juicio iba a mostrar "que Johnston puso sus manos en despachos secretos de Nimitz o en copias completas de los mismos. Si, como parece probable, puede decirse justamente que existió mucho descuido en la nave, también el Tribune era responsable por la publicación, y el jurado puede pensar así."

El asistente del Fiscal General Wendell Berge concluyó el 27 de julio, "yo no creo que este es un caso que el público nunca podría entender. La explicación técnica es necesaria para aclarar la violación, en consecuencia, todo el caso, se centró en las preguntas sobre la libertad de prensa, la censura, etc. Yo creo que no podría tener éxito mostrar nuestra posición de manera suficientemente clara como para lograr algún real beneficio para el público."

Lo que Johnston y Maloney hicieron fue "despreciable", sin embargo, las "razones jurídicas para el enjuiciamiento son demasiado tenues y las posibilidades de los malos entendidos demasiado grandes para emprender el proceso."

El gran jurado se negó a acusar, y en última instancia, evitó que se realizara un juicio que podría causar un gran daño a la libertad de prensa bajo la Primera Enmienda.

Mint Press News: Newly published documents by the National Security Archive reveal why a grand jury refused to prosecute a Chicago Tribune reporter during World War II for a leak.


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