Exordio
La Segunda Guerra Mundial (1939-1945)

Nueva Zelanda

Bandera de Nueva Zelanda

 

Mapa de Australia

Gobierno

Primer Ministro

Michael Joseph Savage

Michael Joseph Savage 1935-1940

Peter Fraser

Peter Fraser 1940-1949

Costo de la guerra

Hombres en Armas:
más de 150.000
Royal New Zealand Air Force (RNZAF): 12.000
Royal New Zealand Navy (RNZN): 7.000
Royal Air Force (RAF):  10.950


11.625 muertos.

Estadísticas  Ver


Breve reseña histórica de la época

Nueva Zelanda fue descubierta por el británico capitán Cook quien recomendó las islas como ideales para un asentamiento europeo, en especial la Bahía de las Islas en el norte.  El gobierno británico no hizo mucho caso en esos momentos a las recomendaciones del explorador y cartógrafo.  A partir de 1790 se establecen las primeras colonias europeas dedicadas a la explotación de las ballenas y en 1810 los europeos comienzan a asentarse en la Bahía de las Islas en un lugar que se conoció como Kororareka y que hoy es Russell.  Desde 1839 hasta 1841, el territorio fue administrado como colonia de Nueva Gales del Sur.  Los indígenas maoríes que hasta entonces habían mostrado un estado de belicosidad contra los europeos, temiendo ser colonizados por los franceses, cedieron la soberanía de Nueva Zelanda a los británicos, a cambio de protección y garantías sobre sus tierras.  Sin embargo, durante los siguientes 20 años, hubo disputas de tierras y derechos de comercio entre maoríes y británicos.  En 1860 tropas regulares británicas subyugaron a los maoríes estableciendo y consolidando la supremacía británica.  Este fue el último período en que estuvieron presentes en Nueva Zelanda tropas británicas regulares, pues a fines de la década las tropas abandonaron el país.

A mediados del siglo 19, se descubrió oro, lo que produjo el asentamiento de nuevas colonias de europeos en la Isla del Sur.  En busca de industrializarse, en la década de 1880 se construyeron barcos refrigerados que le permitieron a Nueva Zelanda exportar sus productos agropecuarios al Reino Unido.

En 1907 Nueva Zelanda obtuvo el reconocimiento de Dominio del Imperio Británico, seguido de la declaración de autonomía en 1931, mediante el Estatuto de Westminster que, sin embargo, fue formalmente aceptado sólo después de la Segunda Guerra Mundial, en 1947.

Al comenzar el siglo 20, los neozelandeses recibían instrucción militar desde la edad de 12 años.  En 1911 formaron una milicia de 25 mil hombres, la mayoría voluntarios que durante la Primera Guerra Mundial formaron la Fuerza Expedicionaria Neozelandesa.  La guerra le produjo a Nueva Zelanda un gran beneficio, debido a las exportaciones, pero el costo en vidas fue muy grande.  Sirvieron más de 124 mil efectivos y de ellos unos 100 mil en Europa.  Las bajas fueron de más de 57 mil, de las cuales 17 mil fueron por muerte y el resto prisioneros, heridos o desaparecidos.

Luego al comenzar la Segunda Guerra Mundial, en 1939, siguiendo a la declaración de guerra fueron enviadas dos divisiones al Oriente Medio para entrenamiento y luego una de ellas fue trasladada a Egipto.  Esas tropas sirvieron en el Norte de África y posteriormente en Grecia, Creta, e Italia.  Fue a partir de 1941 que la amenaza japonesa hizo que las fuerzas neozelandesas combatieran activamente en el Pacífico, en especial con participación importante en la Batalla del Mar de Coral y en las Islas Salomón.

Luego del ataque a Pearl Harbor y con la ofensiva naval de EEUU en el Pacífico, Nueva Zelanda se convirtió en un centro de concentración de tropas estadounidenses, la mayoría de ellas en descanso después de operar en las islas del Pacífico.

En 1940, Nueva Zelanda, era un país aislado en medio del Pacífico que contaba apenas con 1.6 millones de habitantes.  Sus fuerzas navales eran muy débiles para poder enfrentar al poderío japonés y dada la precaria situación militar neozelandesa, el Primer Ministro Peter Fraser, le solicitó ayuda a Churchill, haciéndole ver que durante la guerra Nueva Zelanda podía ser una base militar de importancia.  Para su defensa, había la factibilidad de repatriar las tropas que se encontraban en el Oriente Medio, pero Churchill decidió que esas tropas se mantuvieran en sus posiciones, a cambio del traslado de tropas estadounidenses, cosa que le solicitó al Presidente Roosevelt y que fue aceptada por éste.

Las posibilidades de una invasión hacían temer lo peor a los neozelandeses que vislumbraban el desembarco de tropas japonesas en Auckland.  Cumpliendo el acuerdo entre Churchill y Roosevelt, llegaron a las islas, el 12 de junio de 1942, cinco transportes de tropas estadounidenses que fondearon en Auckland.   Dos días después, la Infantería de Marina estadounidense desembarcó en Wellington.  Para los neozelandeses, las tropas estadounidenses reforzaban las defensas en contra de la amenaza de invasión japonesa, mientras que para los estadounidenses, Nueva Zelanda era una fuente de suministros y punto de reunión de los hombres para ser desplegados en las operaciones en el Pacífico.

La llegada de las tropas estadounidense causó serios problemas, en especial entre la población masculina, que vio la llegada de miles de rivales que obviamente lo primero que buscaban era la compañía femenina.   La situación llegó a oídas de las tropas neozelandesas en Oriente Medio y Europa quienes vieron afectada su moral al considerar que los estadounidenses se estaban llevando a sus mujeres, mientras ellos permanecían en trincheras fuera de su país.  Entre la población civil, no fueron pocos los casos de riñas con acusaciones de infidelidad y hasta el de crímenes de esposos celosos que golpearon a sus mujeres causándoles la muerte en un arrebato de celos.

También hubo muchas escaramuzas entre neozelandeses y efectivos estadounidenses en las calles, siendo la más famosa la Batalla de la Calle Manners el 3 de abril de 1943.  Debido a la censura de prensa, el hecho fue exagerado por los rumores, pues en realidad no hubo ni muertos ni heridos, pero sí muchas peleas entre soldados de una y otra nacionalidad.  En la capital y en varias ciudades hubo hechos similares incluyendo el caso de dos hombres que arengaron a los transeúntes pidiéndoles "unirse y pelear contra los yanquis."

Las bebidas alcohólicas eran de primordial importancia.  En Auckland los soldados se dirigían presurosamente al New Criterion Hotel, en Wellington a los bares Midland o al St. George.  Las bebidas alcohólicas no podían expenderse para ser sacadas de los locales, pues existían severas sanciones para los vendedores y los compradores, si embargo el mercado negro se las arreglaba muy bien para proveer bebidas camufladas como inocentes aguas gaseosas a los soldados estadounidenses.

Cuando llegaba la hora de buscar compañía femenina, las cosas no eran difíciles.  Apenas se establecía un campamento militar, inmediatamente aparecían burdeles en las cercanías.  Como muchos deseaban una diversión sana, también se construían salones de baile donde los soldados podían alternar con muchachas de la localidad.  Muchas veces se organizaban también bailes en los propios campamentos o en los clubes de servicio.  En esos lugares no se servía licor, sólo había la compañía de chicas decentes quienes departían y bailaban con los soldados estadounidenses.

Para los que buscaban una diversión más excitante, había clubes nocturnos y cabarets.  El más famoso, en Wellington, fue el Cabaret Majestic, en Auckland, el más popular era el club nocturno con nombre en castellano: El Rey, perteneciente a la cadena californiana.  Las mujeres en estos locales usaban vestidos largos y estaban dispuestas a más que unos simples pasos de baile.

Los burdeles en Wellington estaban en Te Aro, cerca a la avenida Taranaki.  El más famoso se encontraba en la calle Willis, y otros al doblar la esquina en la calle Abel Smith.  La casa de la calle Willis No. 318, era de dos pisos, pintada de rojo oscuro y contaba con un piquete de policía militar alrededor de la casa, para su protección.  Oscuros pasadizos con cuartos a ambos lados servían de vivienda y lugar de trabajo para las prostitutas.

El desembarco de las tropas estadounidenses era precedido por la distribución de condones.  Los soldados iban en hordas a visitar los burdeles de Wellington, así bien protegidos, pero en caso de que surgiera un caso de emergencia, podían dirigirse a las conocidas "estaciones de la luz azul", casas llamadas así por tener una luz azul en la entrada y era donde los soldados podían recibir un rápido tratamiento antivenéreo.   Sin embargo, si en el cuartel se descubría que un efectivo había sido tratado en una "estación de luz azul", inmediatamente era confinado en su barraca como castigo y se le suministraba el tratamiento antivenéreo de reglamento.  El soldado era interrogado para que diera el nombre de la mujer con la que había tenido relaciones, pero como en general nada sabían de ellas, simplemente daban una descripción del lugar y de la chica, para que ella recibiera el tratamiento del caso, por parte de las autoridades de salud neozelandesas.

Pero todo no fue oscuro y libidinoso.  En los salones de baile se conocieron muchas parejas que luego contrajeron matrimonio y en muchos casos viajaron a los Estados Unidos, o en su defecto, se quedaron a vivir en Nueva Zelanda.  En muchos otros casos sólo se trabaron lazos de honesta y duradera amistad.


Publicado: 21 octubre/2003