Exordio
La Segunda Guerra Mundial (1939-1945)

Mariscal (NKVD) Lawrientiy (Laventri) Pavlovicz Beria

Lawrientiy Beria

Lawrientiy Pavlovicz (Laventri) Beria nació el 29 de marzo de 1899 en Merkheuli, distrito de Sukhum, Kutais, Rusia (hoy parte de Georgia y por tanto su lengua materna era el mingreliano).   Fue hijo de Pavel Khulaevich Beria.

En 1915 cuando Beria era un estudiante de ingeniería en Baku, en extrañas circunstancias conoció a Stalin, mientras fugaba de la prisión zarista donde fue sentenciado a muerte por actividades revolucionarias.   En la clandestinidad, se puso en contacto con Stalin quien era líder de estudiantes comunistas georgianos, encomendándole a Beria fomentar la revolución armada entre los trabajadores petroleros de Baku y proveyéndole de armas para lograr los objetivos.   El alzamiento fracasó y Beria tuvo que huir, disfrazado de mujer, para salvar la vida.   Después de ese episodio se afilió a los bolcheviques en 1917.  En 1919, Beria trabajó en el servicio de seguridad de la República Socialista Soviética de Azerbaijan.

Cuando estalló la Revolución Bolchevique, Beria fue líder de un grupo de 500 prisioneros de guerra austriacos que fueron convertidos al comunismo y que aceptaron trabajar como fuerzas de choque bajo su mando.   La fuerza de Beria tuvo éxitos durante el alzamiento y eso llamó la atención de Feliks Dzerzhinsky quien lo reclutó como miembro de la Policía Secreta bolchevique (CHEKA).

En 1920 Beria fue considerado como uno de los mejores agentes de Dzerzhinsky y fue enviado a Praga para mantener vigilados a los exiliados anti bolcheviques.   En 1922, fue nombrado jefe encargado de la oficina de la CHEKA en Georgia predecesora de la OGPU.  En ese tiempo ocurrió una revuelta bolchevique en Georgia y el Ejército Rojo la invadió.  La CHEKA participó activamente en el conflicto y Beria a la cabeza fue responsable de la ejecución de más de 10.000 personas opositoras al régimen de Moscú.   Por su actuación fue nombrado jefe de la división política secreta de la OGPU de Transcaucasia y fue condecorado con la Orden de la Bandera Roja.

En 1929 trabajaba para la nueva KGB y fue enviado a París con una nueva identidad bajo el nombre de "Coronel Yenonlidze" un ex oficial zarista que alegaba que su fortuna había sido robada por los bolcheviques y que estaba ansioso por cobrar revancha.   Con ese truco logró unirse a un grupo de ex oficiales zaristas que fueron enviados a Rusia, de la cual jamás regresaron, pues miembros de la CHEKA los estaban esperando.

Un año después, Beria fue nombrado Jefe de la Oficina del Exterior de la KGB, sección encargada de todas las operaciones de inteligencia en el extranjero. Ese nombramiento significó para Beria un tremendo ascenso en la organización y que fue crucial en sus futuras relaciones con Stalin.   Mientras Stalin se consolidaba en el poder, Beria subía con él y en 1931 fue elegido Secretario General del Partido Comunista de Georgia y al año siguiente para toda la Región Transcaucásica.   En 1934 pasó a ser miembro del Comité Central del Partido Comunista.   Beria comenzó a atacar a miembros del Partido Comunista de Georgia, particularmente a Gaioz Devdariani que fue Ministro de Educación de la República SS de Georgia, a cuyos hermanos George y Shalva ordenó matarlos.   Ambos hermanos de Devdariani ocupaban importantes cargos en la CHEKA y el Partido Comunista.   Luego Devdariani fue acusado de quebrantar el Artículo 58 con actividades contrarrevolucionarias y fue ejecutado en 1938.   Beria tomó el control absoluto del Partido Comunista de Georgia y Transcaucasia eliminando mediante purga a todos los opositores.   Ese mismo año, Beria fue llamado a Moscú por Stalin, nombrándolo Jefe de la KGB y convirtiéndose en su brazo derecho.

En setiembre de 1938, fue nombrado Jefe de la Administración Principal de la Seguridad del Estado (GUGB) perteneciente a la NKVD y en noviembre reemplazó a Yezhov, como jefe de la NKVD.   Yezhov fue ejecutado y Beria realizó una purga poniendo en todos los puestos claves a sus seguidores, muchos de ellos procedentes del Cáucaso.   Eventualmente cesó la represión, liberando a 100.000 esclavos de los campos de trabajo y admitiendo que hubo excesos en las purgas, pero que todo fue culpa de Yezhov.   La liberación no terminó con los arrestos, pues continuaron hasta 1940, cuando en vez de disminuir arreciaron.   Desde 1939 Beria supervisó las purgas en la ocupada Polonia.  Fue él quien dirigió el asesinato de más de 4000 oficiales polacos, que fueron fusilados y enterrados en fosas comunes en Katyn.

Aunque Beria estaba encargado directamente de las operaciones en el exterior, dejó esa labor a subalternos para concentrarse en la consolidación de Stalin en el poder.   Con ese objetivo, Beria demostró un talento espeluznante por la eficiencia y la sistematización en la represión contra los enemigos políticos, con un nivel de crueldad que el propio Dzerzhinsky jamás pudo imaginar.  Mientras Stalin elucubraba las maniobras para deshacerse de sus enemigos políticos, Beria se encargaba de los detalles de la eliminación, fabricando pruebas falsas, recolectando información y ejecutando o desacreditando a los oponentes.   Se dice que cuando las relaciones entre Stalin y Beria alcanzaron el ápice, Beria podía leer la mente de Stalin, anticipándose a los movimientos que su jefe y amigo pensaba hacer.

Mientras Stalin cerraba su puño sobre la Unión Soviética, en un baño de sangre con la purga y la liquidación, Beria desarrolló una maquinaria de represión que hizo que la sola mención de su nombre fuera suficiente amenaza e intimidación para los ciudadanos rusos.   Entre sus innovaciones se encontraban el "sistema de la transportadora" que era un proceso de varias etapas que incluían apaleamientos, sesiones de interrogatorios las 24 horas y rondas de torturas que terminaban con el procesado dispuesto a confesar lo que fuera que le pedían.   La personalidad sádica de Beria lo llevaba a participar personalmente en las sesiones utilizando instrumentos de tortura que guardaba en las gavetas de su escritorio y que utilizaba contra hombres y mujeres opositores políticos que se oponían a Stalin y que eran arrestados, terminando muchas veces muertos en el proceso.   Obligaba a su personal más alto a participar en las torturas, para que nunca pudieran decir que no sabían nada de los abusos que se cometían.

Para algunos casos especiales, Beria creó un "laboratorio de sinceración" en el que médicos y científicos desarrollaban nuevas técnicas de tortura que se empleaban junto con nuevas drogas para alterar las mentes de los presos.   Para esas víctimas que debían desaparecer sin dejar rastro, Beria desarrolló una especial "Casa de muerte" en un departamento de Moscú, donde las víctimas eran atraídas por expertos en venenos y enviados a su retiro "fortuito" por medio de un bastón cuya punta había sido sumergida en una toxina mortal.  Para los desertores que habían huido al extranjero, Beria fundó un organización escalofriante llamada SMERSH cuyos equipos de asesinos era enviados a cualquier parte del mundo para aniquilar a los opositores de Stalin o que podrían constituirse en una amenaza para el régimen.   Durante la Segunda Guerra Mundial, SMERSH fue expandida hasta formar un pequeño ejército para matar a desertores, colaboradores de los alemanes y para eliminar a todos los prisioneros de guerra que habían traicionado a la "Madre Patria" dejándose capturar.

Beria compartía con Stalin el antisemitismo extremo y llevó a cabo las purgas en la KGB eliminando a todos los judíos y a los opositores de la "vieja guardia" de la extinguida CHEKA.   Simultáneamente, su maquinaria represiva creció en lo más profundo de la Unión Soviética, donde millones de rusos fueron desaparecidos en campos de trabajo.   Beria inventó muchos sistemas de aniquilación, como el de la cámara fotográfica automática, que primero tomaba una foto y luego le disparaba un tiro en la cabeza del prisionero.

Durante la guerra, Beria apretó los tornillos de su máquina de represión.   En febrero de 1941 fue nombrado Presidente del Consejo de Comisarios del Pueblo y en junio miembro del Comité de Defensa del Estado.   Utilizó durante la guerra millones de personas prisioneras en campos de trabajo forzado empleadas en la producción de armamento.   Tomó el control total de la producción de armas y con Georgi Malenkov el de aviones y motores de aviación.

El alcance de su poder se extendió hasta la lectura meticulosa de la correspondencia de los soldados para encontrar el menor atisbo de oposición o crítica a la conducción de la guerra, lo que le significaba 10 años de prisión en campos de trabajo forzado en Siberia.   Un caso bien conocido fue el del oficial de artillería Alexander Solzhenitsyn quien por hacer un comentario crítico a la conducción de la guerra, en carta escrita a su madre, fue recluido en Siberia.   Él usó su experiencia para más tarde escribir el libro Archipiélago Gulag donde relata las inhumanas condiciones de vida de 50 millones de personas que fueron encarceladas en la URSS y de las cuales, cuando menos, 25 millones murieron por causa de las torturas a las que fueron sometidas.

En 1944 cuando los alemanes fueron retirándose de la URSS, Beria comenzó la búsqueda sistemática de todos los colaboradores que ayudaron a los alemanes durante la ocupación en Chechenia, Ingush, Crimea y el Volga.   Todos fueron deportados al Asia Soviética Central moviendo ingentes masas de población a través de la Unión Soviética.

En 1945, Stalin aumentó el poder de Beria nombrándolo Ministro de Asuntos Internos y Jefe de la Inteligencia Soviética.   Entre las tareas más importantes recibidas, Beria tenía que hacerse cargo del programa de desarrollo de la bomba atómica y del programa de construcción de cohetes estratégicos.   Para tal efecto movilizó un millón de trabajadores esclavos, todo el plantel de científicos soviéticos y su servicio de inteligencia y espionaje, para completar esos proyectos en un plazo de cuatro años; plazo era la cuarta parte del tiempo estimado por las potencias occidentales para lograr las mismas metas.   El objetivo del espionaje soviético era robar los secretos nucleares de las potencias occidentales.   Para el desarrollo de los cohetes estratégicos ordenó secuestrar a los científicos alemanes que laboraron en el desarrollo de la bomba voladora V-1 y del cohete balístico V-2.   Les ofreció a los científicos salarios desproporcionadamente altos para construir una versión soviética del V-2.   No tenían otra alternativa, pues los alemanes vieron la enorme cantidad de esclavos que comenzaron a trabajar 24 horas contínuas en las plantas especialmente construidas y sabían que terminarían así, de no acceder por las buenas a las exigencias de Beria.   Como prueba de la falta de sentimientos de Beria, los científicos presenciaron un día, cuando explotó un cohete matando 100 trabajadores esclavos, que Beria dijo fríamente "limpien el lugar y regresen al trabajo."   En 1949 Beria logró tener lista la primera bomba atómica soviética, la cual fue probada exitosamente.

Cuando en julio de 1945 la policía soviética fue finalmente uniformada y convertida al rango militar, Stalin nombró a Beria, Mariscal de la Unión Soviética, aunque nunca tuvo bajo su mando a unidades militares.

El éxito alcanzado por Beria en la conclusión de esas dos tareas, hizo que Stalin se mostrara más agradecido todavía y su poder se incremento siendo el segundo hombre más poderoso de la URSS, después de Stalin naturalmente.   Su poder fue tan grande que el propio Stalin no prestaba atención a los odiosos aspectos de la vida privada de su hombre de confianza.   Uno de los vicios de Beria era secuestrar a niñas a las que violaba y después generalmente mataba.   Cuando se dirigía al trabajo, si veía a una jovencita en la calle, hacía que el chofer se detuviera mientras sus guardaespaldas la capturaban y la metían a la limusina donde era violada y muerta por el sanguinario Beria.

Beria adquirió tal nivel de poder que pronto se encontró haciendo planes para una era pos-Stalin, considerando la avanzada edad del líder soviético.   Sabiendo que el dictador se encontraba enfermo, asumió que él era el elegido para reemplazarlo, hecho que no fue del agrado de la cúpula militar soviética.   Los militares no sólo sentían repulsión por Beria sino que también le temían por las experiencia pasadas durante la guerra, cuando eliminó a millones de personas sin ningún escrúpulo, muchos de ellos compañeros de armas de los altos oficiales para entonces en la cúpula del poder militar.   Sin embargo, Beria pareció no percatarse de la posible reacción de los militares.

En 1953, cuando Stalin murió, Beria se declaró el nuevo Jefe de Estado, pero Georgi Malenkov, miembro del Politburó y enemigo irreconciliable de Beria, se había estado ocupando en alinear con su causa a muchos altos militares.   Una mañana de junio de 1953, cuando Beria llegó al Politburó para tratar sobre la sucesión de Stalin, se sorprendió al ser recibido por una delegación de altos oficiales superiores quienes le informaron que sería enjuiciado inmediatamente por crímenes contra el Estado y el pueblo.   Arrestado, fue llevado a un lugar desconocido en las afueras de Moscú donde sorprendido no tuvo tiempo de reaccionar y en pocos minutos se estaba declarando culpable; inmediatamente, un oficial desenfundó su pistola y le disparó en la cabeza.   Junto con Beria cayeron sus más cercanos colaboradores Merkulov, Bogdan Kobulov, Sergey Golgidze, Vladimir Dekanozov, Pavel Meshik y Lev Vlodzimirskiy

La fecha oficial de la muerte de Beria es el 23 de diciembre de 1953.


LIBRO


Publicado: 16 enero/2009 - Actualizado: 15 abril/2013