Crisis de los migrantes recuerda el trauma de los alemanes al fin de la Segunda Guerra Mundial

por Admin el 31 Octubre, 2015

en Biografías

Barbara Keller recuerda el día de verano en 1945, cuando su madre de repente le dijo que estaban a punto de huir a Alemania. Su patria dejaría de existir en el caos, después de la Segunda Guerra Mundial.

"Teníamos que salir en una hora," dijo Keller, que entonces tenía siete años y que con su familia vivían en lo que hoy es parte de la República Checa. Los niños podían llevar sólo un juguete, ella agarró su muñeca mientras que su hermano, dos años mayor, tomó su oso de peluche favorito.

"Han pasado setenta años, pero estoy sorprendida de cómo ese recuerdo todavía llena mis ojos de lágrimas," dijo Keller.

Las escenas de hoy de cientos de miles de inmigrantes que llegan en tren a Alemania han devuelto los recuerdos traumáticos de la huida de su propia familia.

"Me veo como una refugiada, con nada, sólo con un bolso," dijo la ex maestra de kindergarten con penetrantes ojos azules.

Nacida en agosto de 1938, Keller creció en Reichenberg, al norte de Praga, las regiones fronterizas de la entonces Checoslovaquia.

Conocida como Sudetenland, el área tenía una minoría alemana étnica de 3 millones, incluyendo a la familia de Keller. Apenas dos meses después de que ella naciera, Adolf Hitler anexó los Sudetes como parte de Alemania.

Pero después de la derrota de los alemanes, la región fue devuelta a Checoslovaquia, que rápidamente comenzó a expulsar a los alemanes étnicos.

Keller fue una de los millones de personas que repentinamente se quedaron sin hogar, como los migrantes que inundan Alemania hoy en día y a quienes la alemana de 77 años de edad no duda que debería prestárseles ayuda.

"Tenemos que ofrecerles protección, darles algo," dijo ella, notando que la demostración de generosidad de muchos alemanes subraya el hecho de que alguna vez ellos también vivieron tales experiencias.

Keller ha donado ropas y otros efectos esenciales, pero siente que involucrarse directamente con los recién llegados es un paso demasiado grande por ahora. "No sé cómo reaccionaría yo. No quiero asustarlos al quebrarme yo misma."

Ella reconoce que sus décadas de integración fueron probablemente mucho más fáciles que para los cientos de miles de sirios, iraquíes o eritreos que huyen de la guerra o la miseria. Ella no se enfrentó a las barreras del idioma ni a diferencias culturales o religiosas.

Pero el trauma de la huida nunca ha desaparecido y aún es raramente discutido dentro de la familia.

Personas sin raíces

A tan tierna edad entonces, Keller no podía entender por qué de repente su vida había dado un vuelco. Su familia pasó las primeras semanas en un campamento antes de que su madre decidiera huir a la vecina Baviera — a varios cientos de kilómetros de distancia.

La ruta fue tortuosa; a veces la recorrieron a pie, otras veces viajaron en carretas de ganado o en trenes.

"Nos dirigimos a la frontera, pero los soldados rusos allí nos devolvieron. "Mi madre tenía todos los documentos y sellos posibles, pero dijeron que no eran válidos, recordó Keller, golpeando ligeramente sus dedos nerviosamente.

Finalmente llegaron a una aldea donde un agricultor les avisó acerca de un pasaje a la frontera.

Después de casi una noche cruzando campos y un bosque, "por la mañana, vi una tienda de campaña y una bandera de Estados Unidos… fue el 14 de octubre de 1945".

Ese día llegó a convertirse en un día de celebración para su familia.

Su destino final era la Real Villa de Regensburg, un punto de encuentro que su tío había fijado en el caso que hubiera problemas después de la guerra.

En aquellos días, como hoy, los refugiados fueron puestos en los gimnasios de las escuelas. Las autoridades buscaban urgentemente todo refugio disponible, cada espacio desocupado era rápidamente agarrado. En una aldea bávara, la frase que circulaba entre los refugiados era "guarden silencio, el alcalde pondrá a los refugiados allí".

La madre de Keller finalmente encontró un trabajo como profesora con alojamientos en la escuela. "Nos sentimos bien por primera vez al tener cuatro paredes nuevas, aunque estuviesen vacías," recordó Keller.

Cuando adulta, finalmente ella fue a vivir a Inglaterra, Francia y Luxemburgo, antes de regresar a Munich en la década de 1970 para que sus hijos "se sintieran alemanes".

Pero como resultado, "ellos se sienten más como europeos" –uno pasó varios años en París, mientras que el otro vive en Chicago.

"Probablemente debido a eso son personas sin raíces.", dijo Keller.

Yahoo: Migrant crisis recalls trauma of Germans’ own post-WWII chaos


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