Prólogo

Nota:
En este site no se discute política, sólo se muestran los hechos, con la imparcialidad que la naturaleza humana y la buena fe permiten. Si usted siente odio o fanatismo por alguno de los participantes en la Segunda Guerra Mundial, o por quienes sufrieron las consecuencias de esa guerra, se equivocó de lugar.

La Segunda Guerra Mundial, ha sido el evento más trascendental para la humanidad en el Siglo 20.  Sus consecuencias, se siguen sintiendo a pesar del tiempo transcurrido, puesto que los cambios que sufrió el mundo entero, tanto en el ámbito político, como en el científico y el social, han marcado profundamente el desarrollo de todos los pueblos.  Sin duda, que el aporte más importante de la guerra fue de tipo científico y tecnológico, pero los efectos políticos también han sido impactantes; por esa razón, lo que sucede en el mundo actual, es el epílogo de la Segunda Guerra Mundial.

Es muy difícilmente posible que se escriba una historia imparcial sobre este período épico, aún en nuestros días, pues todavía surgen polémicas sobre los acontecimientos que llevaron al mundo a la conflagración que, de una manera u otra, involucró a todos los países en los cinco continentes.  En esa época, incluso aquellos gobiernos que se manifestaron neutrales, como Suiza, Portugal o España, por ejemplo, tuvieron una actuación que en ningún modo fue totalmente imparcial.  Hasta los países latinoamericanos participaron de una manera u otra, en algunos casos con una injerencia directa en las acciones bélicas, como fue el caso de Brasil, por ejemplo, y en menor escala al final del conflicto el de México.  Los demás países latinoamericanes aportaron materias primas o simple apoyo político a los países Aliados a instancias de Estados Unidos.  También, antes de que la potencia americana se involucrara directamente en las acciones militares, hubo algún tipo de participación, de los países latinoamericanos, como cuando el Ministro Plenipotenciario del Perú en Tokio, alerta al tercer secretario de la embajada de Estados Unidos, sobre los planes de un ataque japonés a Pearl Harbor.  Por supuesto que no fue escuchado, como no fueron escuchados tantos otros que hicieron advertencias similares.  En ese caso, como en otras circunstancias, había sido tendida una trampa que logró el objetivo: involucrar a los Estados Unidos en la guerra.

Desde antes de comenzar la guerra, en algunos países de Latinoamérica, hubo un sentimiento de manipulado repudio a los nacionales alemanes y japoneses residentes, a pesar que dichos países por entonces no estaban involucrados en la política europea o en la asiática.  Iniciado el conflicto global  en Latunoamérica también hubo casos de solidaridad, con aquellos que se hallaban fuera de sus países envueltos en el conflicto y que sin lugar a dudas eran inocentes y ajenos a la guerra.  Así, se sabe los casos de japoneses ayudados por nacionales que trataban de escapar del traslado a campos de concentración en los Estados Unidos y que sufrieron un trato inhumano e inmerecido.

Hasta hoy perviven las cicatrices en las almas de muchos de ellos o en las de sus descendientes.  Hay personas que, con humor un tanto negro, recuerdan a alemanes que estaban muy arraigados en las tierras latinoamericanas, quienes siempre aclaraban con un dejo inequívoco que delataba sus raíces: "Yo soy alemán de Alemania", porque algunas veces se les tildaba de "alemanes de mierda", como si ellos fueran personalmente culpables de todo lo que ocurrió durante la guerra.

No somos pocos los latinoamericanos que tuvimos algún familiar, cercano o lejano, que sufrió los efectos de la guerra o que combatió, fue herido o murió en alguna olvidada trinchera en Europa, Asia o África.  Tampoco somos pocos, quienes tenemos o tuvimos, algún familiar, que sin ser combatiente admiró, la capacidad política o militar de algunos de los líderes de aquella época.

Mucho se ha hablado, mucho se ha defendido, alabado y criticado sobre los principales actores del conflicto en los campos de batalla.  Mucho se ha discutido sobre la pretendida nobleza de los actos de algunos políticos, que sin duda por lograr lo mejor para su país, actuaron con no mucha lealtad para con sus aliados.  También se ha denigrado a militares que simplemente cumplieron con su deber, actuando en defensa de su patria, y en algunos casos se ha ensalzado a otros que no fueron en realidad, ni tan valientes, ni tan brillantes, como se nos ha hecho creer. 

En fin, son los avatares de las guerras, donde al final de cuentas, se le pone la etiqueta de "los malos" a los perdedores, aunque en realidad haya sucedido, que entre los ganadores, los hubo más malos todavía, pero nos enseñaron a llamarlos, "los buenos".  Lo cierto es, que hubo de todo, buenos y malos, patriotas y traidores, valientes y cobardes, héroes y villanos, porque no podemos olvidar que las guerras las inventaron los seres humanos y para esos efectos, somos de una exquisitez sin igual en la naturaleza.  Pero, sea como fuere, las guerras las inician los políticos, las luchan los militares, las sufren los civiles y las terminan también los políticos, cuando mejor les conviene.  En todos los casos también, pareciera que hubiera sido mejor haber evitado las guerras, pero lo cierto, no podrá saberse nunca.   Pero hay una sola cosa que podemos dar por verdadera y es, que en todas las guerras de gran magnitud, gane quien gane o pierda quien pierda, siempre habrá beneficios para el resto de la humanidad, pero en todos los casos, aún para los ganadores, la victoria tendrá su precio.

Es posible que Inglaterra se sienta orgullosa de haber estado del lado de los ganadores, pero eso le costó el Imperio; Italia, en el lado opuesto, también perdió el suyo.  Es posible que Alemania y Japón se sientan agobiados por un inducido remordimiento, pero el estado actual de esos países, tal vez les haga pensar, que en el balance final, ganaron más, que lo que perdieron.  En otros casos, la guerra enmendó errores con errores, como el caso de Eslovaquia y Croacia, por ejemplo, errores que la historia nuevamente ha corregido aun enorme costo.  Pero, no sabemos si para siempre.

En estas páginas sobre Segunda Guerra Mundial, a los actores civiles y militares se les trata con el respeto que se merece todo ser humano, aquí no tiene cabida el manoseado calificativo de llamar despectivamente nazis a todas las fuerzas alemanas o amarillos a los japoneses.  Ni siquiera usaré el calificativo de dictador, como muchos autores llaman a Hitler o Franco, aunque lo hayan sido, porque en sus respectivos países legalmente Adolfo Hitler fue Führer y Francisco Franco, Jefe de Estado.  Si nos apegamos a la historia, hay otros ejemplos que es bueno recordar, Simón Bolívar fue Dictador del Perú, porque ese fue el título que legalmente recibió.  Creo que por eso nadie debe sentirse ofendido por llamar a Bolívar, Dictador del Perú o a Adolfo Hitler, Führer.  Hay que recordar que todos los líderes mundiales, dentro del espacio y tiempo históricos cumplieron con su deber, aunque en unos casos haya sido un deber equivocado.  Por eso, llamamos a los actores del conflicto por sus nombres, con los máximos títulos y rangos que ostentaron en aquella época.  En todo caso, lo que aquí se presenta, no pretende ser un cuento para párvulos, sino la historia de la Segunda Guerra Mundial, es decir los hechos, que día a día marcaron los hitos de la magna guerra entre 1939 y 1945.

Este es también mi homenaje a los hombres y mujeres que pelearon en todos los frentes o en todas las retaguardias.  A quienes defendieron a sus patrias, a quienes murieron en el mar, en el aire o en tierra, a quienes sobrevivieron y a quienes la historia no los tiene en sus páginas por haber actuado en la clandestinidad o en el anonimato.  A todos ellos mi más profundo respeto, admiración y deseo, de que su sacrificio no haya sido en vano.

Luis E. Suárez






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