Exordio
La Segunda Guerra Mundial (1939-1945)

General Mariscal Grigori Ivánovich Kulik

Grigori Ivánovich Kulik

Grigori Ivánovich Kulik nació el 09 de noviembre de 1890, en Poltava, Ucrania.  Fue hijo de padres campesinos muy humildes.

Kulik comenzó su carrera sirviendo con mínima distinción como suboficial de artillería en el ejército zarista.  Al comenzar la Guerra Civil Rusa, su amistad con Kliment Voroshilov, miembro de la primera generación bolchevique, le llevó a tentar suerte con las fuerzas rojas, lo que le permitió conocer personalmente a Stalin y al comandante de la artillería del Primer Ejército de Caballería, unidad codirigida por Stalin y Voroshilov, en la batalla de Volgogrado en 1918.

La posición de Kulik era casi enteramente política, una recompensa al abrigo de los rojos por su lealtad a Voroshilov; Kulik no tenía experiencia en el emplazamiento de piezas de artillería, ni en el comando de personal y además la total fuerza bolchevique contaba solamente con tres piezas obsoletas de artillería en Volgogrado.  A pesar de no haber tenido ningún peso en el resultado de la batalla, el comportamiento de Kulik de alguna manera impresionó a Stalin, cimentando su futuro político y poniéndose en gran medida por encima de las críticas durante muchas décadas; años más tarde, después de su nombramiento como jefe de artillería (y tras su lamentable actuación en dos diferentes guerras), Nikita Khrushchev cuestionó su competencia, ganándose una airada reprimenda de Stalin: "Tú no conoces a Kulik.  Yo lo conozco desde la guerra civil cuando comandó la artillería en Volgogrado. Él sabe de artillería!"

Tras la guerra civil, Kulik continuó como uno de los generales favoritos de Stalin y por ende fue uno de los más confiables políticamente durante la invasión de 1919 en Polonia, que él dirigió personalmente.  Pero, su lamentable desempeño en esa campaña lo llevó a ser sustituido por el ex suboficial de caballería Semyon Budyonny.  Sin inmutarse Stalin ascendió a Kulik al puesto de Primer Comisario para la Defensa del Pueblo bajo el mando de Voroshilov.

Kulik continuó estrechando lazos con Voroshilov, uno de los dos únicos mariscales de los cinco originales que sobrevivieron a la gran purga, quien lo nombró jefe de la dirección de la artillería en 1935.

Ascendió rápidamente y en 1937 ya era jefe de la Dirección de Artillería del Ejército Rojo y se mantuvo en el cargo de comandante de las fuerzas de la artillería soviética hasta 1941.  Era un stalinista adulador a toda prueba y un militar radicalmente conservador, totalmente opuesto a las reformas propuestas por Mikhail Tukhachevsky y Timoshenko durante la década de 1930.  Por esa razón sobrevivió a la gran purga del Ejército Rojo en 1937-38 ordenada por Stalin y en 1939 fue nombrado Comisario Adjunto de Defensa del Pueblo. Participó en la ocupación soviética de Polonia oriental en septiembre.  También lideró el ataque de la artillería soviética en Finlandia al iniciarse la Guerra de Invierno, pero fracasó estrepitosamente debido a su pobre desempeño como líder.  Pese a ello, Stalin lo galardonó con el título de "Héroe de la Unión Soviética", en reconocimiento a "los excepcionales servicios al país y a su valentía personal".

Siendo el responsable de supervisar el desarrollo y producción de nuevos tanques, cañones antitanques y piezas de artillería, la incompetencia de Kulik en su campo de especialización — junto con su personalidad abusiva, arrogante y su torpe tendencia a condenar los avances tecnológicos como "sabotaje burgués" — fueron un serio obstáculo que entorpeció la capacidad del Ejército Rojo para modernizarse antes de la guerra con Alemania.

El 08 de mayo de 1940, Kulik fue nombrado Mariscal de la Unión Soviética, junto con Semyon Timoshenko y Boris Shaposhnikov.  Esto no fue del agrado de sus compañeros de armas, pues Kulik tenía la reputación de ser un oficial incompetente, que fue tildado de "payaso asesino y matón", sin embargo su fidelidad a Stalin tuvo más poder que cualquier crítica en su contra.  Pese a eso no pudo proteger a su esposa, Kira Simonich Perora, condesa zarista de gran belleza cuyo padre fue jefe de la inteligencia rusa en Finlandia y fue fusilado.   Kira abogó ante Stalin para que liberara a su hermano, oficial de inteligencia y noble del Ejército Imperial, sin lograrlo por supuesto.   En cambio, Stalin ordenó a la NKVD que detuviera a Kira y dos días después del nombramiento de Kulik fue detenida y luego ejecutada con un tiro en la cabeza por Vasili Blokhin.

Kulik se aferró obstinadamente a la visión del Ejército Rojo como si estuviera en 1918 que fue la última vez que tuvo un comando de campo; él desaprobó casi todos los grandes avances en la tecnología o doctrina castrenses más allá de esa época, muchas de los cuales fueron más tarde adoptadas de todos modos y que demostraron tener un valor incalculable para la victoria soviética contra el Eje.  Agriamente denunció la campaña del Mariscal Tukhachevsky para reconstruir las fuerzas mecanizadas del Ejército Rojo en unidades independientes copiando al Panzerkorps de la Wehrmacht; la creación de divisiones separadas permitió usar su mayor maniobrabilidad en las batallas de gran profundidad explotando la veloz penetración en lugar del simple apoyo a la infantería.  Al percibir que Stalin veía las nuevas ideas como posibles amenazas a su poder, Kulik argumentó con éxito su oposición al cambio, sugiriendo en una carta a Stalin que tales actitudes mostraban una malsana simpatía ideológica con la "ideología fascista degenerada" de favorecer la finta y el engaño sobre el agresivo ataque frontal.

Las ideas poco ortodoxas pero correctas de Tujachevsky finalmente le costaron la vida durante la gran purga, sin embargo, en menos de una década el Mariscal Georgi Zhukov utilizó las mismas tácticas con gran resultado en Manchuria contra los japoneses, lo que finalmente convenció a Stalin de su valor y decidió utilizarlas con un resultado excepcional durante la Operación Bagration.

Tampoco le ayudó a Kulik que personalmente minimizara el valor de los tanques y vehículos blindados, argumentando que eran inferiores a los caballos y que "nunca podrían sustituirlos".  Incluso criticó el apoyo de su amigo el Mariscal Voroshilov para la producción del T-34 y del KV-1, los que más tarde probaron ser fundamentales para la supervivencia de la Unión Soviética.

Después de que fue ignorado por Stalin quien de todos modos ordenó fabricar los tanques, Kulik deliberadamente entorpeció la producción de proyectiles y cañones, resultando en una drástica escasez de municiones de 76,2 mm; al comienzo de la guerra, no más del 12% de los tanques T-34 y KV-1 tenían una abastecimiento completo de municiones, con apenas unos pocos abastecidos con munición antitanque, la mayoría con apenas unas pocas municiones y un número sorprendente sólo dependían únicamente de sus ametralladoras coaxiales, no teniendo rondas de 76,2 mm.  Muchos tanques T-34 y KV-1 fueron enviados a la batalla con armamento limitado y luego tuvieron que ser abandonados por su tripulación cuando se quedaban sin municiones.

Fue muy notoria la forma como Kulik se entrometía en el armamento de los tanques T-34 y KV-1 antes y en el período inicial de la guerra contra Alemania.  De por sí opuesto a los tanques, Kulik deliberadamente se opuso a la adopción del cañón F-34, diseñado por P. Muraviev de la oficina de diseño de Vasiliy Grabin en la Fábrica Joseph Stalin Nº 92 en Gorky.  El F-34 había demostrado durante las pruebas ser considerablemente más eficaz y más económico que el cañón L-11 de 76,2 mm de la planta Kirov de Leningrado, pero siendo Kulik el patrocinador político de la fábrica de Leningrado quienes debían aprobar la producción del mejor diseño, temieron ser arrestados por oponerse a la preferencia de Kulik.  Esta miope decisión eventualmente requería una modificación apresurada del cañón en el KV-1 y el T-34 en medio de la invasión alemana, cuando se hizo evidente que el L-11 no podía penetrar con efectividad incluso el blindaje del ligero Panzer III al cual tenían que enfrentarse en grandes cantidades.

La crisis fue mitigada por la desobediencia del diseñador Vasily Grabin quien con el apoyo de enemigos políticos de Kulik, secretamente había ordenado la fabricación de un stock de reserva de cañones F-34, presagiando correctamente que en corto tiempo serían necesarios cuando los otros fracasaran en combate.   Daba por descontado que contaría con el apoyo de Stalin una vez que se demostrara la ineficacia del L-11.  Grabin estuvo en lo correcto; Kulik se puso furioso por la contraorden y trató de denunciar a los diseñadores del F-34 ante Stalin, pero fue silenciado por la avalancha de informes de los comandantes de los tanques soviéticos que le reportaban al propio Stalin la eficacia de la nueva arma.

Kulik también se desprestigió cuando usó campos minados como medida defensiva, considerándola en desacuerdo con la más apropiada estrategia agresiva, llamándola "el arma de los débiles".  Esta desastrosa decisión permitió el libre avance de las fuerzas alemanas a través de las líneas defensivas rusas durante la operación Barbarroja, con puntos fuertemente defensivos, estáticos y que fácilmente podían ser rebasados por las punta de lanza de los Panzer y rodeados por la infantería, obligando a los defensores a rendirse al quedar aislados.  También apoyó celosamente las exhortaciones de Stalin en contra de las retiradas, permitiendo que divisiones enteras fueran cercadas y aniquiladas o que se rindieran en masa por falta de suministros de boca y guerra.  Finalmente, después de la degradación de Kulik, fue solamente la colocación de capas múltiples de minas antitanque lo que permitió tanto la exitosa defensa de Leningrado durante el asedio alemán como la trampa exitosa sobre las más poderosas fuerzas armadas alemanas en la batalla de Kursk.

Kulik también había menospreciado ante sus tropas de choque la eficacia de la subametralladora alemana MP-40 diciendo que era un "burgués juguete fascista", afirmando que promovía la inexactitud y el consumo excesivo de municiones entre la tropa.  Prohibió la entrega de la PPD-40 a sus unidades, afirmando que sólo era conveniente como un "arma sólo para policías".  No fue sino hasta 1941, después de que la demanda generalizada por un arma que se comparara con la MP-40 otra vez echó para atrás las órdenes de Kulik, cuando una simple modificación del proceso de fabricación de la PPD-40 produjo la PPSh-41, que demostró estar entre las más ampliamente fabricadas, baratas y eficaces subametralladoras de la guerra, incluso fue considerada por muchos soldados de infantería alemanes como superiores a la MP-40, cuando todas las compañías de infantería rusa finalmente fueron equipadas con esa arma para el combate casa por casa.

Por último, Kulik se negó a apoyar la producción del innovador sistema de artillería de cohetes Katyusha por la simple razón de que él no confiaba en nada que fuera diferente a la artillería de la Primera Guerra Mundial, la de la época de los cañones tirados por caballos.  Aunque se podría haber producido mucho antes de la guerra, si no se hubiera entrometido, como lo hizo con el resto de las innovaciones que Kulik rechazó, el "órgano de Stalin" al final resultó ser uno de los inventos más efectivos soviéticos de la guerra, si no por sus efectos destructivos, al menos sí por sus efectos psicológicos, en todo caso, fue un gran avance en la tecnología de la artillería.

Cuando Alemania invadió la Unión Soviética en junio de 1941, Kulik asumió el mando del 54º Ejército en el frente de Leningrado.   Ahí fue donde su incompetencia lo puso de relieve al presidir sendas derrotas soviéticas que resultaron en el cercamiento de la ciudad de Leningrado y requiriendo que el General Georgi Zhukov se apresurara al frente para estabilizar las defensas.  En marzo de 1942, enfrentó un Consejo de Guerra y fue degradado al rango de Mayor General.  Su estatus como uno de los incondicionales de Stalin lo salvó del pelotón de fusilamiento que fue el destino irremediable de otros generales soviéticos derrotados.  En abril de 1943 fue nombrado comandante del 4º Ejército de Guardias.  De 1944 a 1945 fue director adjunto del directorio de movilización y comandante del distrito militar del Volga.

Kulik fue un comandante notoriamente abusivo, ineficiente y burócrata, violentamente errático e impredecible en sus actos, siendo considerado incluso por sus colegas como un "payaso asesino", pero que gozaba de la aprobación oficial de Stalin.  Él alardeaba de un extraño lema personal que decía "prisión o condecoración"; aquellos bajo su mando eran rociados con condecoraciones y premios (generalmente no merecidos) si lo favorecían, o simplemente eran arrestados y enviados al Gulag con cargos falsos si no lo hacían.  También les gritaba su lema a sus subordinados durante las reuniones como una forma de motivación si sentía que estaban a punto de flaquear.  Mientras que esto era, en muchos sentidos, el comportamiento típico de los burócratas stalinistas, la mano dura de Kulik influenciaba en las fábricas de armas críticas y en las oficinas de diseño que él controlaba, dando como resultado una seria deficiencia en la producción soviética cuando los comités técnicos y de fabricación eran detenidos en masa a su antojo y reemplazados con amigos personales de su base de poder en Leningrado.

Una de las pocas anécdotas históricas positivas de Kulik fue su defensa exitosa por las vidas de 150.000 soldados polacos prisioneros.  Stalin, preocupado con la invasión alemana, había ordenado que todos los polacos capturados fueran ejecutados sumariamente por ser potenciales quinta-columnas; su decisión fue apoyada por Lev Mekhlis, Comisario del Frente Polaco y Lavrenti Beria, jefe de la NKVD.  Kulik, comandante del Frente Polaco, discutió dos veces fuertemente con Stalin abogando por su liberación, eventualmente obtuvo la concesión de que sólo los oficiales — 26.000 hombres — fueran ejecutados, liberando a más de 150.000 soldados.

A pesar de las protestas de Mekhlis y de Beria, los soldados fueron liberados formalmente.  Los 26.000 oficiales fueron ejecutados en menos de un mes por orden de Stalin (muchos a manos de Vasili Blokhin, el verdugo de la NKVD, que también asesinó a Kira Kulik) en lo que se llamó la Masacre de Katyn, y que después Stalin dijo que fue un crimen cometido por los alemanes.

Después de una pausa inmediatamente después de la guerra, Stalin y su jefe de policía Lavrenty Beria comenzaron una nueva ronda de purgas militares debido a los celos de Stalin y la sospecha de que la reputación pública de los generales pusiera su régimen en peligro.  Kulik fue destituido de todos sus cargos en 1946, después que escuchas ilegales telefónicas hechas por la NKVD lo oyeron quejarse diciendo que los políticos estaban robando el mérito de los generales.  Detenido en 1947, permaneció en prisión hasta el 24 de agosto de 1950, cuando fue condenado a muerte y ejecutado por traición. Fue rehabilitado en 1956 por Nikita Khrushchev y restaurado póstumamente como Mariscal de la Unión Soviética.


Publicado: 12 junio/2014